Octavio Klimek Alcaraz
Emergencia en Fukushima
El 11 de marzo de 2011, sucedió un terremoto en Japón de magnitud 9 grados en la escala de Richter. Como consecuencia de ese terremoto las costas del Japón fueron azotadas por un tsunami con olas de más de 15 metros de altura. La información que se tiene es de que más de 15 mil personas fallecieron y alrededor de 3 mil más se dan como desaparecidas.
Al día de hoy, las consecuencias son peores de las previstas, ya que con el tsunami fue afectada la central nuclear de Fukushima. Se considera que este es el peor accidente nuclear que ha sufrido el planeta después del desastre nuclear de Chernobil en 1986.
Toda central nuclear necesita una fuente continua de agua para la refrigeración. Esto causa que se ubiquen cerca del mar o ríos. Normalmente se refrigeran con agua destilada, En la central nuclear de Fukushima, ubicada junto al mar, la refrigeración del combustible nuclear con el tsunami quedó al garete. El tsunami dañó los sistemas de refrigeración de tres de los seis reactores de la planta. Incluso, para contener el calentamiento de sus reactores se usó agua de mar. El uso del agua de mar finalmente dejó inservible a la central nuclear.
Aunque el desastre nuclear no causó una muerte directa, decenas de miles de personas de los alrededores de la central nuclear de Fukushima fueron evacuadas por las fugas de radiación. Debido a las fugas radiactivas fueron contaminados alimentos, agua, así como afectada la producción agropecuaria y pesquera de la región. Pocos de ellos han podido regresar a sus hogares condicionados a estancias temporales para dosificar su radiación, así que el dosímetro –medidor de radioactividad– es de uso cotidiano en los alrededores de Fukushima. Además, existe una zona de exclusión obligatoria de varios kilómetros de radio en torno a la planta.
De hecho, es sabido que los trabajadores de la planta fueron verdaderos héroes, porque a costa de arriesgar su salud, permanecieron en sus puestos de trabajo, con ese mítico valor de los japoneses, para realizar las tareas de enfriamiento de los reactores de la central nuclear. Son los llamados “héroes de Fukushima” o los “50 de Fukushima”, que incluso obtuvieron el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2011 por su “valor y comportamiento ejemplar”. Uno de dichos héroes fue el director de la central, Masao Yoshida, quien falleció el pasado 8 de julio a los 58 años de edad debido a un cáncer de esófago. Aunque portavoces de la empresa operadora de la central nuclear de Fukushima, Tokyo Electric Power (TEPCO), descartaron que ese cáncer que acabo con la vida del director de la planta estuviera vinculado con la alta radiación a la que fue expuesto.
La radiación es una contaminación que no se observa. TEPCO reconoce ahora que mil 973 de sus trabajadores participantes en los equipos que han atendido la emergencia nuclear –un estimado del 10 por ciento– tienen la posibilidad de incrementar el riesgo de sufrir cáncer de la glándula tiroides, ya que se vieron expuestos a dosis de radiación de por lo menos 100 milisieverts. Una persona está expuesta en promedio por fuentes naturales a una radiación cada año de aproximadamente 2.4 milisievert.
Para acabar de ensombrecer el panorama, TEPCO confirmó a fines del pasado mes de julio, que el agua contaminada por la radiación se estaba filtrando al mar. Esto es producto de los análisis de muestras de agua de pozos situados entre los reactores y el mar. El agua contaminada ha superado el nivel de la barrera subterránea prevista para contenerla permitiendo que se filtre hacia el mar. Según la información reportada se estima la fuga por ejemplo de tritio radiactivo al mar desde que se produjo la catástrofe en el 2011: entre 20 billones y 40 billones de becquereles. Esto supone entre 10 y 100 veces el volumen emitido durante un año con la planta en funcionamiento normal, o según TEPCO, aproximadamente el equivalente a lo que permiten las normas de seguridad antes del accidente: 22 billones de becquereles al año para el conjunto de los seis rectores de la central. También se ha informado que la empresa está estimando el flujo de estroncio, que tiene efectos graves en la salud humana y el ambiente.
Tan grave es el asunto de la contaminación del agua subterránea, que de plano el pasado 8 de agosto el gobierno japonés decidió tomar de manera directa la gestión de la crisis de la central nuclear de Fukushima para evitar el vertido de más agua contaminada por la radiación hacia el mar, para dejar así de depender de la empresa TEPCO, cuya operación ha sido fuertemente criticada por tirios y troyanos, desde la propia sociedad japonesa hasta expertos nucleares como Dale Klein, exdirector de la Comisión Reguladora Nuclear de Estados Unidos, que en una conferencia en Tokio declaró: “estas acciones indican que tú (TEPCO), no sabes lo que estás haciendo, no tienes un plan y no estás haciendo todo lo que puedes para proteger al medioambiente y a la gente”.
A reserva de esperar que esta crisis de contaminación por radiación nuclear sea resuelta, cabe la reflexión de si es responsable plantear el desarrollo de la energía nuclear en el mundo y particularmente en México, debido a que como se ha probado una y otra vez es una forma de energía de alto riesgo en su operación para la salud humana y el ambiente, además de que los combustibles usados representan una de los desechos más contaminantes y peligrosos que produce nuestro actual desarrollo.
En especial para México, la energía nuclear es una energía cara, de alta dependencia tecnológica del exterior, incluyendo la dependencia del propio combustible nuclear.
P.D. Nuestras condolencias a la familia del Ing. José Guadalupe López Ruelas ante su sentido deceso. El Ing. López Ruelas trabajó en el sector público en Guerrero en las tareas de cuidado del ambiente, siempre lo observé como un hombre bueno, gentil y caballeroso, y que sabía resolver problemas ambientales en el día a día de esta tierra guerrerense. Con él compartimos el trabajo cotidiano por lograr un mejor planeta para nosotros mismos y las generaciones futuras, lo vamos a extrañar.




