Recuerdan en el Museo del Estanquillo a Monsiváis en el tercer año de su muerte
Silvia Isabel Gámez / Agencia Reforma
Ciudad de México
Y al tercer año, Carlos Monsiváis reencarnó en un gato de pelo chino, anteojos y memoria prodigiosa: Sansimonsi. En “cinco cuartillitas”, Elena Poniatowska condensó la biografía del escritor para que Rafael Barajas, El Fisgón, la tradujera en ilustraciones.
Ni parecía que ayer cayó una tormenta sobre la ciudad de México. A las 19 horas, era casi imposible caminar por la terraza del Museo del Estanquillo, donde cerca de 200 personas se reunieron para recordar a Monsiváis a tres años de su muerte.
“Sansimonsi es un desquite, una venganza, porque Monsiváis odiaba a los niños”, lanzó Poniatowska, y el público se carcajeó. En este libro infantil, editado por Uache, está toda la vida del escritor, dijo, “y un poquito su muerte”. Su título remite a la calle San Simón, en la colonia Portales, donde vivía el autor.
“Yo sí extraño a Carlos”, afirmó el Fisgón. “Lo querías mucho, pero era terrible, no daba tregua”. Y confesó que tenía superpoderes: “Se le podía programar en cuatro mesas redondas, y a veces asistía a todas y a veces a ninguna; por eso le decíamos Carlos ‘por si vais’”.
Un libro como Sansimonsi lo habría aterrorizado, subrayó, porque a él, que no creía en nada, le hubiera probado que la reencarnación existe.
Y si alguien lo duda, ahí está Sansimonsi, el felino mejor informado, que conoce a la Ciudad de México como los dedos de su patita, escribe sobre los gatos más fregados y ridiculiza a los dinosaurios políticos que todo se lo comen y no dejan nada para los demás, escribe Poniatowska.
Monsiváis nunca fue solemne, dijo la escritora, se burlaba de todos y buscaba la manera de no atarse a nadie, ni a ella misma, de la que alguna vez huyó porque le daba flojera. Por eso intentan hoy vivir su ausencia con dignidad, como piensan que él hubiera vivido la muerte de sus amigos.




