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Paz, Fuentes, De la Colina, entre los amigos de Buñuel en sus últimos años, recuerda Carmen Parra

Érika P. Buzio / Agencia Reforma

Ciudad de México

Carmen Parra tenía 29 años cuando conoció al pintor Alberto Gironella, y a través de él se hizo amiga de Luis Buñuel.
“Siendo la mujer de Gironella asumí varios cargos específicos: ama de casa, artista y amiga de don Luis y de su mujer, Jeanne (Rucar)”, relata.
Buñuel fue, junto con el poeta Octavio Paz, testigo de bodas de la pareja.
A Parra se le ocurrió pedirle un regalo como recuerdo, pero él replicó: nunca había dado un regalo, ni a su mujer ni a sus propios hijos. Así que le encargó al guionista Julio Alejandro conseguir el obsequio: una tela hindú antigua.
En sus últimos años, el cineasta aragonés salía poco de su casa en la Cerrada de Félix Cuevas 27. Eran sus amigos quienes iban a visitarlo, no sin antes llamar para ser recibidos.
Buñuel prefería las reuniones pequeñas con no más de seis o siete personas. “Para poder oír porque era sordo”, precisa Parra.
Acudían Juan Ibáñez, el fraile dominico Julián Pablo, José de la Colina, Octavio Paz, Carlos Fuentes… “Un duelo de titanes”.
Recuerda que cada encuentro era una celebración. “Era como recibir al gran papá de la imaginación”. Y como tributo, se preparaba un banquete. Las costillas de carnero lechal era uno de los platillos favoritos del realizador.
De aquellas reuniones no participaba Jeanne, relegada a su papel de ama de casa, y a quien Buñuel sólo permitía ir a jugar cartas por las tardes con los vecinos, un matrimonio amigo, cuenta Parra.
La pintora tiene en la memoria una casa austera, sin lujos, como su propietario. En el dormitorio de Buñuel había apenas lo indispensable: una cama, una silla y una lámpara. En la biblioteca guardaba los “libros prohibidos”.
Parra presume aparecer en Mi último suspiro, las memorias de Buñuel. Ahí relata una anécdota de 1978, en París, sobre su divorcio de Gironella.
“El matrimonio daba la impresión de no ir viento en popa. La mujer regresó a México, el pintor se quedó en París y, tres días después, recibió la noticia de que su esposa había presentado la demanda de divorcio. Sorprendido, el hombre preguntó la causa. El abogado le respondió: Es por un sueño que ella tuvo”, narra Buñuel.
Estar con el cineasta, asegura, era estar con un ser excepcional.
“Un hombre irrepetible. Es el ojo de España junto a Picasso y Dalí en el arte del siglo 20”.

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