Nuevo fantasma del “Maracanazo” acecha hoy a la selección brasileña
DPA
Río de Janeiro
El mundo del futbol tiene hoy una cita ineludible, un Brasil-España en el Maracaná que conmueve a cientos de millones de aficionados y anticipa líneas maestras de lo que podría suceder dentro de un año en el Mundial de 2014.
Se trata de la final de la Copa Confederaciones, pero es mucho más que eso, es el choque de dos equipos que son grandes candidatos a conquistar Brasil 2014, y también la oportunidad para España -olvidada la furia y metamorfoseada desde hace unos años en estandarte del futbol más estético- de seguir saldando cuentas históricas.
Pasaron 63 años desde la última visita de España al Maracaná. Fue en el Mundial de Brasil 50, los europeos se fueron de aquel torneo goleados 6-1 por el equipo local. En aquel templo entraban 200 mil personas, en el actual, 69 mil 459.
Pero el mito sigue ahí, y conquistar una final en ese escenario sería un impulso enorme para cualquiera. Para los españoles, porque sumarían una medalla más, un prestigio extra a ese fútbol y esos resultados que todos admiran. Para Brasil, país traumatizado desde hace 63 años por el “Maracanazo” de Uruguay, porque saborearía lo que es ganar un encuentro decisivo en ese escenario, aunque sea a escala infinitamente menor.
El problema para los brasileños es que España no pierde en un partido oficial en grandes torneos desde aquel 1-0 ante Suiza en la apertura de Sudáfrica 2010, el escenario que la consagró campeona mundial. Lleva 29 partidos sin conocer la derrota, un récord.
“Tienen más virtudes que defectos. Pero no son perfectos”, añadió Dani Alves, lateral del Barcelona y excelente conocedor de una España que tiene a varios jugadores del Barcelona en su columna vertebral.
Pero es Neymar, futuro compañero de Alves en el Barcelona, “el” hombre del partido para la verdeamarela. A sus 21 años, el ex hombre del Santos está mostrando una doble madurez: en el campo, como jugador decisivo para su selección. Fuera de él, como estandarte de la conciencia en un Brasil revolucionado por las protestas sociales que llevaron a las autoridades a “blindar” hoy la zona del estadio con seis mil efectivos de seguridad.
“Todos recordaremos las dificultades que hemos enfrentado desde niños para llegar a ese gran momento y defender a nuestro país en una final. Estaremos jugando por nuestra familia, por nuestros amigos y, principalmente por la nación brasileña. Estamos defendiendo a una nación”, dijo Neymar.
España, así, se enfrenta a algo más que una selección. Si en la semifinal resuelta por penales ante Italia se confirmó como un equipo capaz de sobreponerse a las condiciones más adversas -calor extremo, estadio en contra, rival en gran nivel- y ganar incluso sin mostrar su mejor futbol, en el Maracaná ese desafío se potenciará.
¿Queda gasolina?, le preguntaron a Andrés Iniesta tras el tremendo partido de Fortaleza. La estrella del Barcelona sonrió. “Sí que queda. Vinimos por este torneo y nos quedan 90 minutos. Es una final y sacaremos fuerzas de dónde haya”.
Con dos equipos que se disputarán el dominio de la pelota, dudas sobre el “9” o no “9” en España y papeles un tanto cambiados -el “jogo bonito” es sólo mito histórico en un Brasil que es sobre todo práctico, pero hilachas de ese arte descansan en la España de hoy-, el Maracaná se prepara para ensordecer y empequeñecer al rival.
En Río de Janeiro se palpa el respeto y temor de los brasileños ante un rival que, si repitiera su primer tiempo ante Uruguay, sería abrumador.
“Nos hemos cruzado con mucha gente en la calle y siento que nos tienen un poco de admiración”, dijo a dpa Del Bosque. Iniesta fue más allá: “No creo que sea temor, pero sí un poco de respeto a una selección que ha hecho muy bien las cosas”.




