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Federico Vite

¿Qué es el humor inglés?

El escritor gringo Henry James relata con sarcasmo que durante varias tertulias literarias y noches bohemias conoció personas (escritores pedantes y talentosísimos para echar a perder las conversaciones con acotaciones académicas) sin noción de la realidad. Esas anomalías vitales rompían la armonía de las reuniones y el autor de El retrato de una dama –de acuerdo con la investigación de Joanna Levin, Bohemia in America– llegaba a su casa preguntándose, ¿por qué esos genios de la nada no escribían sus frustraciones en una novela? No creo que Tom Sharpe haya asistido a las fiestas del diplomático James, en especial porque Tom nació años después de la muerte de Henry, pero vaya que este inglés escribió con sarcasmo acerca de las debilidades humanas.
Wilt, obra cumbre de Tom pu-blicada por la editorial Secker and Warburg en 1976, ha vendido más de 14 millones de ejemplares en el Reino Unido. En 1990, la editorial Anagrama (empresa que posee desde 1979 los derechos para publicar esta novela en castellano) presumía en la cuarta de forros que la historia de Sharpe había llegado a la reimpresión 19.
Sharpe, confesó al periodista Llàtzer Moix, autor de la biografía Wilt soy yo, que publicó su primera novela a los 43 años (Reunión tumultuosa), pero no se sentía a gusto escribiendo con seriedad. Probé con la farsa, continuó, y dejé de pensar melodramáticamente en mi infancia y comprendí que con humor me permitía hablar de mis debilidades y frustraciones. “No pensé que mi padre era un pastor de la iglesia anglicana, de ideas nazis y trato duro ni que mi madre estaba muy enferma, ni nada de esos detalles que me hicieron huir a Sudáfri-ca en mi juventud. Descubrí que la farsa es un gran aliado en mi vida”, dijo.
Wilt narra la singular vida de un profesor de la Escuela de Artes y Oficios Fenland. Henry Wilt lleva diez años?en el Departamento de Artes Liberales dando clases de literatura a los alumnos de Instalación de Gas, Enyesado, Albañilería y Lampistería, Carne Dos y Motor Tres.?Anhela un ascenso, pero toma con ligereza las negaciones?sistemáticas?de los directores del instituto, quienes le hacen saber que para él no hay posibilidades de crecimiento en la academia. Para sacar las tensiones fantasea con asesinar a su pelirroja, fogosa e inestable esposa Eva “entusiasta de la meditación trascendental, el yoga o la última novedad in del new age”, quien conoce a los Pringsheim, una original y cool pareja de americanos que invitan al matrimonio Wilt a una fiesta. En la reunión ocurren algunos incidentes que el protagonista no soporta (es violado por una muñeca inflable) y decide irse del convivio sin su esposa. Muchas horas después vuelve a casa, encuentra una nota de Eva en la cual se informa que se va de viaje con los Pringsheim y como se ha acabado el papel higiénico, Wilt utiliza el recado y lo tira en el inodoro. En ese momento se pone en marcha el engranaje del destino. Este hombre es acusado de haber matado a su mujer y sufre una persecución policial comandada por el detective Flint. Durante 252 páginas, el lector se burlará compasivamente del alter ego de Sharpe.
Más que una novela que critica el clasismo de los ingleses y la represión sexual, Wilt es una farsa que propicia la sonrisa constante. El autor no buscaba crear un monumento literario. Este libro, digamos, es una especie de episodio monumental de Monty Python o alguno de los proyectos alternativos de los hermanos Marx.
Henry Wilt protagonizó seis novelas y una película, tiene un nicho en la tradición de la novela cómica inglesa. Se le emparenta con los personajes de Noticia bomba, de Evelyn Waugh; ?Jeeves, de P.G. Wodehouse y El libro de Rachel, de Martin Amis. En términos generales, Wilt forma parte de ese abstracto que conocemos como humor inglés, algo a caballo entre la extravagancia y la circunspección.
Sharpe murió en Llafranc (Costa Brava) el mes pasado. Lle-vaba 20 años radicando en esta parte de España, pero no hablaba español ni catalán. Cada tarde solía visitar un bar en la playa Palafru-gell, encendía su puro y pedía un whisky. Tal vez pensaba en lo que le había dicho al periodista Llàtzer Moix: “Wilt me gusta porque es alguien que hace ya algunos años que renunció a la visión romántica de la vida, que ha aprendido que hay que sobrevivir haciendo cosas que a menudo no nos gustan. Wilt soy yo”.

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