
Acapulco, Guerrero, a 11 de mayo de 2025.- Muchas abuelas asumen la crianza de los nietos huérfanos por feminicidios, junto a los costosos y extendidos procesos legales inherentes al asesinato de una madre, en un sistema que no garantiza el derecho a la justicia pronta y expedita para las víctimas directas e indirectas del delito.
Uno de estos casos fue compartido por la señora Reyna que recuperó por su cuenta a su nieta, huérfana por feminicidio, tras un año de juicios y demandas que hoy siguen abiertas con el padre de la niña.
Obtuvo la guardia y custodia provisional de la niña debido a los riesgos y necesidades especiales de atención que requiere la pequeña, pero debía esperar el procedimiento para la entrega formal, que podría tardar mucho tiempo de acuerdo con su abogado.
Acompañada con su hija menor, Estefanía, decididas fueron a un local de mercado en Acapulco, de la familia paterna de la niña, donde su nieta, entonces de 5 años, se quedaba después de la escuela.
Mientras Reyna entregaba al padre de la niña, Jorge, una copia del dictamen de la Guardia Custo-dia, Estefanía aprovechó su confu-sión para tomar a su sobrina en brazos y salir corriendo hacia en un taxi local.
Llegaron a la casa de la bisabuela materna, a donde no tardó en llegar Jorge con policías y militares armados que rodearon la vivienda, acusándolas de secuestro.
Aún con miedo, Estefanía pidió a los soldados que calmaran al quejoso, que golpeaba la puerta. Ella, con un embarazo avanzado, también saldría para hablar con calma.
–Es que este señor nos dijo que aquí secuestraron a su hija.
Erika también explicó que tenía la guardia custodia de las dos hijas de Chantal, la menor de 5 años, que acaba de recuperar, y la de 14 que seguía a su lado.
–Su madre ya no está aquí, porque a su madre la mataron, fue un feminicidio (marzo 2022 en Ayutla) que sigue sin resolver.
“Ahí estaba toda la fuerza del Estado frente a nosotras. Ojalá y así se hubiera perseguido al maldito que mató a mi hermana”, recriminó Estefanía.
Esto ocurrió año y medio después del feminicidio de Chantal.
Recordaron que Jorge llegó al velorio en Ayutla. Erika reaccionó con enojo ante su presencia porque llevó a Chantal a vivir ahí, y después la dejó sola con dos hijas. Se desentendió de ellas.
Estefanía indicó que convenció poco después a su mamá de que Jorge frecuentaba a las niñas, ‘ya perdieron a su mamá, no hay que quitarles a su papá’. En una de estas visitas, el papá se llevó a la hija menor, sin aviso previo.
Preocupadas por la salud mental de la niña que también es víctima de feminicidio, y la desconfianza que tenía Chantal hacia Jorge, Erika acudió al DIF del municipio de Acapulco.
Estiman que con cuatro años, la niña se dio cuenta del momento del ataque a su mamá por personas cercanas a ellas.
En respuesta, Jorge presentó tres denuncias contra de Erika y dos de sus hijas por separado, en los juzgados de Caleta en Acapulco, por violencia familiar, donde dijo que el día del sepelio de Chantal, su exsuegra y excuñadas casi lo dejaron inconsciente de los golpes, indicaron con ironía.
Jorge consiguió medidas de restricción para que no se acercaran a su casa. Erika reconoció que no pudo alejarse, y la visitaba con regalos en el puesto del mercado, para verla porque casi no hablaba por teléfono.
También presentó una demanda por la guardia y custodia de las niñas en Ayutla, y todos los asuntos que se dirimen por separado siguen abiertos.
El día que recuperaron a la niña en Acapulco, “estábamos todos ahí entre el estira y afloja de que él quería a la niña de vuelta y nosotros que no se la vamos a dar, hasta que le dije, ‘pues legalmente son dos hijas las que tienes, si te la quieres llevar, que sea a las dos’, dentro de la casa, las hermanas que se habían reencontrado, se abrazaban llorando con mucha fuerza, ante la posibilidad de los policías las obligaran a salir, para que se las llevaran juntas”. No volverían a separarlas, indicó.
En medio de aquel escándalo, indicó que llamaron a la oficina de la Fiscalía Especializada en Feminicidio en Chilpancingo que explicó la situación a la policía.
El militar manifestó que se lo quería llevar a él por haber utilizado a la fuerza pública con una mentira.
Erika recordó que desde la muerte de mi hija, se presentó como tutora de las dos niñas, porque la mayor aún no tenía 18, para hacer sola la declaración ministerial.
Sobre la atención de las niñas, dijo que como parte del proceso les indicaron terapia en Chilpancingo, pero no hubo constancia ni seguimiento. Erika indicó que cuando estaban en camino a la terapia, la llamaban de la Fiscalía para avisarle que la sicóloga tuvo que salir de urgencias, que qué le parecía si regresaban mañana o pasado.
Si ya estaban ahí, las turnaban con otra sicóloga ‘para que no vengan en vano’. Erika tenía que volver a contar todo lo que había pasado, a las niñas les hacían otra vez las mismas preguntas.
Llamó a las autoridades a priorizar la salud y atención de los niños huérfanos del feminicidio, a identificar sus necesidades, a acompañarnos en el proceso de sanación.
Lourdes Chávez


