
Ciudad de México, 14 de abril de 2019. Aun en el ajetreo citadino, entre el caos del tráfico o los empujones del transporte público, es posible hallar un remanzo en la lectura. ¿Cómo? La respuesta está en los audiolibros.
La irrupción de los dispositivos electrónicos ha facilitado nuevos formatos en la industria editorial y nuevas formas de acercarse a los clásicos, las novedades y los autores favoritos.
Esto se ha traducido en el crecimiento exponencial, no de los e-books, sino del formato digital donde las historias son narradas directo al oído.
“El mexicano no lee por muchas razones, pero una de ellas es que no tiene tiempo”, considera Pamela Valdés, CEO de Beek, la plataforma de reseñas literarias más grande de América Latina.
Sustenta la afirmación en su propia experiencia: ella misma ha visto mermadas sus horas de lectura, y reconoce lo difícil que es abrir un libro en medio de un hacinado vagón del Metro.
“Pero si traes tus audífonos y estás escuchando una voz padrísima que te lo está contando todo, pues ésa es una mejor experiencia, ¿no?”, destaca la egresada del ITAM.
Beek, primera startup mexicana en entrar a la aceleradora de negocios Y Combinator, decidió hace unos meses explorar el negocio de los audiolibros, y ahora posee un catálogo con más de 250 mil títulos, 5 mil de ellos en español, disponibles por una suscripción mensual de 249 pesos.
“Los audiolibros son el sector (que está) creciendo más rápido en el mercado de los libros, es una locura. La gente adora escuchar audiolibros en el tráfico”, dice Valdés.
“Hay mucho interés por los audiolibros, mucho interés en aprovechar los tiempos de traslado, que son mortales aquí en la Ciudad de México, y llenarlos con historias. Ahí es donde parece que están encontrando un espacio natural”, apunta, por su parte, René López, country manager de Storytel, una empresa sueca de audiolibros con presencia en 15 países, que abrió su filial el año pasado en la Ciudad de México.
De acuerdo con un informe de la Audio Publishers Association, difundido a mediados el año pasado, los ingresos del mercado de audiolibros en Estados Unidos sumaron 2 mil 500 millones de dólares en 2017, un aumento del 27 por ciento en relación con el ejercicio anterior, y que es constante en los últimos años.
Una cifra que refleja la magnitud del mercado anglosajón, el más desarrollado en esta materia, con medio millón de audiolibros en existencia, contra los 5 mil en español.
“Son los que existen en el mundo, de verdad, no hay más”, lamenta Valdés.
La startup mexicana no quiere quedarse atrás, parte de su proyecto de expansión es Beek originals, sus producciones propias, 20 hasta ahora, apoyadas en las reseñas de una comunidad que rebasa los 3.4 millones de usuarios; un termómetro automatizado sobre lo que buscan los lectores, explica Valdés.
“Las editoriales están produciendo a toda su capacidad. Ya le están invirtiendo más a audiolibros que a e-books; saben que para allá va (la tendencia). Nosotros necesitamos ir más rápido.
“Yo ya sé qué libros deberían estar en audiolibro en español, tengo todos esos datos. Eso es algo que las editoriales no tienen”, señala.
A través de un equipo de story hunters, mujeres en su mayoría, rastrean a quienes trabajan esos temas, cuya demanda ya identificaron entre sus usuarios. Autores que quieren ser publicados, pero que tal vez no son lo suficientemente atractivos para las grandes editoriales.
“Nosotros vamos a apostar en su contenido porque tenemos algo que las editoriales no tienen: sabemos quién quiere leer eso. No importa quién seas, sabemos quién quiere leer ese tema”, enfatiza Valdés.
Por su parte, Storytel, que llegó a México el año pasado y lanzó su servicio de audiolibros en streaming durante la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, ofrece por 150 pesos mensuales acceso a un catálogo de libros electrónicos y audiolibros con alrededor de 110 mil títulos, de los que poco más de 3 mil 500 son audiolibros en español.
Al igual que Beek, también ha iniciado sus producciones originales, con narradores de la talla de la directora de orquesta Alondra de la Parra o la actriz Vanessa Bauche.
“Nos estamos enfocando en dar oportunidad al talento local, desarrollando contenido que nace para este formato. Es decir, estamos comisionando guiones que nazcan, que se creen pensando en formato de audio, y que sean serializados en 10 capítulos de una hora”, explica López.
“Estamos apostando por crear contenidos originales relevantes y que se adecuen a los hábitos que hoy tienen los consumidores”, agrega el country manager de Storytel.
El encargado de las operaciones de la empresa sueca en México, cuya aplicación móvil se posiciona en el número uno en la categoría de libros de la AppStore de iTunes, considera que el país cuenta con los ingredientes necesarios para que el mercado florezca.
“Hay una tradición oral muy importante; tienes un público o un mercado que entiende muy bien el modelo de suscripción, el modelo streaming, y además hay tiempos de traslados muy largos”, puntualiza.
La llegada de este gigante de los audiolibros que se extendió desde los países nórdicos hacia España y ahora a mérica Latina, a través de México, es algo que la CEO de Beek no ve como competencia, sino como una oportunidad para robustecer el mercado y continuar brindando una alternativa a los lectores.
“Más que afectarnos como competencia, nos ayudan a que el pastel se haga más grande”, dice, “(mientras) le damos la solución a la gente que quiere leer más”.
¿Se acaba el papel?, se le pregunta.
“Yo creo que, en dos años, autor que no tenga audiolibro, es como no estar en Netflix: nadie te va a ver”, sentencia Valdés.
Un postulado que parece augurar el fin de un tipo de lectura que consiste en aprehender con la mirada las líneas impresas en papel, ¿la muerte del libro tradicional?
“Eso es lo que ya va a empezar a pasar: si no estás en Beek, o si no tienes tu audiolibro disponible, la gente no va a escuchar tu contenido”.
La joven aclara su punto y refiere que no considera que el formato clásico de libro vaya a extinguirse, aunque admite que no imagina a sus hijos –cuando los tenga– buscando entretenimiento en papel.
“Creo que hay muchas cosas que tienen que estar en papel, o al menos en e-book, pero el audiolibro me parece la manera más eficiente de transmitir entretenimiento y conocimiento tan extenso como el de los libros”.
Pero, ¿una voz de hombre o mujer, grave o aguda, ajusta su expresividad de acuerdo al relato que va narrando, no le resta esencia al ejercicio de leer e imaginar cada escena, cada personaje?
He leído estadísticas que dicen que el desarrollo creativo, o sea, la imaginación que genera tu cerebro por el audio, es mucho mayor que por leer el texto.
López, por su parte, observa un efecto potenciador desde los audiolibros, y una relación armónica, complementaria, con el papel. Lo análogo y lo digital de la mano en favor de la lectura.
“Lo que hemos descubierto es que la gente que empieza a escuchar audiolibros en Storytel empieza a leer más en papel también, porque justo esto te recuerda el placer por la lectura y empiezas a abrirte otros espacios para hacerlo. También hay mucha gente que se compra el libro en papel y va escuchando el audio mientras va siguiendo el libro.
“Es un complemento, es algo que va a convivir perfectamente. No es una u otra, sino una nueva forma de disfrutar historias”, sentencia.
Su fundadora, Pamela Valdés (CDMX, 1994), la concibió como parte de una tarea escolar mientras cursaba el cuarto semestre de Ingeniería en Negocios en el ITAM.
“Un Netflix de libros. Pagar una suscripción para leer lo que quieras”, idealizó. Junto con amigos entró a un concurso para que el ITAM les otorgara una beca y desarrollar la idea en el Instituto de Tecnología de Massachusetts. Ganaron el segundo lugar, pero no el financiamiento. Los jueces consideraron que el primer obstáculo sería que las editoriales jamás les darían licencias.
Tras la primera negativa, en lugar de soltar la idea, la transformó. Primero, al identificar que no había un sitio de reseñas de libros en español, para lo que creó una página en Facebook, y en sólo seis meses ya sumaba 30 mil seguidores. La prueba de que el mercado existía.
De intercambio en la Universidad de Texas, en Austin, pudo tomar una clase con Robert Metcalfe, coinventor del estándar de red Ethernet, que eventualmente se convirtió en el actual WiFi. Al final de semestre, ya tenía una versión de Beek con usuarios inscritos. Ahí, comenzó lo más difícil: la larga odisea para conseguir fondos.
“Todos me rechazaban. ¡Cien inversionistas me dijeron que no, 100!”.
Con fe en su proyecto, y apoyo de sus padres, dejó la escuela para enfocarse en Beek.
Tras ser rechazada varias veces por la aceleradora de negocios Y Combinator (YC), y a un mes de que se agotara el dinero, consiguió entrar aludiendo a que “las reseñas te vuelven el primer paso de las compras”, y Beek, que ya era la plataforma de reseñas literarias más grande en español, sería el primer paso para comprar un libro en América Latina.
Consiguió un cheque de 120 mil dólares de YC, además de tres meses de trabajo en Sillicon Valley, y de manera casi conjunta llegó el apoyo de la fundación de Peter Thiel, cofundador de PayPal y uno de los primeros inversores de Facebook, que ofrece anualmente 100 mil dólares a 20 emprendedores para que desarrollen su empresa.
Con una pequeña oficina en la Ciudad de México, menos de 20 empleados, 34 veces más reseñas en español que Amazon y un brazo editorial produciendo nuevos audiolibros, Valdés, de apenas 25 años, se dice orgullosa de sus decisiones, de haber dejado la escuela para perseguir una idea en la que creía, al estilo de Bill Gates o Mark Zuckerberg.
“Me gusta mucho creer que estoy en ese camino. Nos falta muchísimo, pero sí me encanta la idea”, comparte.

Texto: Israel Sánchez, Agencia Reforma / Foto: Agencia Reforma


