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Humberto Musacchio

Las malas mañas, patrimonio de todos

Son varias las conclusiones que se ya se pueden sacar de las elecciones del domingo: que el desgarriate que vive el PAN todavía no se refleja en la votación, que el PRI vuelve con sus viejas mañas, pero que hoy todos los partidos practican el juego que antes era exclusivo del tricolor y que el gran derrotado en la jornada fue el PRD.

No es poca cosa que un partido que hace apenas un año disputaba la Presidencia de la República hoy, gracias a la división encabezada por Andrés Manuel López Obrador y, por supuesto, gracias también a la corrupción y el desprestigio de su camarilla dirigente, el PRD sea un partido meramente testimonial, marginal, que sigue el mismo camino del PARM, el PPS, el PST y otros Frankestein que acabaron por desaparecer.

Mala cosa era ver a la principal fuerza que se supone de izquierda, aliada con el PAN en todas partes –en Chihuahua marchó unida con el PRI– y muy dispuesta no a medir su fuerza real, sino apenas a recoger las migajas que le pudiera dejar una política de alianzas basada en la falta de principios, pues si en otros momentos pudo justificarse el connubio por la finalidad de sacar al PRI de entidades donde se hallaba enquistado, hoy, cuando son muy otras las condiciones de competencia, el santo matrimonio con la derecha le está costando al PRD la repulsa de la ciudadanía.

La única gubernatura en juego fue la de Baja California, entidad que el PAN gobierna desde 1989, cuando Carlos Salinas de Gortari, ansioso de legitimarse a cualquier precio, hizo la primera concertacesión, aquella que llevó al poder estatal a Ernesto Ruffo. Pero en casi un cuarto de siglo los panistas han adquirido las mañas que desde siempre combatieron y hoy, en aquel estado, compiten con ventaja en lo referente a marrullerías, como impedir con la policía estatal la acreditación en las casillas de representantes de la oposición.

Guerra de lodo, triquiñuelas de todo tipo, zancadillas y otros recursos fueron puestos en juego en la entidad, donde Hank padre asistió de mala gana a un mitin del PRI y Hank hijo asistió sonriente a más de un acto del PAN. Por ahí andaba un viejo y muy conocido mapache, Amador Rodríguez Lozano, dicen que enviado desde Bucareli, quien llegó como encargado de la operación política y ni siquiera fue capaz de tener representantes del PRI en todas las casillas (diez por ciento no tuvo representación tricolor), entre otras razones porque no quiso gastar lo que alguien puso en sus bolsillos para tan elevada misión.

Se sabe o por lo menos se sospecha que los organismos electorales de cada estado están, de un modo u otro, a las órdenes del gobernador. En Baja California parece confirmarlo el hecho de que el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de la entidad contratara para el PREP a una empresa bajo sospecha, Proisi, la que en este caso aplicó un programa de conteo que extrañamente le quitaba votos al PRI y se los daba al PAN o mantenía los porcentajes inamovibles aun cuando el blanquiazul perdiera casillas.

En Baja California tendrá que aplicarse la consigna de López Obrador: “voto por voto y casilla por casilla”, pero hay el temor entre los priistas de que su candidato acabe doblando las manitas, presionado por la necesidad del gobierno federal de mantener vivo el Pacto por México con la vista puesta en la reforma de Pemex. Ojalá no caigan en esa tentación, que implicaría, otra vez, suplantar la democracia con una concertacesión que sería una burla para la voluntad popular y una ofensa para los ciudadanos.

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