Eduardo Pérez Haro
La economía demanda otra
estrategia
Para Federico Arias.
Ahora que usted hace la lectura de este artículo, estará en los medios de comunicación el informe de la Coneval con las cifras actualizadas sobre la pobreza en México que el régimen panista alcanzó en sus dos últimos años de gobierno pero independientemente del resultado que se anuncia, podríamos no preocuparnos ante la serie de transformaciones prometida por el gobierno en turno: empleo, formalización del empleo informal, remuneración justa y digna, educación de calidad, acceso a la tecnología, lap tops para la educación básica, acotamiento de los monopolios en las telecomunicaciones, derecho y acceso a la información, acceso al crédito y disminución de la tasa de interés, aspectos que se encuadran en un marco económico estable y sólido como lo demuestra un tipo de cambio donde el peso vence reiteradamente al dólar, el déficit público se encamina a nivel cero, la deuda pública se encuentra en niveles administrables en una perspectiva de crecimiento al 6% del Producto Interno Bruto y niveles de inflación con una meta del 3%.
Cimientos que parecen congruentes e imprescindibles para edificar el crecimiento con el que México podrá estar entre los primeros 10 de los 194 países que hacen al mundo contemporáneo y retomar el liderazgo que en algún momento tuvo en América Latina. Para ello se han instrumentado las reformas estructurales en lo laboral, lo educativo, las telecomunicaciones y el sistema financiero, y parecería que sólo resta capitalizar a Pemex como pilar de la industria energética y fortalecer el presupuesto público que daría garantía a una eficaz tarea del Estado como promotor del crecimiento y garante de la paz social. Los ciudadanos sólo tenemos que movernos para no quedarnos fuera de la democratización de la productividad, que todo ello presupone, y disponernos voluntariamente a sumarnos a los trabajos de la Cruzada contra el Hambre que este año se concentrará en 80 de los 2 mil 417 municipios y 16 delegaciones del país.
Así se han colocado las piezas de esta historia que habría de escribirse en el lapso de los seis años que corresponden al régimen gubernamental en curso, y no parece mala idea pero preguntémonos ¿cómo van las cosas?, ¿qué tan firmes son los cimientos que se han colocado? y ¿cómo apunta la ejecución del proyecto en cuestión?
Con base en los registros del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) creció 1.7%, avance que fue mucho menor al 4.9% registrado en igual periodo de 2012 y el más bajo en cuatro años. Consecuentemente, la Comisión Económica para América Latina (Cepal) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la semana pasada modificó su estimación de crecimiento económico para México que en abril de este año fue de 3.5% y ahora lo ajusta a 2.8%.
Por su parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI), concuerda con esta línea de ajuste en la expectativa de crecimiento económico pasando de su estimación de 2.4% en abril pasado a 2.9% en este mes de julio de 2013. México crecerá menos que Panamá que pronostica un crecimiento del 7.5%, y asimismo que Perú que lo hará en el orden del 5.9%, que Bolivia con 5.5%, que Chile con 4.6%, que Colombia con 4.0% que Uruguay que lo hará con 3.8% o que Argentina que al decir de la Cepal crecerá 3.5%. En resumen, México crecerá por debajo del promedio de la región latinoamericana que será del orden del 3.0%, su jactancia quedará recargada en que lo hará por encima de Brasil que se quedará en el orden de 2.5%.
Al decir de la secretaria ejecutiva de la Cepal, Alicia Bárcena, “estamos ante un momento difícil y frágil pero la región tiene activos para enfrentarlo aunque debe trabajar con políticas contra-cíclicas, contar con un pacto social y aplicar políticas redistributivas”. Si tomáramos en cuenta lo expresado por la directiva de la Cepal podríamos decir que no coincide con lo que se está haciendo por parte del gobierno de México, sino al contrario.
El gobierno no ha puesto en práctica políticas contra-ciclícas que supondrían un ejercicio del gasto público en áreas de inversión que detonasen procesos de inversión y por consecuencia derrama y dinamización de las actividades productivas y comerciales, por el contrario, el gobierno de México ha hecho gala de subejercicio aduciendo el costo de aprendizaje y adecuación de todo inicio de gobierno y la diligencia por asegurar procesos electorales pulcros. En realidad las explicaciones no resuelven el hecho y todo parece que a las limitaciones de desempeño de la administración pública hay que sumar la disminución de los ingresos públicos por detrimento ya reconocible de la economía. Por lo que hay que decir que no son los pronósticos de los organismos internacionales los que se ajustan sino los compromisos mismos de la propia Secretaría de Hacienda, que por lo demás ha llevado el discurso presidencial a un optimismo sin fundamento y lo que es peor al temprano incumplimiento que le empieza a poner piedritas en el camino que apenas ha iniciado.
En dispensa de tal situación se apela a la crisis externa pensándose que por ser externa no debería de traducirse en cuestionamiento o reclamo de incumplimiento a lo prometido y comprometido, empero, es un recurso muy desgastado (Calderón dijo lo mismo) y no dispensable para la clase gobernante, primero porque no repararon en prometer sin advertir que la economía mexicana en la era global ya no se resuelve por sí sola y depende particularmente de la economía norteamericana que ya estaba en serias dificultades desde la crisis inmobiliaria que estalló en 2008 precisamente en Estados Unidos, y que el horizonte de esa relación habría de afectar a la economía mexicana que desde hace tres décadas se colgó del sector externo sin ningún miramiento o mejor dicho sin ningún cálculo de que ese ciclo habría de cerrarse en algún momento y que en tal circunstancia la mejor previsión era la de establecer las bases del desarrollo interno que en un momento dado tendría que intervenir ante el término del primer ciclo de la era global (la crisis).
Tal vez no lo dijeron porque no lo terminan de entender en sus justos términos (los ciclos de la reproducción) pero en ningún caso ignoraban la crisis norteamericana per sé, ni la dependencia de México respecto de ésta. Esto segundo no tiene disculpa (la teoría del “catarrito”) y lo primero habrá que resolverlo (la incomprensión de los ciclos de la reproducción del capital). El propio Fondo Monetario Internacional en su valoración caracterizó como “tibia” la recuperación económica de Estados Unidos tras el crecimiento del 2.2 por ciento del año pasado, afirmando que de acuerdo con sus proyecciones, la economía norteamericana crecerá a una tasa de 1.7% este año con riesgos adicionales derivados de la crisis en la Eurozona cuya persistencia “podría provocar el resurgimiento del stress financiero”, afectando el mismo intercambio financiero y comercial con Estados Unidos.
Frente a esta situación de la economía norteamericana se explica que el intercambio comercial de México con el exterior alcanzó un déficit de mil 863.4 millones de dólares en el primer semestre del presente año, después de que en el mismo periodo de 2012 había sido favorable para el país en 3 mil 70.9 millones de dólares. En tanto las exportaciones petroleras reportaron un desplome anual de 8.3 por ciento en el primer semestre de 2013, desde una caída de 3.5 por ciento observada en el mismo lapso de 2012, según informó el Inegi la semana pasada.
Concomitante con ello México dejó de ser definitivamente autosuficiente en la producción de petrolíferos, como gasolinas y diesel, y petroquímicos, por los cuales pagó 21 mil 165.4 millones de dólares por su importación para atender la demanda interna de esos productos durante el primer semestre del año, 2.4 por ciento más que en el mismo lapso de 2012. La misma Cepal ha hecho público que México tiene la caída de petróleo más fuerte de América Latina entre los países de mayor producción del energético. Desde 2006, la baja ha sido entre 4 y 5 por ciento anual. El especialista en el tema Antonio Gershenson basado en el informe de Pemex del segundo bimestre recién publicado, y en reportes de la Comisión Nacional de Hidrocarburos establece que en el primer semestre hay una pérdida de 53 mil 400 millones de pesos, casi siete veces más que en el mismo periodo del año anterior.
Estos hechos nos indican que los supuestos cimientos que habrían de significar las reformas estructurales en lo laboral, la educación y el sistema financiero no están debidamente colocadas porque sus contenidos no están inscritos en una estrategia de redefinición de los motores del cambio y el desarrollo. El modelo secundario exportador que se activó para entrar en la era global-neoliberal no está siendo modificado, la estrategia es la misma, como si la crisis no existiera, como si fuera sólo un descuido de la regulación financiera o un engolosinamiento por grados extralimitados de deuda pública que producen déficit, errores que de ajustarse con el ahorro público y un buena regulación todo podría llevarnos al reencuentro del crecimiento y el auge del desarrollo como una segunda luna de miel de la era global. Ojalá pero no es tan sencillo. Y en razón de ello habría que repensar el sentido de las reformas que se avecinan.
El pacto social del que habla la secretaria ejecutiva de la Cepal tampoco está en el escenario de los primeros meses del novel régimen de gobierno del ahora más viejo PRI, pues lo que hay es un frágil acuerdo con las dirigencias de los otrora partidos de oposición que como lo hemos señalado sirven para el trámite legislativo con una representación muy distante de las sociedades de base y que por tanto no resulta ser un interlocutor real con la sociedad y por tanto no dan lugar al pacto social en cuestión. Más aún, no hay pacto social, no sólo por la omisa representación de los legisladores, sino por lo que hemos colocado en primera instancia, la ausencia misma del cambio como contenido sustantivo de un nuevo acuerdo entre la sociedad y el gobierno.
El pacto social como base de la nueva institucionalidad del Estado no puede ser reducido a una negociación económica de toma y daca o concertacesiones sino un cambio de estrategia en el desarrollo que presupone la inclusión estructural de los actores, en este caso de la sociedad, sus mecanismos de representación, los procesos de desempeño de los representantes, la relación entre los poderes de gobierno, la capacidad de escrutinio de las sociedades de base y la inclusión directa en la educación para los jóvenes, en la seguridad social de los trabajadores y sus familias, del empleo para la población en edad de trabajar y las políticas públicas como mecanismo estratégico para hacerlo no a la manera de políticas sociales sino como políticas económicas y de fomento productivo, políticas que por supuesto no están en esta línea y eso se reconoce por las autoridades mismas del gobierno en las dependencias que canalizan los componentes subsidiarios a los costos de producción para el fomento de las actividades económicas. La macroeconomía para el crecimiento se debilita y como marco definitorio desdice el primer y gran supuesto para hacer reformas cuyos contenidos se definen en la misma dirección. El curso de la economía demanda otra estrategia, otras reformas y otras políticas de Estado. ¿Por dónde empezamos?




