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Federico Vite

Harlem conyugal

Jazz, novela de Toni Morrison (Ediciones B, 1995), utiliza la mórbida historia de un matrimonio aciago para mostrar la urbanización de la comunidad afroamericana en el Harlem. El inicio del libro es un hecho espeluznante. Joe, vendedor de productos de belleza, asesina a su amante de 18 años, Dorca. En pleno funeral de la jovencita, Violet, esposa de Joe, irrumpe con cuchillo en mano y apuñala el rostro de la muchacha que reposa en el ataúd.

Desde la primera página, el lector se pregunta, ¿por qué tanta violencia? Las 357 páginas restantes de este documento describen los motivos que llevaron a los personas a cometer esta serie de catastróficas desdichas. Para incrementar el daño, Violet coloca la foto de Dorca en la umbría sala de la casa para que tanto ella como Joe observen a la mujer que destruyeron. Joe no fue acusado de homicidio para que la culpa lo devorara; Violet no puede vivir tranquila, está obsesionada con la historia de esa muchacha e inicia pesquisas con sus clientes (se dedica a enchinar el pelo de las mujeres lacias) para entender por qué esa ninfa se involucró con su hombre.

El lector no sólo se adentra en la intimidad melancólica del matrimonio, también ve las condiciones sociales en las que viven los habitantes del Harlem y la transición de valores estéticos musicales del momento.

El contexto histórico es el amanecer de la segunda década del siglo XX. Uno de los personajes que representa la vieja guardia es Alice (cliente de Violet), quien no logra entender por qué los jóvenes han dejado de apreciar el blues y comienzan a sentirse atraídos por el jazz. “El sonido del diablo y de todo lo que la religión prohíbe”, refiere.

La contraparte de los valores rurales, pulverizados por la modernidad, son encarnados por Felice, amiga de Dorca, quien lleva bajo el brazo un disco de Okeh (novedoso sello discográfico independiente que se caracterizaba por publicar música de afroamericanos), la panacea que alivia cualquier problema de parejas porque es la música que habla de las pasiones del cuerpo. Y promete llevarles, tanto a Joe como a Dorca, más grabaciones de jazz si compran un tocadiscos, símbolo absoluto de la urbanización.

En cuanto a las técnicas narrativas, Morrison apuesta por un ejercicio literario que simula la improvisación musical del jazz. Las voces que cuentan se fusionan a manera de síncopas. Los personajes toman el micrófono para hablar de Violet, Dorca y Joe. Bordan la trama desde la oralidad.

Las primeras 100 páginas van fondeadas de blues; en la segunda y tercera parte de este documento el jazz poco a poco comienza a cobrar presencia importante en la estructura de la novela, se notan los cambios abruptos de narrador, los matices verbales de quien cuenta. Se anuda pues la sinfonía coral que Morrison orquesta. Aunque el recurso literario más importante de esta novela es el monólogo, esa vieja esencia del teatro que adquiere dimensiones monumentales porque los giros lingüísticos de cada personaje matizan todo el cuerpo del relato.

Indudablemente Jazz es un aporte a la eufonía de la prosa. Destaco ampliamente la traducción de Jordi Gubern, pues tras cotejar el original (publicado en 1992) valoro bastante el conocimiento que tiene Gubern del caló utilizado en el Harlem de los 20 del siglo pasado.

Jazz forma parte de una trilogía que (Morrison considera de vital importancia para entender la historia de las familias afroamericanas en Estados Unidos) inicia con Beloved y culmina con Paradise.

En palabras de Morrison, la propuesta narrativa de su obra, ganadora del premio Nobel en 1993, es la siguiente: “En todos mis libros intento quitar las tiritas para que se vea la cicatriz, la realidad. No hay que tener miedo de mirar al pasado porque sólo así se sabe quiénes somos. Siempre he buscado producir un impacto poderoso en el lector con lo que escribo. Y con la brevedad como norma hay que ser muy cuidadoso en las descripciones para preservar lo que se desea transmitir. No quiero que la gente se distraiga ni un instante. Busco que el lector se entregue y quiera pasar las páginas rápidamente. El arranque de una novela es lo más importante para mí, al igual que el final. Me interesa una literatura con imágenes, con un lenguaje y unas palabras intensas donde cada una de ellas tenga su fuerza y su lugar preciso”.

El final de la novela es conmovedor. Los protagonistas se redimen pacíficamente, aceptan su culpa. Y con el cauce natural de su existencia estropeada descubren las posibilidades de aliviar su duelo, su esquizofrenia matrimonial. Jazz nos recuerda que la modernidad, aparte de ciertas comodidades, también trajo consigo la penuria de la soledad concurrida y la enajenación como válvula de escape.

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