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Es una debilidad la relación acrítica de la UAG con el gobierno de Aguirre, dice Alejandra Cárdenas

Lourdes Chávez

Chilpancingo

La maestra emérita de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG), Alejandra Cárdenas Santana, denunció que mientras la máxima casa de estudios no tenga una propuesta crítica y un proyecto propio, va a seguir siendo ejecutora de las políticas que otros diseñan; como ahora que la institución es prestadora de servicios en varios programas de gobierno y se alineó al modelo de universidad que señala el gobierno federal.
La docente e investigadora también indicó que la institución educativa no está a la altura de los retos que tiene el estado, en razón de los datos que colocaron a Guerrero en el primer lugar de carencia alimentaria y por el retroceso en la actividad económica; aunque hay aspectos en que se ha avanzado, afirmó que falta mucho camino por recorrer.
Calificó como una debilidad la relación acrítica del rector Javier Saldaña Almazán con el gobernador Ángel Aguirre Rivero –que en los medios de comunicación se prodigan respaldo absoluto–, porque la institución educativa no puede tener una relación acrítica con el Estado, “debemos tener nuestra propias propuestas, claro, y seguir ciertos lineamientos”, concedió.
Aclaró que no todo en la política educativa está mal, y si bien fue impuesta, destacó que ahora existe una cultura de la evaluación que no había en la institución; y este nuevo rectorado está empeñado en certificar el mayor número de programas.
Sin embargo, aseguró que las formas todavía son débiles porque no hay una consulta adecuada a las bases, incluso aseguró que todavía la gente al interior de la universidad no sabe muy bien qué es lo que se está haciendo.
Sobre las declaraciones del rector, de que ya no van a salir de a las calles a protestar, consideró que no es una posición fuerte, tomando en cuenta que como líder máximo de la UAG, tiene liderazgo, pero no controla los movimientos magisteriales y tampoco es su misión.
En toco caso, señaló que los movimiento sociales, han cambiado también con la evolución de las nuevas tecnologías, y cada vez son más creativos, “las redes sociales le dan otra idea de lo que debe ser la protesta social”.
Enfatizó que se debe consolidar un proyecto con una mayor consulta a las bases, “siento que ahí está una gran debilidad, porque las bases no son los grupos políticos, son los estudiantes, somos los profesores y profesoras que todos los días estamos en la tarea de investigar, en la docencia, en la vinculación, la difusión de la cultura, los que hacemos la universidad”.
Aceptó que los grupos políticos son también la gran flaqueza de la institución, porque siguen decidiendo muchas cosas, que deben dejar a las bases de la universidad.

La universidad pueblo es historia

En una entrevista en un céntrico restaurante, la académica señaló que aquel proyecto de universidad pueblo (que no quería saber nada de los gobiernos) hace tiempo que forma parte del pasado histórico de la UAG.
Recordó que desde el periodo presidencial de Ernesto Zedillo comenzó una transición a un nuevo tipo de universidad, que “desgraciadamente” tomó como modelo de  educación superior a universidades-empresa como Harvard, en muchos sentidos.
Aclaró que la de Guerrero nunca será como la estadounidense universidad de Harvad, “y algunos ni lo deseamos”, pero en esa carrera se dejaron de lado cambios importantes, que deberían retomar para darle un sentido social a la institución.
Puntualizó que no han sido retomados los movimientos de las mujeres, el reconocimiento de los derechos humanos de una parte muy importante de la población en Guerrero, la lucha contra la pobreza, por las prestaciones sociales y la seguridad social, las demandas de las personas con capacidades diferentes, de los ecologistas, de los que son diferentes desde una perspectiva de prácticas sexuales.
A pesar de que el nuevo modelo educativo de la universidad dice que se tienen que incluir todos los discursos de los movimientos sociales, “no se ha alcanzado a entender la importancia de abrir las puertas y ventanas”.
Reconoció que hay cosas que ya no podrían ser de aquel ideal de universidad pueblo, pero hay temas rescatables en el tipo de vinculación que tenía con la sociedad, “creo que hay desafíos importantes, porque el mundo del conocimiento también se ha transformado, el avance tecnológico, los procesos de ciudadanización, implican una nueva visión de la universidad”.
Señaló que desgraciadamente muchas personas dentro de la institución consideran que son agendas ajenas; por ejemplo, el tema de género, la UAG simplemente se vincula con estos movimientos, que también están ahí.
Aseguró que las cifras del Inegi revelan que los universitarios tienen un enorme desafío y la UAG se tiene que transformar; en este sentido, señaló que no se puede mantener la oferta tradicional de licenciaturas y carreras, que está generando jóvenes rechazados en las materias de ciencias de la salud.
“Necesitamos abrir programas de certificación de competencias, para certificar los saberes de las parteras y otros que posee la gente, que reclaman un espacio y del reconocimiento para la certificación de este tipo de competencias”.
Aclaró que el concepto de competencias se debe entender en el sentido más amplio, no para el trabajo, sino para la vida.

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