Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Octavio Klimek Alcaraz

Día del Ambiente 2013

 

Como cada año, el pasado miércoles 5 de junio se conmemoró el Día Mundial del Medio Ambiente. Este es el acto ambiental más importante de la Organización de las Naciones Unidas, por el conducto del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Con la conmemoración se nos señala la importancia crítica de proteger el medio ambiente del planeta.

El lema elegido por las Naciones Unidas para el Día Mundial del Medio Ambiente 2013 es: “Piensa. Aliméntate. Ahorra: reduce tu huella alimentaria”. El objetivo es animar a reducir la huella alimentaria de las personas y que nos demos cuenta del impacto ambiental de nuestras decisiones.

Actualmente el planeta trata de ofrecer los recursos necesarios para sus 7 billones de habitantes (9 billones en 2050). Sin embargo, la creciente población mundial y de México consume recursos naturales de manera irracional, la consecuencia es que el planeta y el país se han visto seriamente afectados por el agotamiento y degradación de los recursos naturales. Ello se debe a que la población produce y consume más recursos que nunca. De hecho se consume mucho más de lo que requiere y de ahí que se origine una enorme cantidad de desechos. En especial se ha afectado a la población pobre del planeta al desaparecer gran parte de los recursos y sistemas vitales para su subsistencia en la pesca, la ganadería o la agricultura.

Se estima, conforme a la información del PNUMA, que la producción global de alimentos ocupa un 25 por ciento de la superficie habitable, un 70 por ciento de consumo de agua, y origina un 80 por ciento de la deforestación (www.unep.org/spanish/wed/theme/). Es, por tanto, uno de las actividades que más afectan a la pérdida de biodiversidad y a los cambios en el uso del suelo. Todos esos recursos naturales usados durante el proceso de la producción de alimentos habrán sido inútiles si los alimentos se desechan.

Recuérdese que la palabra “consumir” significa en sus orígenes “destruir –por fuego o enfermedad–, dilapidar, agotar”. Esto significa en principio, que una sociedad de consumo es una sociedad de destructores y dilapidadores.

El modo en que se emplean las energías y todo tipo de recursos naturales y la forma en que se han transformado los ecosistemas naturales nos ha llevado a un camino errado, en donde se requiere encontrar el equilibrio entre lo que se produce y lo que se desecha.

Los datos que presenta el PNUMA como parte de la conmemoración revelan la importancia de este objetivo en el mundo (http://www.unep.org/spanish/wed/quickfacts/). Citaremos algunos de estos datos:

–Cada año se pierde o se desecha aproximadamente un tercio de la comida producida en todo el mundo para consumo humano, unos 1.3 billones de toneladas.

–Los consumidores de los países ricos malgastan prácticamente la misma cantidad de comida (222 millones de toneladas) que la producción neta de alimentos del África subsahariana (230 millones de toneladas).

–Los desechos y comida que se pierden cada año equivalen a más de la mitad del cultivo de cereales mundial. (2.3 billones de toneladas en 2009-2010).

–La pérdida y desperdicio de alimentos suponen además un importante gasto de agua, tierra, trabajo y capital que inevitablemente favorece el efecto invernadero y por tanto, el calentamiento global y el cambio climático.

–En países en vías de desarrollo, la mayor parte de los desechos y pérdidas se producen en la primera fase de la producción, estos podrían ser controlados con técnicas de gestión y financieras que mejoren el almacenamiento y conservación de los alimentos. Reforzar ese proceso a través de la ayuda a granjeros, inversiones en infraestructuras y transporte ayudaría a reducir los alimentos que se pierden y se desechan.

–En países con nivel de ingresos medio o alto, la mayor parte de los desechos tienen lugar en la fase final del proceso productivo. Los consumidores juegan un papel importante en estos países a la hora de generar desperdicios. Además, un estudio mostró la falta de coordinación entre los distintos actores de la producción de alimentos. Acuerdos entre granjeros y productores podrían ayudar a mejorar esa situación. Por otra parte, una mayor conciencia en la industria, el comercio y los consumidores y el aprovechamiento de esa comida que más tarde es desperdiciada, ayudarían a reducir las pérdidas y desechos alimenticios.

–Cada año se producen desembarques de entre 100 y 130 toneladas de pescado, de los cuales 30 millones de toneladas son descartados.

–En Estados Unidos se desechan cada año un 30 por ciento de todos los alimentos producidos, lo que supone un valor de 48.3 billones de dólares (32.5 billones de euros). Se calcula que la mitad del agua empleada para la producción de esos alimentos también es desperdiciada. (Jones, 2004 citado en Lundqvist et al., 2008).

–Los desechos generados por una familia en el Reino Unido alcanzan los 6.7 millones de toneladas al año, alrededor de un tercio de los 21.7 millones de toneladas compradas. Esto significa que aproximadamente un 32 por ciento de los alimentos que se compran cada año no se consumen. Las autoridades se incautan una gran parte de estos (5.9 millones de toneladas o un 88 por ciento). La mayor parte de los desechos alimenticios (4.1 millones de toneladas o un 61 por ciento) podrían haberse evitado y haberse comido si hubiesen sido mejor gestionados. (WRAP, 2008; Knight and Davis, 2007).

–El desecho de materias orgánicas en Estados Unidos es el segundo componente más abundante de los vertederos, que son a su vez la principal fuente de emisión de gas metano –recuérdese que el metano es 23 veces más potente que el dióxido de carbono en su contribución al calentamiento global–.

Al mismo tiempo una de cada siete personas en el mundo se va a la cama hambrienta y más de 20 mil niños de menores de cinco años mueren diariamente de hambre. Así, un 98 por ciento del hambre mundial se da en países en vías de desarrollo ((http://www.unep.org/spanish/wed/theme/). Ese hecho es altamente perjudicial para los recursos naturales y genera consecuencias negativas en el medio que nos rodea.

En el caso de México, y también de Guerrero, se tiene de manera paradójica un país de sobrealimentados, de obesos propensos a la diabetes y otros males de la mala alimentación como los cardiacos. Nos caracterizamos por no tener servicios básicos en las comunidades más recónditas del país y la entidad, de no producir y consumir en ellas proteína animal o verduras y frutas en suficiencia, pero si habrá ahí un tendajón con cervezas, refrescos y demás comida chatarra ricas en azucares y carbohidratos. Al mismo tiempo, infortunadamente en esas comunidades e incluso en las zonas marginales de las ciudades se sufre del agravio del hambre desde la infancia, esa es parte de la vida cotidiana de un amplio sector de la población.

Todo ello, es producto de un modelo histórico de desarrollo inequitativo e injusto para la mayoría de la población mexicana, y guerrerense, que no se remedia sólo repartiendo dádivas y despensas, porque lo que se debe consolidar a través de las estructuras tradicionales de las propias comunidades es un modelo alimentario que haga realidad el derecho a la alimentación de las personas de manera sostenible.

Por ello, el lema del Día Mundial del Medio Ambiente: “Piensa. Aliméntate. Ahorra: reduce tu huella alimentaria” pretende animar a todos a disminuir la huella alimentaria evitando el desequilibrio actual y sus efectos en el medio ambiente. Se trata de ser conscientes de las consecuencias de nuestras decisiones alimentarias y de cómo tomarlas de forma más acertada.

Se trata de lograr un consumo sostenible. En hacer más con menos, reduciendo de este modo el deterioro ambiental, y mejorando así la calidad de vida de todas las personas.

En síntesis, nuestra calidad de vida y bienestar se ven comprometidas por la contaminación y la sobreexplotación de los recursos naturales de la Tierra. Nuestro planeta, nuestro país y nuestro estado, no puede continuar así. Es necesario el cambio a una nueva forma de vida sostenible que asegure el bienestar de la generación actual y de las futuras generaciones. Se trata de lograr el rescate y transformación de nuestro modelo de sistema económico y social, para que sea un modelo basado en la sustentabilidad ambiental y la igualdad social.

La sociedad mexicana y guerrerense en su conjunto debe actuar en el día a día, tomando decisiones que eviten los gastos superfluos y ahorren, disminuyan el impacto ambiental, logren un proceso productivo más eficiente en términos de uso de energía y recursos naturales y reduzcan los desechos.

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