Periódico con noticias de Acapulco y Guerrero

Anituy Rebolledo Ayerdi

Botica 18

El Tequila a Go Go

 

El primer establecimiento en América Latina ajustado al modernísimo sistema de música disco nace en Acapulco a finales de los años 60. Se le bautiza como Tequila a Go Go, creado por el músico Teddy Stauffer, creador también de La Perla del Hotel El Mirador. El nombre del establecimiento fue seguramente una réplica muy mexicana de su similar jolibudense Whiskey a Go Go. El director de orquesta suizo, cuya agrupación había amenizado en Alemania los bailes de la juventud nacionalsocialista, se instala en Acapulco en plena Segunda Guerra Mundial. Lo hace obligado porque el Tío Sam le niega volver a California, luego de una estancia más o menos prolongada y durante la cual había intentado convertirse en galán de Jólibud.

 

El galán

 

Teddy no será galán en la ficción cinematográfica pero sí en la vida real y su papel preferido fue el de saltimbanqui de alcobas ajenas. Entre tantas –“unas 200” , presumía–, las de la dominicana María Montes, conocida como El ciclón del Caribe y la española Rita Hayworth. Ésta se lo lleva a España dejando aquí chiflando en la loma a su tremebundo esposo Orson Welles. Ambos habían filmado en Acapulco la película La Dama de Shangai, nombre de una misteriosa embarcación, en realidad el yate Zaca del actor Errol Flynn, surto en la bahía porteña. El intrépido actor, por cierto, había salido mal con Teddy por las caricias de la futura actriz Linda Christian, entonces empleada suya en el cabaret Casanova del hotel La Marina, en pleno Zócalo. Sin saberlo, ambos trabajaban para Tyrone Power, quien finalmente llevará al altar a la hermana de la también actriz mexicana Ariadne Welter.

Sólo cinco mujeres lograron atrapar a Teddy con el lazo matrimonial. La novel actricita Faith Domergue, tras la hazaña de “volársela” limpiamente a su descubridor, el mismísimo Howard Hughes; la austriaca Hedy Lamarr, quien lo dejará por no soportar ella y sus dos hijos el calor y los moscos de Acapulco; Ann Brown, hija de un millonario estadunidense que prestaba al yerno algún dinero para sus negocios; Ute Weller, aeromoza de la línea Panamerican Airways, a quien pide matrimonio en pleno vuelo a Suiza, casándose apenas aterrizan. Separada de él, la señora Weller atenderá su propia florería en este puerto. La californiana Patricia Morgan será la quinta y última esposa de Stauffer, además de la única que le dará una hija, Melinda, que fue la adoración del viejo conquistador.

 

El sonido

 

El Tequila a Go Go se instala en los bajos del centro comercial El Patio, en la Costera. Se trata de un salón amplio de altas paredes desnudas que arropan celosamente el sonido como elemento capital de la nueva experiencia. Lo proporciona un equipo sonoro extravagante venido directamente de Alemania. Su pureza y fidelidad impactan gratamente por desconocidas hasta entonces. El nuevo sistema dará vida necesariamente a los encargados de operarlo. No otros que los hoy celebrados discjockeys , autores con sus mezclas y fusiones del éxito de las empresas. A propósito, los DJs acapulqueños son ubicados por mundanos conocedores entre los mejores del mundo. Por aquel entonces no estarán a la vista de la concurrencia, sino encerrados en un cubículo del primer piso.

Stauffer copiará también del Whisky jolibudense las cage dancing o “bailarinas en la jaula”. Aquí la jaula era foro encristalado en el segundo piso del establecimiento. Las primeras y más famosas “chicas a go go” enjauladas” fueron Elba Aponte, Emma y Lucy Barreto y finalmente las sensacionales hermanas Marino, Maritoña, Marina y Lilia. Otras “chicas a gogo” fueron Lilí Landúa y la actriz Ana Martin, esta última en una película filmada allí mismo. Los “chicos a go go” bailarán en las discotecas homosexuales, de las que Acapulco también fue pionero.

 

Los Habitues

 

Caras muy conocidas nacional e internacionalmente eran habituales en el Tequila a Go Go, casi siempre durante las vacaciones invernales. Ahí estuvieron alguna o muchas veces el recio cantante galés Tom Jones, quien era recibido con los acordes de su canción Dalilah; Sean Connery, el primer agente 007, siempre acompañado por una belleza deslumbrante y quien solía rematar la farra en La Huerta de la Zona Roja. Brigitte Bardot se retirará alguna ocasión víctima de un severo dolor de muelas que esa misma noche se lo quitará Goyito Pastrana; Liz Taylor y Eddie Fisher, Rock Hudson, Mirtha Legrand, Farrah Fawcett, Frank Sinatra, Joan Collins acompañada por Maco Morlet, su maestro de ski; Samantha Eggar y, también, la crème de la crème de la high society nopalera.

 

La Reseña

 

Acapulco fue sede de la Reseña Mundial de los festivales cinematográficos celebrados anualmente en varias capitales del mundo. Durante 15 días de noviembre se presentaban las películas premiadas y casi siempre sus actores principales. Las luminarias asistentes a las dos últimas “reseñas” serán huéspedes de honor del Tequila a Go Go. Por ahí cayeron: Vanessa Redgrave, Sarah Miles, Susan York, Silvana Pampanini, Jerry Lewis, Ursula Andress, Jean Paul Belmondo, Tony Curtis, Sharon Tate y Roman Polansky y quien sabe qué hacía aquí el poeta ruso Eugeni Evtuchenko.

Sharon Tate, un año antes de su sacrificio a manos de la banda satánica de Charles Manson, escandaliza a los lectores de El Heraldo de México hablando sin tapujos del cuerpo desnudo como objeto del deseo. Será sin duda la estrella consentida del evento no obstante venir acompañada por su esposo Roman Polanski. El escritor acapulqueño José Agustín denunciará el despido del periodista y escritor Parménides García Saldaña, por reproducir en aquellas santas páginas poblanas las crudas palabras de la hermosa Sharon.

 

El beso de Ursula

 

Ursula Andress y Jean Paul Belmondo vivieron aquí un romance acapulqueño –fugaz y alabastrino, según la receta de maese Lara–, que no podrán esconder cuando bailen Extraños en la Noche en la pista del Tequila.

Un beso de la primera “chica Bond” del Agente 007 será el premio para los acapulqueños Jaime Escobar y Ángel Herrera, ello por salvar la vida de su novio francés. Los hechos habían sucedido cuando Belmondo volaba por primera vez en el parachute, jalado por una lancha operada por Escobar y Herrera. Una ráfaga violentísima lleva al actor directo contra la mole de lo que será el hotel Acapulco Hilton. Los hombres de mar maniobran hábilmente logrando evitar que el actor de Casino Royal se estrellara con resultados seguramente funestos. “Qué mujerón es Ursula y qué alta la cabrona” –recordaban los héroes; tanto que para darle el beso tuvimos que ponernos en “pinganillas”.

 

Evtuchenko

 

Cuando llovía en la ciudad, las funciones de la Reseña se trasladaban al cine Playa Hornos. Una noche, los reporteros de El Trópico, Enrique Díaz Clavel y el que esto escribe avistan a la salida al poeta ruso Eugeni Evtuchenko, entonces la sensación en el mundo occidental por su riesgosa disidencia. ¡Órale!, se dicen aquellos y van tras él imitando sus grandes zancadas.

El hombre se da cuenta de la persecución y entonces emprende una carrera franca. Los periodistas también corren pero aquél logra treparse rápidamente a un yip de Las Brisas. Le hacen el alto en pleno arroyo de la Costera pero el hombre no se para, por el contrario, les avienta el vehículo encima. Extrañamente se detiene más adelante lo que los reporteros toman como una invitación. “¡Ya la hicimos”! se dicen corriendo hacia el yip, pero estando a punto de alcanzarlo arranca violentamente, seguramente muerto de risa el cabrón poeta. Como ninguno de los dos diaristas sabían mentar la madre en ruso, se la recordaron varias veces en español. Al cabo que a una mentada mexicana no le hace falta traducción. Dicen.

 

Los porteros

 

No exageramos si afirmamos que solo uno de cada 50 mil jóvenes acapulqueños conocieron el Tequila a Go Go (¿o cien mil?, ¿o más?). Primero, por todo lo que el lector (a) quiera y mande y, segundo, porque los bíblicos porteros del establecimiento dejaban entrar incluso a un camello y no a un “criollito muzuco”. El jefe de la puerta en este caso era el temerario clavadista Raúl Chupetas García, con un olfato felino para detectar a los “juaneados” aunque él hablaba de “presencia, clase, alcurnia y el don”.

Nace así una figura que será siniestra para los jodidos con aspiraciones de alternar con la “gente bonita” o los “cuic” de El Heraldo de México. Los porteros de las discotecas serán los cancerberos de la noche y cuando decían “éste entra y éste no,” se trataba de a una sentencia humillante e inapelable (se usa el pasado pero es el vivo presente). “Me vale madres que sea hijo del presidente de la República, aquí no entra ningún cabrón si yo no quiero”, estalla el portero prepotente. ¡Y que va siendo Alfredito Díaz Ordaz!, el vivo retrato de su padre. Mas tarde el hombre aquel se sentirá morir ante la disyuntiva de cambiar de aires o cambiar de aires. Luego, por supuesto, de una madriza por irreverente y majadero “¡ Pa’que sepan que hay gobierno, cabrones!”, sentenciaba Carlitos Iglesias Soto.

 

El Zanatón

 

El que suscribe aprovecha el tema para una confesión íntima aunque sin ningún arrepentimiento. Confesar haber dado un susto de seguidillas a un portero precisamente del Tequila a Go go. Un güero cagaleche, cachetes colorados, doble ancho y habla germana. Luego se conoció que se trataba de un sobrino del propio Teddy Stauffer, dedicado en su tierra a ordeñar vacas suizas, por supuesto.

Una noche, después del cierre, llegamos al Tequila Raúl Pérez García, director de El Trópico, y este reportero. Por costumbre, intentamos entrar al lugar como “Pedro por su casa”. Esta vez, sin embargo, fue diferente. Una manaza abierta se estrella contra el pecho del suscrito parándolo en seco y al de atrás, también. Se trataba del sobrinísimo aludido, confundiendo a los periodistas seguramente con judíos. ¿Y?

Nada, que a este escribano le entra lo sanjeronimeño y desenfunda la pistola que lleva al cinto metiéndole el cañón, cuan largo era, en la panza del portero germano. No faltará, por supuesto, la alocución por el caso requerida, no reproducida aquí para no herir ojos castos. La intervención inmediata del Chupetas arreglará todo con un “aquí no ha pasado nada, la casa invita güisqui o champaña, por aquí, por favor”. Y no era que uno se sintiera El Zanatón y tampoco El Animal. Había sucedido que, como adultos serios, responsables y sensatos, le habíamos pedido a Raulito llevar nosotros su arma, ¡no fuera a cometer una locura! (Sorry).

(El Zanatón” y El Animal fueron los apodos de dos célebres gatilleros de la Costa Chica. Mataban por paga pero también por gusto).

 

Los privilegiados

 

Hubo en este ámbito segregacionista y humillante un grupo de jóvenes porteños que logró eludir la discriminación como santo y seña. Y no solo eso, pusieron el ambiente en aquellas noches báquicas. Ahí estuvieron, siempre los primeros en abrir la pista del Tequila, el llamado “clan árabe” formado por los Bachur, los Haddad, los Elías, Pepe Trad y Milo Fares. También, Pepe Vaquerizo, Mario Pintos, Pancho y Raúl Pérez, Arturo y Ernesto Caballero, los Estrada, los Diego, Alfredo Galeana, Raymundo González, José Luis Trani, Rodolfo Martínez, Enrique Gómez y algunos más.

Un tema que da para otra Botica. Prometido.

 

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