Con doblete de Reyna, Veracruz derrota 3-2 al Cruz Azul
Édgar Contreras / Agencia Reforma
Veracruz
Cuando los celestes ganaban con gol de Pablo Barrera al 29’, vino la acción que cambió el rumbo del partido.
Al 53’, el árbitro señaló penal y además expulsó al cruzazulino Israel Castro, al considerar que despejó con la mano el balón en la línea de gol, aunque lo hizo con el pecho.
De nada sirvió que el jugador se levantara la camiseta buscando una marca ya que se fue a las regaderas en su duelo 400 en la Primera División y en el que jugó como lateral derecho (ante la ausencia de Gerardo Flores), al igual que a comienzos de su carrera.
Y entonces Ángel se transformó en el demonio de los visitantes.
El jugador acertó el penal con un disparo al poste derecho del marco de Jesús Corona.
Cruz Azul se descompuso. Jehú Chiapas aprovechó un rechace de Julio Domínguez al centro y con un zurdazo le dio la ventaja a su equipo, al 66’.
Tres minutos después, Reyna fue fauleado en el área por Alejandro Castro. Corona detuvo el penal, pero el delantero tiene tan buena fortuna que marcó en el rebote.
Ya los cementeros no estaban en la cancha. Los 32 grados de temperatura y la humedad del 52 por ciento habían hecho demasiados estragos.
A Reyna le llovieron patadas, tanto de Rogelio Chávez como Luis Perea, Jair Pereira y Sergio Nápoles, este último quien recibió por esa acción la roja directa al 92’, en otra polémica decisión arbitral.
La banca visitante era un hervidero. El cuarto oficial Hugo Bonilla recibió todos los reclamos dirigidos al silbante, al que se le salió el duelo de las manos y que, después de la primera roja, no echó a Gerardo Torrado pese a que ameritaba la segunda amarilla.
A La Máquina no le alcanzó con el autogol de Adrián Cortés, a quien le pegó el balón luego de un penal fallado por Christian Giménez, el tercero errado por los celestes en el torneo.
A segundos el final, los cruzazulinos reclamaron un penal sobre Joao Rojas, muy dudoso, aunque luego de ser afectados el martes por un gol mal anulado nadie les puede cuestionar su rol de víctimas.




