El libro tradicional y el electrónico terminarán por coexistir, afirma editor
Carlos Rubio-Rosell / Agencia Reforma
Madrid
Plantear una dicotomía de oposiciones entre el libro de papel y el electrónico es algo impensable, como tampoco puede hablarse de una mutación generalizada o del tránsito de un medio a otro, sino de una coexistencia, asegura el editor Jacobo Siruela.
“El libro de papel es como un arquetipo platónico, es decir, imperecedero”, afirma. “Es ingenuo, o bien, perverso, pues no existe tal dicotomía: no son opuestos sino complementarios y pueden perfectamente coexistir”.
En entrevista, el director de Ediciones Atalanta, quien se asume como un defensor del libro impreso, explora las posibilidades actuales y futuras del libro en papel en medio de la actual crisis económica y la era electrónica.
El Conde de Siruela, fundador con apenas 26 años del sello que lleva su blasón aristocrático y que vendió en el año 2000, creó en 2005 Atalanta, una editorial que apuesta por el libro tradicional.
Para Siruela, no existe una transición posible del mundo del libro hacia lo digital, ya que, a su juicio, es sólo una idea que se ha hecho creer.
Incluso, asegura que pudiendo parecer algo fuera de lugar, el ebook es un artilugio meramente funcional y, por tanto, efímero.
“Esto no es como el paso del barco de vela al barco de motor, una especie de mutación generalizada”, explica. “Si observamos lo que ha pasado hasta ahora, la radio no acabó con el periódico, ni la televisión con la radio, ni la tecnología electrónica lo hará con el libro. El mercado siempre tiende al pluralismo, porque lo humano tiende a lo diverso. Los únicos que insisten en presentar un futuro uniforme de grandes mutaciones tecnológicas son los ejecutivos de las multinacionales. Y es que Apple y Amazon quieren acaparar todo el mercado del libro a costa de arruinar a cientos de librerías”.
Para Siruela, eso sería una catástrofe cultural.
“La sociedad civil debe ofrecer una resistencia a esta oleada monopolista. Y los Estados regular en favor de la diversidad y la riqueza cultural. Deben defender el precio fijo y ayudar, como han hecho en Francia, a aquellas librerías de calidad que dan un servicio a la cultura de la nación”.
– ¿Cuál es la importancia del oficio de editar en una era de información indiscriminada?
– Cuando salió el libro electrónico, recuerdo que algunos autores veían con buenos ojos que el libro electrónico lo podía hacer cualquiera, y podía venderse de una forma fácil. Esto significaría, además de saltarse a los distribuidores y libreros, acabar con la molesta figura del editor.
“Pero, salvo casos muy contados, casi ningún autor podría vivir de la venta de sus libros electrónicos, porque al abaratar el coste, también tienes que vender muchos más ejemplares y los números no salen. Del actual sistema con todas sus imperfecciones puede vivir mucha gente; del monopolio, no”.
– Ha dicho que su apuesta en Atalanta es fundamentalmente porque cree en el futuro del libro tradicional impreso, ¿cuál ha sido su estrategia?
– Creo que el libro del siglo 21 estará cada vez más acorde con la filosofía de Atalanta. Será un objeto cada vez más cuidado, más estético y artesanal. Y si no, miren las últimas colecciones de Penguin, la multinacional que inventó los libros de bolsillo: tienen un diseño cuidadísimo y ¡guardas a cuatro colores! Los libros de bolsillo tradicionales desaparecerán, pero las ediciones bellas y hermosas son los libros del futuro. El libro electrónico es como una minipimmer (una batidora): hay que usarlo, pero nada más. Convertir lo funcional en un rito o un tótem es confundir los medios con los fines y entregarse a este mundo de simulacros cada vez más vanos.
“Quien ama la cultura no pude dejar de defender el libro de papel y al librero de carne y hueso. Atalanta quiere seguir contribuyendo a que sigan existiendo librerías y libros reales para vivir con ellos. Las máquinas nos alejan de la vida y acaban por poseernos, si no marcamos claramente las reglas del juego. Es curioso lo que leí hace poco en un periódico francés. Los más altos ejecutivos de Silicon Valley mandan a sus hijos a colegios en donde no hay ordenadores. Ya los tienen en casa y los niños ya pasan horas con ellos”.
“Las pantallas están empezando a alterar nuestra percepción y se empieza a pensar que no son buenas para el desarrollo de la cognición infantil. Y los ejecutivos de Silicon Valley no son nada tontos: ya intuyen el mundo que se avecina”.
– ¿Hay algún tipo de política cultural que usted recomendaría a los responsables gubernamentales de los Estados (pensemos en España y México) para favorecer tanto la edición de libros impresos como la lectura y su consumo?
– Creo que el precio fijo en los libros ayuda notablemente a las librerías. En Estados Unidos se están cerrando todas porque la gente puede comprar y recibir en su casa el libro, incluso más barato vía Amazon.
Incluso, los que acuden a ellas sólo van para informarse. En Francia, el gobierno ha promovido que unos expertos dictaminen a qué librerías de calidad o que necesiten un tipo de apoyo para mejorar su negocio hay que ayudar. Tanto la sociedad civil como los gobiernos deben tomar conciencia que la transformación del mundo que pretenden las multinacionales puede ser letal para la cultura. La cultura debe ser plural y estar en las calles. Debe participar de la vida, para que todos nuestros deseos no se circunscriban a una enfermiza experiencia solipsista con una máquina.
– Por último, ¿cómo ve a México como consumidor de libros y cómo ve el contexto del mercado del libro que se edita en español en todo el mundo?
– México es el primer país para la exportación de libros en español, seguido no de cerca de Colombia. Argentina está fatal, gracias a su errática política gubernamental en contra del libre comercio. El mexicano es lector y me da la impresión de que se necesitarían librerías gubernamentales en otros lugares del país. Todo está demasiado concentrado en DF. Sin duda es un país con un enorme potencial económico y humano.




