
Acapulco, Guerrero, 26 de marzo de 2025. Francisca Sireño, de 73 años, nahua originaria de Xalitla, es una de las vendedoras más longevas de playa Icacos, lleva 40 años recorriendo parte de la bahía para ofrecer los productos que elabora, llegó a la ciudad porque en el pueblo sólo había trabajo de campo y para los varones.
La mujer de estatura baja, participó este martes en la marcha de prestadores de servicios turísticos que partió de la glorieta de La Diana hasta Plaza España, a un costado del parque acuático Cici.
Expresó que estaba cansada de la caminata, porque ya no está joven, como cuando llegó a Acapulco, en aquellos años, cuando aún elaboraba collares, pulseras, y otros productos que ofrece a los visitantes, ahora vende lo que elaboran su hijo y nietos.
La señora Francisca cuenta que ella no conocía Acapulco, pero la necesidad de trabajar y de vender sus productos la trajo al puerto. A invitación de otras mujeres artesanas salió de su natal Xalitla, una comunidad del municipio de Tepecoacuilco de Trujano, en la región norte del estado, donde el trabajo es en el campo y muy pesado para las mujeres.
Temerosa y con una voz baja, dijo que venía cada que podía a la ciudad, aprovechando el buen auge de visitantes para llevar dinero a su casa. Pero los años la orillaron a quedarse y residir en Acapulco, donde formó su familia, quienes también se dedican a vender artesanías.
La mujer comentó que ya no está en edad de vender, porque se cansa al caminar, además de sus padecimientos, como la pérdida de la visibilidad que le impide hacer collares o esclavas. Pero la necesidad de tener un ingreso la mantiene en la playa, y pese a sus padecimientos dice que uno puede trabajar y que le gusta. Dijo que el dinero de la pensión universal que recibe no le alcanza.
Compartió que en los últimos años la situación para las vendedoras como ella ha ido empeorando, cada vez es menos la venta y el ingreso. En las temporadas vacacionales se enfrenta a la llegada de otras vendedoras, que al igual que ella lo hacía, llegan a la ciudad a vender.
En este contexto la mujer expresó que está de acuerdo en la regulación de quienes se dedican a vender en la playa, a portar un uniforme, aunque mantiene el vestuario típico de las mujeres de su comunidad, pagar un permiso y portar una credencial, aunque hay días en que no saca ni lo del pasaje.
Texto: Jacob Morales Antonio


