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Arturo Solís Heredia

CANAL PRIVADO

Pesimismo cínico

“Casi es imposible un acuerdo o alianza de, ya no todos, algunos sectores de la sociedad”, comentó un amigo-lector en mi muro de Facebook, a propósito de lo escrito y opinado aquí el 26 de junio pasado, sobre la necesidad de participar todos en la solución del problema de la violencia criminal.
El pesimismo casi cínico del citado comentador-amigo-lector rebotó gritón en mi cabeza durante varios días, tantos que fui incapaz de pensar en argumentos razonablemente inteligentes con qué debatir su comentario… de hecho, en nada con qué cumplir con las dos entregas siguientes de esta columna.
Sigo en las mismas, pero tanta ausencia me pareció displicencia por lo que cumplo con esta entrega hoy con algunas precisiones y otras imprecisiones.
Primero preciso que califico de cínico el pesimismo de mi amigo-lector con todo respeto, pero también con toda franqueza, pues no lo considero un pecado personal suyo, sino colectivo y aprendido por los mexicanos del nuevo milenio (incluyendo al que esto escribe).
Luego preciso que pensé y pensé en argumentos razonablemente inteligentes con qué debatir su comentario y… nada. De hecho, de tanto pensar el tiro me salió por la culata. Preciso: si uno piensa y piensa en las posibilidades reales de un “acuerdo o alianza de, ya no todos, algunos sectores de la sociedad”, más temprano que tarde uno encuentra hartas imposibilidades “casi” absolutas de que eso suceda.
Y es que, ¿quién se atreve a negar o discutir algo tan evidente y visible? ‘Ta cabrón, ‘tamos jodidos, bien divididos, enfrentados, distantes, desconfiados y coludidos por, en y con casi todo. ¿Así cómo se construyen acuerdos y alianzas, quién y con qué convoca consensos, cómo y cuándo despertar la participación social?
‘Ta cabrón porque, particularmente en el tema que nos ocupa, todos culpan y responsabilizan a los otros de la bronca, sin el menor intento autocrítico.
Por dar un ejemplo, los ciudadanos culpan y responsabilizan a los gobiernos y sus policías de la violencia criminal porque no pueden, no hacen, se hacen, se corrompen, se asocian, simulan, se desentienden.
No hay duda, es vidente, lo que se ve no se juzga. Pero los ciudadanos tampoco reconocen culpas ni cumplen responsabilidades propias.
Todos los sicarios, hasta los más crueles y desalmados, nacieron y crecieron en familias y comunidades nuestras, aparentemente normales; todos los chavos atraídos y contratados por bandas criminales son hijos de madres y padres que debieron criarlos, educarlos, protegerlos, formarlos y guiarlos.
¿O la culpa y responsabilidad exclusivas son de los gobiernos y sus policías?
A pesar de que cada día más jóvenes menores de 25 años engrosan las nóminas del crimen organizado y las listas de detenidos y muertos en hechos violentos, seguimos pensando que la culpa y la responsabilidad exclusivas son de los gobiernos y sus policías.
Obviamente, los partidos y sus políticos alientan el desafane social, manipulando a su favor las ingenuas y pasivas acusaciones ciudadanas con retórica electoral.
“Urge un cambio en Guerrero para acabar con la inseguridad”, dijo el líder nacional del PRI, César Camacho. “Aguirre ha cumplido más que Añorve, Figueroa y Peña”, respondió López Obrador. “Es responsabilidad del gobierno de Peña Nieto la inseguridad en el estado”, terció el presidente estatal del PRD, Carlos Reyes Torres.
Si la gente les sigue el juego, los políticos van a seguir jugando.

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