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Abelardo Martín M.

En busca del destino perdido

Aunque parezca un contrasentido no hay nada más pesado o trágico que perder la noción de destino, lanzarse a la aventura de buscar nuevos horizontes con la certeza de que el riesgo de perder la vida se multiplica más que permaneciendo estático.

La ola de violencia en Guerrero no nada más infunde miedo en turistas nacionales o internacionales, quienes poco a poco han renunciado a visitar los principales destinos turísticos guerrerenses.

La violencia expulsa a muchos habitantes en municipios en los que grupos vinculados al crimen organizado, el narcotráfico o la guerrilla han establecido su gobierno. Aparte está la gran expulsora que es la falta de oportunidades para sus habitantes, no tener a la mano, al futuro, un destino que construir.

Guerrero no solo se mantiene entre los primeros lugares de violencia en los últimos años, sino también ya logró la medalla de ser de los punteros en la expulsión de mano de obra productiva.

Ello es la consecuencia de no garantizar a los guerrerenses la posibilidad de poderse educar y trabajar al mínimo razonable.

El estado de Guerrero, principalmente la región de La Montaña, mantiene los índices más altos de expulsión de migrantes nacionales e internacionales, según un diagnóstico del Centro de Derechos Humanos de La Montaña, Tlachinollan entregado al Senado de la República. En los últimos 13 años han migrado de Guerrero cerca de 400 mil jornaleros agrícolas de las zonas indígenas y rurales, la mayoría de ellos de esa región, principal expulsora de mano de obra a 16 entidades del país. Sinaloa concentró en el 2013 el 90 por ciento de los jornaleros y jornaleras agrícolas provenientes de La Montaña y la Costa Chica. “Migrar de sus lugares de origen para trabajar en campos agrícolas como jornaleros o jornaleras se ha convertido en una estrategia de sobrevivencia a la que recurren poblados enteros”, expresa el documento. Sólo entre los años del 2006 al 2012, la migración de 49 mil 89 jornaleras y jornaleros agrícolas de esa región, todos ellos provenientes de 362 comunidades indígenas, quienes sufren la violación a sus derechos humanos, son objeto de discriminación racial, así como de falta de educación, alimentación, derechos de los pueblos indígenas, derechos económicos sociales y culturales y derechos de los migrantes.

El 90 por ciento de los jornaleros y jornaleras agrícolas no cuenta con un contrato formal de trabajo. “El proceso de enganchamiento de las y los jornaleros se lleva a cabo en su comunidad de origen a través de contratistas, a quienes las empresas agrícolas subcontratan para que se hagan responsables de contratar la mano de obra”, subraya. Asimismo, el 54.8 por ciento se expone a agroquímicos y 45.9 por ciento dijo no haber recibido atención de un médico o enfermera. “Para atender su salud, la mayoría de las y los jornaleros debe de recurrir a médicos particulares, pues sólo en algunos lugares cuentan con servicio médico del IMSS”.

El otro gran expulsor es la violencia que no cesa en el estado, por más campañas que se realizan hasta, dicen, con apoyo federal. Todos los días ocurren actos violentos.

Ahí están los hechos: hace muy poco, un grupo armado de por lo menos seis personas irrumpieron en una reunión en el municipio de Coyuca de Benítez, Guerrero, y dieron muerte a siete personas, incluyendo cuatro menores de edad, informaron las autoridades. Los hechos ocurrieron en un predio ubicado en la colonia 10 de Abril y los muertos fueron identificados como Jesús Ángel Galeana Mayo, de 14 años; Osvaldo Rodríguez García, de 20; Agustín Lamber Parra, de 24; Jorge Luis Ramírez Morales de 14; José Alberto y José Alexis Sánchez Chávez, de 13 y 12 años de edad, respectivamente, así como Cristofer Jerry Guerrero Rojas, de 22, y un joven identificado como Jorge Alexis.

Marginación, pobreza, desesperanza son los principales expulsores. Sobrevivir en otras condiciones, casi siempre peores, porque en la aventura se arriesga siempre más la vida, que en donde viven vecinos, familiares y amigos.

Ir a la búsqueda de un mejor destino, a sabiendas de que en donde se está no lo hay, ni tampoco la esperanza de que se alcance. Sumar a la tragedia, otra tragedia y saber y sentir que no pasa nada, todo sigue igual.

 

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