Fernando Pineda Ochoa
Política y políticos
El quehacer político es de las profesiones más desprestigiadas. Razones no faltan para ser descalificado de tal manera. Gobernantes ineficaces y prepotentes, representantes populares ignorantes y todo lo que pueda agregarse a una escala de epítetos merecidos. Sin embargo, la política tiene su lado noble, además de ser uno de los motores que permiten a través del diálogo (o la confrontación), arribar a acuerdos en una sociedad (como es nuestro caso) desmadejada que pretende ser democrática. Si no actuamos recomponiendo el tejido social, utilizando como instrumentos indispensables a la política y los políticos, es como si intentáramos terminar con los malos médicos eliminando la ciencia médica, cuando de lo que se trata es acabar con los pésimos galenos.
Otro organismo devaluado son los partidos políticos. La gente de a pie ha observado su inoperancia, ajenos a los problemas de la sociedad Pero aunque parezca un contrasentido los partidos son pieza clave del proceso que lleva a la construcción de un régimen democrático y hay que aprender arrojar el agua sucia, sin el niño. Entonces, aceptando esta premisa, el quid está en la necesidad de elevar la calidad política y exigir a dirigentes y militantes partidarios un mayor compromiso ético, responsable, serio, autocrítico, de cara a la gente. Pero no bastan los razonamientos teóricos o la persuasión discursiva, se requiere cada vez más el acercamiento organizado de los ciudadanos para transformar una sociedad en decadencia que fomenta y enaltece el individualismo a ultranza e impide la cimentación de valores colectivos, nulificando la conciencia solidaria. Ante una estructura social polarizada, la ciudadanía no debe seguir estática, quejándose, contemplando la fotografía del caos.
En la órbita de esta percepción comentaremos un apretado perfil de quienes pretenden llegar a la Presidencia de la República.
A punto de iniciar de manera oficial la elección del nuevo presidente de México, son tres los candidatos que tienen la posibilidad real de llegar a Los Pinos. Dos de ellos Enrique Peña Nieto (PRI) y Josefina Vázquez Mota (PAN), representan, con diferentes matices, las aspiraciones político-sociales de la derecha. Ambos aspirantes coinciden en mantener y respetar el proyecto neoliberal, que tiene 30 años de regir la política económica del país. De la Madrid, Salinas de Gortari, Zedillo (priistas); Vicente Fox y Felipe Calderón (panistas); sexenio tras sexenio han servido a los grandes capitales especulativos y monopólicos, tanto foráneos como nacionales. Este régimen –se ha repetido hasta el cansancio– ha dejado 40 millones de mexicanos en la extrema pobreza, dividiendo a la sociedad en dos polos antagónicos. En esa amplia brecha el proceso avallasador del capitalismo salvaje desintegró el ejido, desmanteló las cooperativas y descapitalizó al campo; debilitó los sindicatos y nulificó la contratación colectiva del trabajo. Estos datos son un pequeño apunte, parte de un volumen de mayores proporciones, donde destacan las crisis económicas mundiales.
Josefina Vázquez Mota es egresada de la Universidad Iberoamericana donde estudió la licenciatura de economía; ha escrito tres libros de los cuales destaca Dios mío hazme viuda por favor (que en lo particular solo que alguna necesidad excepcional me obligara, me atrevería a leer). La candidata fue diputada federal en 2000 y secretaria de Desarrollo Social (Sedesol) en el gobierno de Fox donde destacó por el uso faccioso que implementó apoyando a Felipe Calderón rumbo a la candidatura presidencial); siendo coordinadora de la campaña del mismo personaje, fue parte importante del fraude perpetrado en contra de López Obrador. En noviembre de 2009 pasó a dirigir la Secretaria de Educación Pública donde (salvo su opinión en contrario) “pasó de noche”; nuevamente llegó a la Cámara de Diputados y coordinó el grupo parlamentario del PAN, antes de terminar su mandato legislativo pidió licencia para contender en los comicios internos de su partido por la candidatura a la presidencia de México, elección en la que salió la ganadora.
Enrique Peña Nieto es licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana, institución privada del Opus Dei. No hace mucho que terminó su mandato como gobernador del Estado de México, la entidad más rica y de mayor población. En el territorio mexiquense se instauró un grupo económico-político, conocido como el grupo Atlacomulco, que designa al gobernador en turno y cuyo dominio rebasa su entorno federativo. Arturo Montiel antecesor y mentor de Peña Nieto, artífice del “diseño moderno” de un aparato publicitario (con costo a las arcas del erario, que obviamente, continuó aplicando el “destacado discípulo”) para alcanzar la proyección nacional de los mexiquenses que pretenden llegar al Palacio Nacional, lo que no han logrado.
El mandato gubernamental, del ahora abanderado presidencial se distinguió por los grandes negocios en la construcción de carreteras, la cimentación y venta de viviendas de interés social (principalmente en el Valle de México, bastión de la oposición) y por el despliegue mediático multimillonario diseñado por Televisa para difundir su imagen de “buen gobernante” en el imaginario colectivo. La revista Proceso (7 de septiembre de 2008) dice: “En esta estrategia de posicionamiento invirtió 742 millones de pesos solo en 2005” (así las cosas, entendemos el por qué encabeza las encuestas). La lista de trapacerías es amplia, agregaremos algunos ejemplos más: control de consejeros electorales, represión a los maestros para evitar la creación de un sindicato magisterial alterno, el creciente feminicidio ante la total indiferencia de Peña Nieto…
Andrés Manuel López Obrador es egresado de la carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública de la UNAM. En 1976 colaboró estrechamente con la candidatura para senador (como candidato externo del PRI) del poeta Carlos Pellicer. El primer puesto político de importancia de Andrés Manuel fue el de delegado del Instituto Nacional Indigenista (1977-1982); siendo gobernador del estado de Tabasco Enrique González Pedrero, López Obrador fungió como presidente del PRI tabasqueño a principios de 1983 y a finales del mismo año renunció por tener diferencias con algunos presidentes municipales de la entidad; ingresó en 1988 a la Corriente Democrática encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzan o; candidato dos veces a gobernador de Tabasco primero por el Frente Democrático Nacional y luego por el Partido de la Revolución Democrática; también fue presidente del PRD en su estado natal y posteriormente sería presidente nacional del mismo organismo político; electo el 1° de julio de 2000 jefe de Gobierno de la ciudad de México, en 2005 lo nombraron el segundo mejor Alcalde del Mundo. Sus obras más destacadas fueron: ayuda institucional a los adultos mayores, apoyo a las madres solteras, detener el índice de los delitos en el DF, construcción vial de los los segundos pisos, remodelación del Centro Histórico de la ciudad y la creación de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México; en las elecciones presidenciales de 2006 le robaron el triunfo. Pero Andrés Manuel es sobre todo un gobernante incorruptible e incansable (tozudo) participante activo de las mejores causas junto con los que menos tienen.
Termino citando al historiador inglés Eric Hobsbawm: “En su mayor parte, los jóvenes, hombres y mujeres, de este fin de siglo creen en una suerte de presente permanente sin relación orgánica alguna con el pasado del tiempo en el que viven. Esto otorga a los historiadores, cuya tarea consiste en recordar lo que otros olvidan, mayor trascendencia de la que han tenido nunca, en estos años finales del segundo milenio”.




