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Humberto Musacchio

La REPÙBLICA DE LAS LETRAS
Teresa Uriarte a Difusión-UNAM

Por primera vez, la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM tiene al frente a una mujer: Teresa Uriarte, quien dispone de una larga y provechosa trayectoria dentro de la misma universidad, donde se graduó como licenciada, maestra y doctora en historia, ha sido profesora de la Facultad de Filosofía y Letras e investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas, está al frente del Seminario de Pintura Mural Prehispánica de México y ha sido integrante de órganos colegiados. Ha sido curadora de importantes exposiciones de arte prehispánico y participó en la puesta en marcha del Centro Cultural Tlatelolco que dirige con singular acierto Sergio Raúl Arroyo. La doctora Uriarte cuenta con una amplia bibliografía y para todos los efectos dispone de credenciales de valor intelectual. Pero es también mujer de iniciativas brillantes, capacidad de conducción y energía para impulsar el trabajo en equipo, como lo atestigua el éxito del Festival Cultural de Sinaloa en los seis años que estuvo a su cargo, lo mismo que la Dirección de Investigación y Fomento de la Cultura Regional de aquel estado, donde en el sexenio de Francisco Labastida como gobernador abrió más de cien bibliotecas públicas, el Centro de Ciencias, un museo arqueológico, otro de historia y uno más de arte, con aportaciones públicas y privadas llevó a buen término la restauración del teatro Ángela Peralta y la renovación del ahora bellísimo centro histórico de Mazatlán. En fin, es una mujer de alto nivel intelectual cuya experiencia administrativa mucho le servirá para enfrentar el burocratismo indolente y la irresponsabilidad. ¡Que haya suerte!

Llevar la cultura a otros centros

Teresa Uriarte hizo público su propósito de sacar la difusión cultural de la Ciudad Universitaria y llevarla a otros espacios de la propia UNAM. Así ocurrió durante el brillante rectorado de don Javier Barros Sierra, cuando personajes acreditados y respetados como Juan José Arreola o Carlos Monsiváis fueron a todos los planteles de la Escuela Nacional preparatoria a impartir conferencias que los jóvenes de entonces escuchábamos con devoción. Fue cuando la entonces Sinfónica de la UNAM, dirigida por el inolvidable Eduardo Mata, llegó a alturas nunca superadas. En ese tiempo mágico se creó el Taller Coreográfico y Gloria Contreras y sus bailarinas recorrían las escuelas para invitarnos a las funciones. Fue entonces que nació la revista Punto de Partida y que se presentaron grandes exposiciones en el Museo de Ciencias y Artes anexo a Arquitectura. Hoy, cuando además de las prepas existen los Colegios de Ciencias y Humanidades, las facultades externas y otros planteles fuera de CU, se hace indispensable llevar manifestaciones culturales del más alto nivel a todos los rincones de la UNAM, dentro y fuera del Distrito Federal. Por supuesto, algo se hace, pero siempre con presupuestos insignificantes, sin apoyo publicitario y sin pago para los artistas e intelectuales que acuden al llamado de la Universidad. Es necesario mejorar la organización y normar el carácter de las actividades. Respecto del pago, hay una tacañería inaceptable, pues la Coordinación de Difusión Cultural dispone más de dos mil millones de pesos cada año, gran parte de los cuales se destina al pago de nómina.

Sealtiel, el plagio y la apropiación

La flamante coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM hizo una declaración que tiene miga. Interrogada sobre el caso de Sealtiel Alatriste, respondió: “Lo que no me gusta son las buenas conciencias. Pediría que el que esté absolutamente libre de culpa que arroje la primera piedra. Todos cometemos errores y él aceptó que había cometido uno… El prestigio del cargo no se vio afectado en ningún momento a pesar de las condiciones en las cuales el maestro Alatriste tuvo que salir de aquí”. Pues sí, y no. No se requiere estar en olor de santidad para señalar la falta ajena ni es plagio todo lo que parece. En su columna del suplemento Laberinto (18/II/2012), el siempre agudo Heriberto Yépez pide distinguir entre plagio y apropiación, pues mientras el plagio se niega a decir su nombre, la apropiación invariablemente da pistas sobre la fuente y señala cómo eso fue precisamente lo que hizo Alatriste. Pero va más lejos, y les recuerda a los críticos de Letras Libres las palabras de Octavio Paz  al respecto: “No estoy en contra del plagio cuando la víctima desaparece. Ya se sabe que el león se alimenta de corderos”. Otro autor –cito de memoria—dice que los escritores mediocres van por la vida tirando aquí y allá buenas ideas, y que llegan los buenos escritores y las recogen. Para concluir, Yépez señala que Nuevo rostro, “el joven poema del Nobel Paz… es un obvio resumen de Los papeles de Aspern de Henry James. En fin, que lo único claro es que entre plagio y apropiación hay una línea muy delgada y no siempre distinguible.
Murió Manuel González Casanova

Cuando tenía 78 años de edad, murió Manuel González Casanova, hermano de Henrique y Pablo de los mismos apellidos y él mismo figura de la vida universitaria. Manuel, maestro en letras, en la UNAM fundó en 1960 la Filmoteca y en 1963 el Centro Universitario de Estudios Cinema-tográficos (CUEC) a la vez que impulsó la fundación de cineclubes en varias escuelas, lo que contribuyó en forma determinante a la formación de una cultura cinematográfica. A él se deben colecciones como Cuadernos de Cine, Textos de Cine, Documentos de la Filmoteca y Séptimo Arte. Dirigió una Antología del cine mexicano (1931-34) y recientemente publicó el disco compacto Escritores del cine mexicano sonoro. Fue actor en las películas Amelia (1964), Derrota (1973) y El infierno tan temido (1975). Preparó y prologó el libro El cine que vio Fósforo, antología de textos escritos con ese seudónimo por Alfonso Reyes y Martín Luis Guzmán, cuando ambos vivían en Madrid. Acusado repetidamente de haber constituido un cacicazgo en el área cinematográfica de la UNAM, González Casanova tuvo críticos de renombre, como Emilio García Riera, pero a final de cuentas se le debe el mayor impulso al cine entre profesores, investigadores y alumnos de la UNAM, de ahí que a nadie haya sorprendido que en 2005 recibiera la Medalla Salvador Toscano al Mérito Cinematográfico.

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