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Federico Vite

El erotismo se practica

La historia del ojo, novela breve de George Bataille, es considerada por varios críticos literarios como la obra maestra de la literatura erótica. La joven Simone, protagonista de la novela, transgrede en cada uno de sus actos cualquier norma de comportamiento sexual admitido. Se convierte en la encarnación, por una parte, del deseo inconsciente y, por otra, del pecado, de lo prohibido y por ende del placer, que a su vez, por ser fruto del mal, no es más que portador del máximo castigo: la muerte. Así pues, el goce en su plenitud sabe siempre a muerte.
La primera edición de este libro, clandestina y de difícil acceso, se publicó en el año 1928 bajo el pseudónimo de Lord Auch. Su tirada fue muy limitada, tan sólo 138 ejemplares, y contaba con ocho litografías del pintor surrealista André Massón. En 1941 se publicaría una nueva edición, con un tiraje no muy superior a la primera, 500 ejemplares. En el año 1940 se edita una reescritura de la misma con grabados, en esta ocasión, del pintor Hans Bellmer. En 1967, apareció en la portada el nombre del autor Georges Bataille.
Plagada continuamente de semen, orina y sangre, la narración perturba los sentidos del lector al momento de recrear imágenes eróticas, combinadas con la muerte y lo sacro. Por ejemplo: un capítulo donde se describe una masacre sexual dentro de una iglesia en Sevilla y en donde también se menciona de manera magistral: “Estas hostias que ves aquí son el esperma de Cristo en forma de pequeño pastel. Y, en cuanto al vino, los eclesiásticos dicen que es la sangre. Nos engañan. Si fuera realmente sangre, beberían vino rojo, pero beben vino blanco sabiendo muy bien que se trata de orina”.
En la obra de Bataille, la sociedad convierte en reglas morales y legales todo, son obstáculos para que los protagonistas accedan al placer perfecto, asistido por la muerte, el suicidio y la orgía. Para la gente honesta, el universo puede parecer honesto, porque tienen los ojos castrados, y esta es la razón por la que temen a la obscenidad, según el autor.
La metáfora de los ojos es un elemento simbólico que nos invita a jugar con una relación sexual casi infantil, ojo y testículo se conjugan con el blanco del semen y con el rojo de la sangre, líquido que brota al extirpar el órgano, y tal vez es la necesidad de un moribundo extasiado por el placer sexual o la quietud que antecede la muerte, nos encontramos siempre.
El personaje de la joven Simone, que transgrede en todos sus actos, cualquier norma de comportamiento sexual admitido, moral y conscientemente, es la encarnación del deseo inconsciente, es la encarnación del pecado, dijera El Pirulí: lo prohibido. Pero Simone encarna el placer y el máximo castigo: la muerte. Así pues, el goce en su plenitud sabe siempre a muerte. Este libro nos recuerda la máxima: lo erótico no se lee, se practica.

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