Recrean a Saramago y Borges en lectura homenaje en el Centro Cultural Acapulco
Óscar Ricardo Muñoz Cano
Con salpicaduras de prosa y poesía que invitaron a los oyentes a la reflexión y el gozo, fue como se realizó ayer la lectura homenaje a José Saramago y Jorge Luis Borges en el Centro de Lectura Carlos Fuentes, del Centro Cultural Acapulco.
Luego de conocer las semblanzas de ambos autores y saber, por ejemplo, que Saramago publicó su primer libro, una novela, Terra do Pecado, en 1947, habiendo estado después sin publicar largo tiempo, hasta 1966, o que Borges, a causa de una herida en la cabeza, comenzó a perder la visión hasta quedar completamente ciego, los asistentes, entre los que llevaron sus propios libros y aquellos que utilizaron los dispuestos para tal fin, empezaron a leer los fragmentos de las obras que les son muy cercanas.
Caín, El evangelio según Jesucristo, y Claraboya, fueron las novelas del portugués José Saramago escogidas por quienes se atrevieron a leer en voz alta y compartir sus experiencias con esos textos.
No obstante, la parte más atractiva, fue extraída del libro Caín: “…Caín eres, el malvado, el infame asesino de tu propio hermano, no tan malvado e infame como tú, acuérdate de los niños de Sodoma. Hubo un gran silencio. Después Caín dijo, ahora ya puedes matarme, no puedo, la palabra de Dios no tiene vuelta atrás, morirás de muerte natural en la tierra abandonado y las aves de rapiña vendrán y te devorarán la carne, sí, después de que tú me hayas devorado el espíritu…”.
También se dio lectura a varios poemas del portugués, destacando Inventario y Laberinto, mismos que llamaron la atención pues es poco conocida la faceta poética del escritor, misma que se encuentra contenida en apenas uno o dos poemarios.
Al tocar el turno de leer a Borges, y tras comentarios respecto a que en su obra creó un mundo fantástico, metafísico y totalmente subjetivo, debido a la simbología personal del autor, se leyeron partes de algunos de sus libros más conocidos como Ficciones o El Aleph, y desfilaron las historias de El jardín de los senderos que se bifurcan, La biblioteca de Babel, Emma Zunz y La casa de Asterión.
“El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura”, “Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo”, o “El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre”, fueron frases que atraparon a los numerosos asistentes que aplaudieron cada una de las intervenciones hasta el final.
Esta lectura es parte de un ciclo organizado por la Secretaría de cultura (Secultura) y que continuará en días próximos con la lectura homenaje a Ernest Hemingway y Anton Chejov.




