Federico Vite
Apuntes sobre el éxito
El 15 de julio de 2003 murió uno de los escritores latinoamericanos de mayor im-pacto en la literatura mundial. Roberto Bolaño falleció a la edad de 50 años (plena madurez para un novelista), padecía los estragos de la?cirrosis hepática. El autor de Los detectives salvajes se convirtió en una mina de oro para sus traductores y editores. Sus libros siguen generando dinero e incrementan el mito de un autor que supo capitalizar a la perfección su historia personal.
En 1968, este mordaz narrador, migrante de las huestes poéticas, llegó a la ciudad de México. ?En 1973, a la edad de 20 años, regresó a Chile. Eran los días previos al golpe de estado. Bolaño se incorporó a la resistencia y, lógicamente, fue arrestado. Tras ocho días en la cárcel (liberado gracias a la intervención de dos detectives que fueron sus compañeros de colegio), decidió volver a México para dedicarse por completo a la literatura.
En México fundó, con un gru-po de poetas mexicanos, un movimiento de vanguardia denominado Infrarrealismo. En 1975 publicó sus primeros textos en la antología Poetas infrarrealistas mexicanos. Hastiado de lo literario –así lo afirmó Bolaño– dejó México y se dirigió a El Salvador, donde curiosamente conoció al poeta Roque Dalton. Después de ese encuentro partió a Europa. Tras viajar por varios países europeos y África, decidió establecerse en España. “Esa parte de mi vida no fue una época sencilla ni fácil; estaba solo, sin papeles, tenía dificultades económicas. Trabajé como lavaplatos, camarero, vigilante nocturno, basurero, descargador de barcos, vendedor”, confesó el novelista acerca de sus penurias europeas. El chileno haría de estas experiencias cercanas a la indigencia materia de ficción.
En 1984 publicó, en colaboración con Antoni García Porta, su primera novela,?Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, con la que obtuvo el premio Ámbito Literario. Ese mismo año lanzó?La senda de los elefantes, que fue galardonada con el premio Félix Urabayen. Años después fijó su residencia en la población costera de Blanes (Girona), donde se centró cada vez más en la narrativa. Trabajaba en un pequeño estudio apenas a 50 metros de su casa, siguiendo algunos rituales imprescindibles: música de rock de la década de 1970, una infusión de manzanilla con miel y tabaco, muchísimos cigarrillos. Escribía tres folios al día; si las cosas iban bien, hasta diez. Cuidaba mucho de la estructura de sus libros.
En 1993 los médicos le diagnosticaron una grave enfermedad hepática. Bolaño se obsesionó con dejar un legado literario de importancia y se dedicó aún con mayor ahínco a la escritura. Ese mismo año publicó Los perros románticos, una recopilación de su obra poética, y la novela?La pista de hielo. En 1996 presentó La literatura nazi en América?y?Estrella distante; en 1997 la compilación de cuentos?Llamadas telefónicas, libro que obtuvo el premio Municipal de Santiago de Chile.
La estancia en España fue determinante para que este hombre hiciera el mito de escritor de culto, marginal y cínico, aunque la mayoría de sus amigos señalan que esos adjetivos sólo fueron utilizados por algunos editores para generar expectativas en el mercado literario ibérico.
El primer país en reconocer el talento de Bolaño fue Francia. Él pudo ver que el suplemento literario de?Libération?le dedicó seis páginas. El diario?Le Monde, cuando aún no usaba fotografías, lo puso como personaje del día y fue la caricatura de primera página. Su editor francés publicó simultáneamente tres libros, algo inusual para un desconocido. Francia le dio el bautizo internacional; luego vino Alemania y Estados Unidos. Susan Sontag le dedicó una página en?The New York Times?elogiando?By night in Chile?(Nocturno de Chile). Actualmente su obra completa es gestionada por el agente literario Andrew Wylie, quien está revisando, casi con lupa, el archivo del escritor. Wylie anunció recientemente la publicación en inglés de El tercer reich, Diorama y Los sinsabores del verdadero policía.
¿Pero qué ha generado el éxito editorial de Bolaño? He leído en varios artículos que el éxito de este hombre se debe a su muerte prematura y al hecho de que se haya construido en torno a él una leyenda maldita de perseguido político, marginado literario y heroinómano. No estoy de acuerdo con estas tesis, me parecen?conclusiones?superficiales, apresuradas. Tras echarle una relectura a varios de sus libros, me queda claro que la buena recepción de Bolaño en varios países, y en varios idiomas, se debe a que el chileno muestra una pasión contagiosa por reordenar el mundo, aunque él mismo autor sepa que eso será imposible incluso en las novelas. Leer a Bolaño es sentir que alguien te habla al oído para invitarte a testimoniar una causa perdida, poéticamente catastrófica.
Basta con releer Los detectives salvajes, La literatura nazi en América y Estrella distante para tener una idea clara de que Bolaño era lo más parecido a un provocador que armaba con suma destreza la trama de sus libros, un narrador con mucho oficio que creó su universo personal sublimando la rabia adolescente de aquel chileno que soñaba con ser poeta y desgarrar la existencia de sus lectores.




