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Hay gente que aporta algo nuevo al mundo y es muy bueno, eso era Buñuel: Poniatowska

Jorge Ricardo / Staff / Agencia Reforma

Ciudad de México

Recuerda Elena Poniatowska (París, 1932) cuando entraba a la casa de Privada de Félix Cuevas 27, Colonia Del Valle, y hallaba en la salita de la derecha a Luis Buñuel de pie, con su saco de lana a cuadros blancos y negros, la sonrisa ancha, los grandes dientes al aire: “¡Ah, la señorita de la leña!”. Y ella dejaba caer el costal de leña que había llevado para calentar la casa. Eso ya pasó.
A inicios de los años 60, Poniatowska conoció al cineasta español y a su esposa, Jeanne Rucar. Desde entonces visitaban a Álvaro Mutis, preso en Lecumberri, contemplaban ratitas blancas, tomaban martinis o miraban su colección de pistolas y fusiles. Hasta que el 29 de julio de 1983, con 83 años encima, Buñuel murió no sin despedirse de su mujer: “Ya me muero”.
“Le tuve que avisar a Carlos Fuentes, por teléfono a París, que Luis había muerto”, dice Poniatowska al entrar por primera vez desde entonces a la casa.
No es frío lo que siente ahora

“Me da tristeza que se haya muerto. Ojalá hubiera sido eterno, porque fíjate que hay gente muy celebrada y muy creativa, hay mucha gente así, pero hay gente que además aporta algo nuevo al mundo y que es muy buena y eso era Buñuel”. Sube la mirada por los eucaliptos gruesos, añade: “Siempre sentí en él una bondad infinita”. La casa, tres pisos de ladrillo rojo, comprada en 2010 por el gobierno español, ha perdido su jardín. La tierra fue cubierta con graba blanca y al fondo se construyó una chimenea y un asador. Es un lugar muy frío.
“Me gusta verdaderamente el frío –escribió Buñuel en sus memorias, tituladas Mi último suspiro–. Durante toda mi juventud, aun en lo más crudo del invierno, me paseaba sin gabán, con una simple camisa y una chaqueta. Sentía el frío atacarme, pero resistía, y esa sensación me agradaba. Mis amigos me llamaban ‘el sin abrigo’”.
Poniatowska mira la barda perimetral cubierta ahora por paneles con fotografías. Desde que lo comenzó a visitar, recuerda, le llevaba leña para calentar la casa. También lo acompañaba a la tienda De todo, al otro lado de Félix Cuevas. Siempre le llamaron muchísimo la atención los ratones, íbamos a ver hámsters y ahí estábamos agachados, ni los comprábamos ni nada viendo los ratones. Me decía: ‘mira, este va a ser muy bueno, este es malo, este es un avaro, esta es una coqueta’, como si estuviera hablando de gente, y los veía como si fueran gente”, relata la escritora.
En una ocasión, cuando Buñuel y Jeanne vivían en Los Ángeles, ella recogió una paloma herida, la curó y pronto tenían docenas de palomas. El dijo que no tenían para alimentarlas, las metieron en una jaula grande y las fueron a dejar muy lejos de la casa.
“Estoy triste por las palomas”, dijo Buñuel al regresar.
Y al día siguiente: “¡Jeanne, ven pronto, han vuelto las palomas!”. Encima de la casa estaban todas las palomas.
“Siento una gran piedad por los animales porque son inocentes”, le dijo Buñuel a Poniatowska en una entrevista publicada en 1977. En ella su imagen es la de un genio, ignorante de la celebridad que era, un poco sordo producto de su afición a los revólveres y fusiles que desde los 14 años disparaba, incluso encerrado en su cuarto.
Buñuel se preguntaba si era cierto que los ciegos eran más felices que los sordos. No lo creía. Algunas veces, recuerda Poniatowska, le aconsejaba: “Bueno, si no oyes, ¿por qué no te acercas?”, y él le respondía: “No importa, no me estoy perdiendo de nada”.
Buñuel y Jeanne llegaron en 1946 a México. Aquí rodó 20 de sus 32 películas y tuvo su casa en Privada de Félix Cuevas, diseñada en 1952, donde el lunes será recordado en una ceremonia oficial.
La casa en su mayor parte está vacía. En el comedor hay fotografías de amigos y colaboradores de Buñuel, como Julio Alejandro, coguionista en Simón del desierto, Nazarín, Viridiana o Abismos de pasión, ahogado en mantas para detener el frío.
Junto a las fotografías está un piano. Buñuel, celoso de tener a un profesor en la casa, jamás dejó a su mujer que tuviera un piano. Así que se lo dio a un amigo por una caja de champaña. Muerto Buñuel, muerta Jeanne también, los nuevos dueños lo han recuperado.
“Mira es un piano muy rascuachísimo”, dice Poniatowska. “No tiene marca, es como un coche hechizo”, añade y ensaya unas notas tristes.
La escritora pasa a la cocina: “Aquí estaba el refrigerador con candado para que no le fueran a volar su gin tonic”. Va a la sala: ahí había un retrato de Buñuel pintado por Salvador Dalí.
Sube a la primera planta, Buñuel tenía aquí su colección de armas. Pasa a la terraza, Jeanne hacía ejercicio ahí en una bicicleta fija mientras se ponía a fumar. Poniatowska ha vuelto a sentir el frío.
Firma el libro de visitas y sale por el frente de la casa donde cuelga una serie de retratos del Jaibo, el personaje de Los Olvidados. Mira la toma de la luz arriba, un enredijo de cables. Piensa que Buñuel no lo hubiera aprobado. Y este no saber era la muerte.
En las últimas líneas de sus memorias, publicadas en 1982, un año antes de morirse, Buñuel escribe: “Lamento: no saber lo que va a pasar. Abandonar el mundo en pleno movimiento. Pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba”.

Encabeza España festejos a Buñuel

José María Lassalle, el secretario de estado de Cultura de España, participará el próximo lunes 29 de julio en los actos de homenaje a Luis Buñuel organizados en México.
El Ministerio de Cultura español informó que Lassalle pronunciará una ponencia en torno a la figura de Luis Buñuel y asistirá a las actividades programadas en la que fuera la casa del artista.
“Con este homenaje, la Casa Buñuel inicia de nuevo su actividad, tras cerrar sus puertas en mayo de 2012 para acoger obras de acondicionamiento y mejora realizadas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España”, informó el Ministerio a través de un comunicado.
Además de la intervención del secretario de estado, la Casa Buñuel acogerá dos talleres: Curaduría de cine, impartido por la experta Garbille Ortega y El cine como espejo, impartido por el cineasta Jonás Trueba.
También se exhibirá el documental Luis Buñuel: un cinéaste de notre temps, de Robert Valery (1964) y se procederá a la lectura de fragmentos de su obra autobiográfica Mi último suspiro, por parte de algunos de sus amigos, colaboradores y admiradores, como Silvia Pinal, Arturo Ripstein, Alberto Gironella, Gabriel Figueroa, entre otros.
Estas primeras actividades, indicó el Ministerio español, fueron organizadas por el Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA) –titular de la Casa Buñuel–, en colaboración con la dirección general de Actividades Cinematográficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Consejería de Cultura de la Embajada de España en México.
En este viaje Lasalle también mantendrá reuniones bilaterales de carácter oficial con el subsecretario de Educación Superior del gobierno de México, Fernando Serrano; el presidente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Rafael Tovar, y el rector de la UNAM, José Narro.

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