Silvestre Pacheco León
El Padre Jesús de Petatlán
Eran dos latinos, sin duda alguna, pero ambos ignoraban el origen nacional de cada quien, sin embargo hablaban con soltura la lengua diaria que se oye en las calles de Los Ángeles, entre español e inglés.
Cuando el primero le preguntó al segundo “What time is it?”, el segundo usó la expresión muy mexicana de “híjole, no sé”, le soltó la segunda para confirmar sus sospechas:
–¿Ser mexicano?
–Yes, fue la respuesta. Yo ser tapatío.
–“Ah, bueno, entonces hablemos español”, convinieron.
–Yo soy de Guerrero, de la mera Costa Grande.
Los dos paisanos entraron al bar en el centro de los Ángeles con la confianza de haberse reconocido.
Como suele suceder en esos encuentros de paisanos fuera de su tierra, la plática comienza con los temas que profundizan su identidad.
De manera que si el tapatío tenía a su virgen milagrosa de San Juan de los Lagos, el segundo no podía ser menos con el Padre Jesús de Petatlán, o Papa Chuy como le dicen en confianza los petatlecos.
Todo empezó con la plática sobre los milagros conocidos de cada uno de sus respectivos santos patronos.
– “Nuestra virgen resucitó a una niña que había muerto en un accidente en la feria de juegos mecánicos”, dijo ya eufórico el tapatío tratando de poner muy en alto el prestigio de su santa patrona.
–“El Padre Jesús de Petatlán sacó hasta la playa un barco que estaba naufragando”, respondió el guerrerense.
Así inició el duelo que definiría al ganador con el milagro más irrefutable, pero no hubo vencedor ni vencido porque antes de esa declaratoria al calor de las copas ambos paisanos terminaron liándose a golpes hasta que llegó la policía.
Ya en la resaca de la borrachera, en la cárcel, nuestro paisano repasó milagro por milagro de los que se cuentan en Petatlán sobre el Padre Jesús y se convenció de que pudo salir triunfador en el duelo de milagros si le hubiera platicado al jalisquillo de aquella vez en que fue imposible sacar por la puerta de la iglesia a la estatua del Santo Patrón de Petatlán porque creció nomás para mostrar su poder frente a los vanidosos y descreídos petatlecos que ya ni iban a la misa del domingo.
Después de aquel milagro todos volvieron a la iglesia a escuchar los interminables y cada vez menos audibles sermones del casi santo padre Goyito, cuando el cura dio crédito al rumor de que la estatua del Padre Jesús abandonaba su altar por las noches y que cuando aparecía por las mañanas tenía huellas de arena del mar en las rodillas.
Pero cuentan que el tapatío hacía lo mismo que el guerrerense recordando que en la iglesia de San Juan de los Lagos, cuando el cura quiso retirar del altar la ya deteriorada imagen de la virgen patrona llevándosela a la sacristía, a la mañana siguiente aparecía nuevamente en su lugar y que, además, pudo ser un ángel aquel personaje misterioso que llegó un día a la iglesia ofreciendo sus servicios para repararla dejándola como nueva.
Por fortuna los paisanos en los Ángeles no se volvieron a encontrar ni para dirimir diferencias, aunque desde aquella vez tanto la virgen de San Juan de los Lagos como el Padre Jesús de Petatlán siguen haciendo milagros a sus cada vez más pedigüeños seguidores.
En aquel chiste pensaba la mañana de este 6 de agosto en la que los petatlecos reciben a miles de creyentes devotos que llegan hasta la cabecera municipal a cumplir sus mandas.
Entre el mar de gente que se empuja dentro del templo para acercarse lo más posible a la imagen del Padre Jesús expuesta en el altar mayor, sólo respetan el lugar de quienes avanzan sobre sus rodillas con veladoras encendidas mientras agradecen con sus rezos el milagro recibido y formulan quizá una nueva petición con la seriedad que sus circunstancias lo requieren.
Como esta fiesta sirve también para el bautizo y las confirmaciones de manos del señor obispo, cuya presencia realza el festejo, el templo está lleno de niños que lloran al verse en brazos ajenos de quienes serán sus padrinos, los que a su vez sudan la gota gorda por el calor y la carga de los ahijados que se han echado a cuestas.
Algunos padres de familia tratan en vano de controlar a sus pequeños buscando algo que los distraiga para que dejen a los demás escuchar la misa que en este caso se acompaña con un concierto de llantos infantiles.
A raíz de esa experiencia nos sigue provocando risa en este recuento lo que nos contó un día sobre esta fiesta nuestra amiga Diana, la joven madre influida de la cultura local, que siguió la costumbre de esperar el 6 de agosto para el bautizo de su hija.
Cuenta Diana que casi a punto de que terminara la misa, su hijita comenzó a enfadarse por lo pesado del ambiente, de manera que tuvo que recurrir al último recurso que le quedaba frente al llanto inminente de la pequeña. Sin pensarlo dos veces empezó a cantarle al oído la canción de moda que entretenía a la niña mientras sutilmente daba caderazos al ritmo de la canción que entonaba: “la mesa, la mesa, la mesa que más aplauda/ la mesa que más aplauda/que le mando, que le mando a la niña”. Sólo así dice la mamá que la niña se olvidó del llanto. El sacrilegio por una buena causa.
Dejo esos recuerdos distraído por el grito de los vendedores que han hecho suyo el espacio del atrio. Los fieles seguidores del Padre Jesús empezaron a llegar desde el sábado. Muchas familias que por años y tradición vienen desde el vecino estado de Michoacán siguen con la vieja y admirable conducta de instalarse en los amplios corredores de las viejas casas del centro.
El lunes 6 de agosto la festividad inició con Las Mañanitas que un engalanado grupo de mariachis entonaron seguidos de los fieles madrugadores. Afuera los diferentes grupos de danzantes no cesaban en sus bailes. Todos vienen de lejos. De la sierra de Atoyac llegó una parada de tlacololeros que no falta ningún año; también vinieron danzantes de Michoacán, de la Costa Chica y de la Tierra Caliente.
Sudando a mares por los indolentes rayos del sol, la mayoría de esa multitud que visita la feria se cuida mucho de no entrar a la iglesia, pues la fama de la habilidad de los rateros que aprovechan la apretura, es proverbial, de hecho poca gente que visita Petatlán en esta feria del 6 de agosto se ha salvado de algún robo.
Hoy la policía busca a una pareja de sospechosos entre el gential tratando de dar con una estatua del Santo Patrón que fue robada del puesto de la esquina, según denunció la vendedora.
El año pasado dicen que el arzobispo secundó a los feligreses que le propusieron llevar a la calle a los santos y figuras más milagrosas para que actuaran en conjunto contra la violencia y la inseguridad que el gobierno administra.
Viajaron hasta el puerto de Acapulco el Padre Jesús de Petatlán, y el Señor del Perdón de Igualapa. Allá se reunieron con la Virgen de la Soledad y cuentan en el pueblo que desde esa fecha ha descendido el número de muertos en el puerto.




