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Sigue siendo el Paseo del Pescador una plataforma de opciones para el turismo

Salvador Serna

En busca de alternativas de entretenimiento y diversión, miles de turistas nacionales optan por ir al muelle del Paseo del Pescador para conocer, desde la perspectiva marítima, más de los atractivos naturales del puerto de Acapulco.
A partir de la 1 de la tarde, el viejo Paseo del Pescador empieza a cobrar vida turística para todos aquellos que buscan una opción diferente para divertirse; rentar un yate es una de esas opciones.
Pero vayamos por partes, desde la perspectiva del viejo Paseo del Pescador se pueden contemplar varios escenarios contrastantes, a partir de la división de las clases sociales.
A un lado del Paseo del Pescador se encuentra el viejo astillero, hoy cementerio de embarcaciones en que se ha convertido playa Manzanillo, que paradójicamente, debido a su estratégica ubicación, la hace ser objeto de la codicia del empresario más rico de MéxicoCarlos Slim Helú y su “fundación”.
Más al centro, por donde era playa Honda, porque ya no dejan pasar debido a la reciente edificación de condominios de lujo, se ven las modernas instalaciones de la nueva Marina de Acapulco, cuyo faro gigante, domina la panorámica general y llama la atención de los cientos de turistas que poco a poco van llegando al muelle del Paseo del Pescador.
Al ver la extensa oferta de todo tipo de yates, desde pequeños hasta muy grandes, los turistas van preguntado a los encargados cuánto cuesta rentar uno para pasear gran parte del día.
Los prestadores de servicios náuticos les responden que hay de diferentes precios y horarios, que en general el paseo es por cinco horas, y actualmente hay embarcaciones que van desde los 5 mil hasta los 45 mil pesos. Más hacia el sur del muelle, en punto de las 2 de la tarde, cientos de turistas se conglomeran en la zona de embarque y desembarque de una de las embarcaciones más viejas pero famosas de Acapulco: la embarcación Palao. Allí esta su “capitán” Guido Rentería quien en su particular estilo le da la bienvenida a sus clientes para que aborden su embarcación que los llevará a la isla de La Roqueta, a disfrutar de su playa y de un buffet en el restaurant Palao.
En cuanto llegó la embarcación, un conglomerado de niños buceadores se echaron al agua para pedirle a los turistas que les aventaran algunas monedas al fondo marino.
Tanta es la demanda turística para ir a comer al famoso restaurante –cuya época dorada fue durante la década de los 80, con los inolvidables espectáculos nocturnos donde un grupo de danzantes “salvajes” hacían rituales sujetando antorchas–, que tuvo que llegar otra embarcación bautizada como Mundo silencioso, para llevarse a los turistas que no cupieron en el barco Palao. Llenos los dos barcos, se alejaron del muelle del Paseo del Pescador llevándose con ellos las ilusiones de todos los turistas, que ese día se sintieron como si fueran en el Crucero del Amor, pero a la mexicana.

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