No hay vigilancia de autoridades en zonas de embarque en Caleta, Caletilla y La Roqueta
Karla Galarce Sosa
Invasión de bañistas en la zona de embarque y desembarque en las playas Caleta, Caletilla y la Roqueta, así como una gran cantidad de vendedores ambulantes e invasión de puestos por vendedores ambulantes en los accesos a la franja de arena, es lo que se observó ayer al llegar a la zona náutica del puerto, donde no existe presencia de autoridades que vigilen el cumplimiento de la ocupación en Zona Federal Marítimo Terrestre y en el movimiento de embarcaciones.
La odisea de los turistas por llegar a la isla de La Roqueta comienza con el ofrecimiento de múltiples productos en el puente que divide las playas Caleta y Caletilla, donde un puñado de prestadores de servicios turísticos ofrecen paseos en lanchas de fondo de cristal, yates de dos pisos o sobre embarcaciones que simplemente trasladan a los visitantes a la isla.
El presidente de la sociedad cooperativa Sedna Tours, Francisco Salmerón Alarcón, uno de los grupos de prestadores de servicios náuticos de la zona, dijo que cada día son trasladadas de 500 a 600 personas a la isla de la Roqueta, la mayoría, dijo, son turistas provenientes de la ciudad de México, Querétaro, Guadalajara, Tlaxcala y hasta de Monterrey.
Celebró la promoción que ha hecho el gobierno estatal para que más visitantes lleguen al puerto en la actual temporada vacacional de verano, cuyos registros alcanzaron una ocupación hotelera de 90 puntos porcentuales en promedio para este puerto.
Descartó que el accidente en el que resultaron lesionados 42 turistas que viajaban rumbo a la isla haya afectado en la prestación del servicio, debido a que éste aumentó respecto al año pasado. Indicó que en las playas de Caleta y Caletilla falta información sobre los señalamientos en playa, además que no existe autoridad que alerte a los bañistas en esa zona del riesgo que implica nadar cerca de la zona de embarque y desembarque de servicios náuticos.
El viaje de ida a la Roqueta
Los precios de los paseos son ofrecidos en 70 pesos, el traslado a la isla, en 40 o 50 pesos; costo que se determina según el tipo de embarcación, porque algunas son de fondo de cristal, otras de dos pisos y una más –las menos– son lanchas rápidas que se utilizan únicamente para el transporte de pasajeros de la isla al islote Caleta-Caletilla, pero que son del “servicio pirata”, acusaron algunos prestadores de servicios náuticos, quienes aseguraron que a pesar de la presencia de inspectores de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), el servicio se sigue ofreciendo sin que ninguna autoridad ponga el remedio al problema.
Una vez elegido tipo de servicio, el visitante puede disfrutar de un paseo por las casas de famosos que incluye la visita al santuario de la Virgen de los Mares, que dura unos 40 minutos; el paso simple hasta la isla o la vista de las embarcaciones de dos pisos.
La excursión de los Muñoz, un grupo de turistas provenientes de la región centro del país, de Tlaxcala, eligieron el viaje largo, que no sólo incluyó un recorrido por las casas de Mario Moreno Cantinflas, de Miguel Alemán y el hotel del multimillonario Carlos Slim, el actual hotel Boca Chica, sino el paseo por la explicación de las múltiples maravillas que se ven en tierra firme. También observaron las gaviotas que revolotean la embarcación y la zona hotelera a lo lejos.
Uno de los mayores atractivos son los clavados de dos jóvenes que dan de comer a los peces de colores para acercarse a la embarcación. El capitán de la embarcación contó la historia sobre la virgen que está en el fondo del mar. Allí hubo un retraso por la venta de comida a bordo de otras lanchas que se acercaron a la que transportaba a los turistas y que buscan vender algunos alimentos. Tras 15 minutos de vendimia náutica los turistas llegaron a la isla de la Roqueta y desembarcaron en la recién certificada Playa Larga.
La estancia en la isla
Da la bienvenida un letrero en inglés y español que indica la certificación de la playa como limpia. En el muelle, se observa a una niña que vende caracoles a los visitantes. El tránsito de personas es constante, dijo uno de los prestadores de servicios turísticos que invitó a los visitantes a no arrojar basura al mar durante su estancia y utilizar los cestos para basura para depositar los residuos según lo indican los letreros pegados en cada uno de ellos.
En el muelle, hay dos policías turísticos que también dieron algunas indicaciones a los visitantes.
Las sombrillas allí instaladas, según explicaron los miembros de la familia Núñez Villanueva, provenientes del estado de México, son un préstamo a cambio del consumo en algún restaurante de la playa. Otros visitantes llevan consigo toldos o sombrillas para resguardarse del inclemente sol, aunque existe un gran número de sombrillas instaladas que reducen la playa.
Los pasillos más cercanos a la Playa Larga de la isla, son ocupados por mesas y sillas. Las familias se instalaron en los muros de contención de los pasillos o en las banquetas de los pasillos para disfrutar de las tranquilas aguas de la playa.
Los tradicionales sonidos de caracoles, producidos por vendedores de esos especímenes, hacen eco entre las laderas de la isla. Durante el recorrido que se realizó ayer desde temprano, se contaron cuatro embarcaciones que ofrecían diferentes tipos de caracoles y conchas a los visitantes.
El letrero que invita a los bañistas a cuidar la playa que recientemente recibió la certificación de playa limpia, fue atendido por la mayoría de los visitantes.
También se observó a la ambientalista y promotora de la certificación, Robin Sidney con un megáfono en la mano, invitando a los turistas a depositar la basura en bolsas para después dejarla en los cestos para residuos.
La zona emboyada para los bañistas tampoco es respetada por los visitantes. Tres cuartas partes de la playa de la Roqueta destinada para recreación, está delimitada por cuerdas con boyas, sin embargo a lo largo de la playa, decenas de bañistas ocupan el área destinada al embarque y desembarque para deportes acuáticos. Incluso, en lo más alejado de la playa, se pudo observar que los integrantes de dos familias esnorqueleaban en la misma zona donde subían y bajaban los usuarios de bananas y motos acuáticas.
Durante el recorrido por la isla, se observó una patrulla de la Secretaría de Marina (Semar), cuyos tripulantes invitaron a un turista a nadar dentro de la zona de bañistas, puesto que estaba entre embarcaciones ancladas, a unos metros de la zona de emboyado para los bañistas.
El regreso a Caleta
Los capitanes de las embarcaciones de traslado solicitaban a los tripulantes a usar los chalecos salvavidas, recomendación que es más enfática luego del accidente donde resultaron lesionados 42 turistas a bordo de la lancha Júpiter el mes pasado.
“Está más chida el agua por acá, ¿no?”, comentó un niño a su papá cuando volvían después de unas horas de estancia en la isla.
Los paisajes que los visitantes disfrutan a distancia durante el viaje de 10 minutos de vuelta del embarcadero la Roqueta a Caleta, son las cabañas del hotel exclusivo Bayan Three, ubicado en la península de Puerto Marqués, y del lado contrario, el emblemático hotel Boca Chica, que recién adquirió el millonario Carlos Slim en la zona tradicional del puerto.
El desembarque y la venta en Caleta y Caletilla
En el islote de Caleta-Caletilla existen decenas de vendedores ambulantes que ofrecen una gran cantidad de artículos de playa, recuerdos, ropa, bolsas, comida, lentes y hasta fotografías capturadas durante el trayecto del viaje a la isla.
Los mangos con chile de diversos tamaños, son vendidos desde 5 hasta 30 pesos, según el tamaño. Los abanicos elaborados con palma, son adquiridos por los visitantes en 15 y hasta 30 pesos, según se “deje y negocie el comprador”, comentó una indígena que ofrecía esos productos en el puente que va a dar al islote.
Aunque en menor cantidad que en otros años, persiste la presencia de vendedores ambulantes que se instalan en el puente que divide Caleta y Caletilla; los comerciantes se instalaron bajo la sombra de los árboles o en la escasa área de sombra que proporcionan los sostenes del puente; en los extremos del mismo, se instalan vendedores de ropa, quesadillas, donas, conchas, aceites y cremas.
También abunda la cantidad de vendedores de comida en Caletilla. Allí, se observó que los comerciantes, ofrecen en lanchas, cocteles de mariscos y ostiones en su concha.
En la franja de arena de Caleta, al menos 20 puestos de comida que utilizan anafres y estufas de carbón ofrecían a los turistas esquites, plátanos fritos, antojitos mexicanos y enchiladas.
La experiencia de viajar a la isla de La Roqueta, comentaron quienes volvían de ese lugar, “es única y vale la pena volver a visitarla, aunque esté llena de ambulantes y te vendan caras las cosas”.




