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Octavio Klimek Alcaraz

El Instituto Nacional de Energías Renovables

 

 

En la actual discusión sobre la reforma energética, mucho se ha centrado ésta en el tema de la política petrolera. Al igual que en la anterior reforma de 2008, se observa una ofensiva mediática para orientar el tema hacia promover una mayor participación del sector privado en el aprovechamiento de los hidrocarburos para apoyar a Petróleos Mexicanos (PEMEX). Se escucha a los expertos diciendo que si no se realiza esto, el país se va a pique aún más.

Por tanto, poco se discute sobre ciencia y tecnología con relación a la energía. Da la impresión que la política al respecto es hacerse a la idea de que la tecnología será adquirida fuera del país. Por ejemplo, se van a explotar los llamados hidrocarburos no convencionales, en especial se tienen expectativas de aprovechar de manera comercial el gas natural alojado en lutitas (shale gas), que sería un combustible de transición, por su baja huella de carbono respecto a otros hidrocarburos, pero es seriamente cuestionado por sus grandes riesgos ambientales al ser extraído. Infortunadamente su tecnología de explotación es foránea y además de alto costo. Esto sin demeritar las aportaciones del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y del propio PEMEX en los trabajos exploratorios.

Un asunto a reflexionar es la situación del sector de las energías renovables en materia de ciencia y tecnología. Si se revisan los antecedentes sobre el asunto, el panorama es que existen grandes necesidades en la materia.

Por ejemplo, en el tema de las fuentes de energía renovables, es conocido que los grandes desarrollos de generación de energía eléctrica, por ejemplo, la generación eléctrica a través de energía eólica de Oaxaca, se ha basado de manera fundamental en el desarrollo tecnológico de empresas extranjeras.

En el 2008, cuando se realizó la reforma energética, uno de los productos que entró por la puerta de atrás de ésta fue la llamada Ley para el Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la Transición Energética. Esto se dice así, ya que fue poco discutida en sus alcances debido a la distracción mediática de la reforma de PEMEX. Conforme al artículo 1 de la ley su objetivo principal es regular el aprovechamiento de fuentes de energía renovable para generar electricidad con fines distintos a la prestación del servicio público de energía eléctrica (que es potestad exclusiva del Estado mexicano, a través de la Comisión Federal de Electricidad), básicamente a través de autoabastecimiento. Se trata fundamentalmente de una ley que busca dar un marco para regular a las empresas privadas en materia de energía renovable para la generación eléctrica. Por ejemplo, bajo su amparo legal en los últimos cinco años se ha dado el ya citado desarrollo de empresas privadas de generación eléctrica mediante energía eólica en Oaxaca.

Entre otros aspectos la ley señala la obligación de la Secretaría de Energía para elaborar la estrategia nacional para la transición energética y el aprovechamiento sustentable de la energía, así como del programa especial para el aprovechamiento de energías renovables. Además la secretaría debe realizar el inventario nacional de las energías renovables, y el atlas nacional de zonas factibles para desarrollar proyectos generadores de energías renovables. También en la ley se crea el fondo para la transición energética y el aprovechamiento sustentable de la energía, que puede ser usado para apoyar la investigación, promoción y aprovechamiento de investigación científica en materia de energía renovable.

A pesar de todas estas tareas, la ley carece de una propuesta consistente relacionada al fomento de la educación, investigación, desarrollo y transferencia de tecnología e innovación y difusión en materia de energía renovable.

Por otro lado, la Estrategia Nacional de Energía 2013-2027, considera 22 temas estratégicos. En el tema estratégico 15 Identificar y aprovechar el potencial de energías renovables en nuestro país, tres de sus ocho líneas de acción señalan como responsables a instituciones de investigación y universidades, que son los siguientes:

1. Explorar el territorio nacional para generar una base de datos que permita mejorar las estimaciones de los recursos no aprovechados.

2. Promover la vinculación efectiva de los sectores; académico nacional, centros de investigación e industriales para el desarrollo óptimo de las energías renovables.

3. Fomentar el desarrollo de recursos humanos especializados para la innovación tecnológica y aprovechamiento de las energías renovables, tanto en aplicaciones eléctricas como térmicas.

La pregunta es si existen las capacidades institucionales para realizar de manera adecuada todas estas tareas, tanto las de la Ley, como las de la Estrategia. Sin entrar en detalle, se tienen pocos sitios para hacer investigación en materia de energías renovables. En el sector público destacan el Instituto de Investigaciones Eléctricas y en el de las universidades, el Instituto de Energías Renovables de la UNAM, que anteriormente se llamaba Centro de Investigaciones en Energía. Curiosamente ambos institutos se ubican en el entorno de la ciudad de Cuernavaca, Morelos. Seguramente hay otras instituciones académicas prestigiadas que realizan investigación en materia de energía, como es el caso del Centro de Investigación y Estudios Avanzados (Cinvestav), o la Universidad Autónoma Metropolitana, solo por citar algunos de las instituciones más reconocidas.

Pero en nuestra opinión, esto no es suficiente para las tareas antes expuestas, así como las misiones de las instituciones antes citadas. Por ello, deben de usarse los recursos del fondo para la transición energética y el aprovechamiento sustentable de la energía para impulsar la creación de un Instituto Nacional de Energías Renovables.

El Instituto Nacional de Energías Renovables debe ser un organismo público descentralizado de la administración pública federal, con personalidad jurídica, patrimonio propio, autonomía técnica y de gestión, sectorizado en la Secretaría de Energía.

El Instituto Nacional de Energías Renovables tendría entre sus principales objetivos, los siguientes:

1. Coordinar y realizar investigación científica básica y aplicada, y desarrollo tecnológico con instituciones académicas, de investigación, público o privado, nacional o extranjeras en materia de generación, transmisión, conversión, almacenamiento, utilización e impactos de la energía, en particular de las energías renovables, la eficiencia y el ahorro de energía;

2. Brindar apoyo técnico y científico a la Secretaría de Energía para formular, conducir y evaluar la política nacional en materia de energía, en particular de las energías renovables, la eficiencia y el ahorro de energía;

3. Llevar a cabo estudios, asesorías y capacitación a instituciones en el área de la energía, en particular de las energías renovables, la eficiencia y el ahorro de energía;

4. Promover y difundir criterios, metodologías y tecnologías en materia de energía, en particular de las energías renovables, la eficiencia y el ahorro de energía;

5. Coadyuvar en la preparación de recursos humanos calificados, principalmente de estudiantes de posgrado, a través de cursos y tesis a fin de atender la problemática nacional con respecto a la energía, en particular de las energías renovables, la eficiencia y el ahorro de energía;

6. Realizar análisis de prospectiva sectorial, y colaborar en la elaboración de estrategias, planes, programas, instrumentos y acciones relacionadas con la energía, en particular de las energías renovables, el desarrollo sustentable, y el cambio climático;

7. Monitorear, reportar y evaluar el cumplimiento de los objetivos previstos en esta Ley, así como las metas y acciones contenidas en la Estrategia Nacional de Energía, la Estrategia Nacional para la Transición Energética y el Aprovechamiento Sustentable de la Energía, la Estrategia Nacional de Cambio Climático, el Programa Sectorial de Energía, el Programa Especial para el Aprovechamiento de Energías Renovables y el Programa Especial de Cambio Climático;

8. Emitir recomendaciones sobre las políticas y acciones en materia de energía, en particular de las energías renovables, la eficiencia y el ahorro de energía, así como sobre las evaluaciones que en la materia realizan las dependencias de la administración pública federal centralizada y paraestatal, de las entidades federativas y de los municipios, y

9. Difundir los conocimientos adquiridos en el área, para alcanzar el desarrollo sustentable del país, y como área científica y técnica, el Instituto podría apoyar a la Secretaría de Energía en la elaboración de la Estrategia Nacional para la Transición Energética y el Aprovechamiento Sustentable de la Energía y del Programa Especial para el Aprovechamiento de Energías Renovables. También podría integrar, monitorear y actualizar el Inventario Nacional de las Energías Renovables, así como el atlas nacional de zonas factibles para desarrollar proyectos generadores de energías renovables.

Creemos que el país requiere con urgencia una institución para la ciencia y tecnología con estas características. No solamente se debe cabildear en el entorno de quienes están en los cuartos de guerra de la reforma energética, sino también en la comunidad científica y en la sociedad en general. Seguramente el principal obstáculo para su creación será el impacto presupuestal, pero partimos que más que un costo debe de observarse como una inversión, que nos auxiliaría a lograr una mayor independencia y soberanía científica y tecnológica en materia de energías renovables.

 

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