
Acapulco, Guerrero, a 28 de enero de 2025.- La violencia y los huracanes Otis y John han aumentado la depresión, la ansiedad y el consumo de drogas en Acapulco, advirtió el coordinador del Centro Comunitario de Salud Mental y Adicciones de la colonia Progreso, Óscar Martínez Jaimes.
En entrevista con El Sur en las instalaciones que se encuentran arriba de la Unidad de Salud IMSS-Bienestar Vallarta, indicó que sus pacientes son sobre todo adolescentes de 14 a 19 años y adultos de 35 a 45 años, y expuso que las principales drogas que se consumen en la zona poniente del municipio son cristal y cannabis, además de tabaco y alcohol.
Fue en 2011 que abrió sus puertas la institución como Centro Nueva Vida, dos años después del primer centro de Acapulco que se abrió en la colonia Ciudad Renacimiento en 2009 y que actualmente cubre las zonas suburbana y rural de Acapulco.
Luego pasó a ser Centro de Atención Primaria en Adicciones (CAPA), pero la pandemia de Covid-19 tuvo un impacto en la salud física y mental, por lo que se presentaron “cuadros depresivos, de ansiedad, ideas suicidas, intentos de suicidio y se elevó el consumo de sustancias sicoactivas: drogas, alcohol, tabaco y todo lo demás”.
Estas consecuencias en la salud mental hicieron que el gobierno federal transformara esta institución en Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones, “atendiendo precisamente el consumo de sustancias sicoactivas y atendiendo pues ansiedad, depresión, ideas, pensamientos e intentos suicidas y la autolesión principalmente, entre otros trastornos”.
El centro comunitario de la colonia Progreso, que se encuentra a un costado de la Clínica Avanzada de Atención Primaria a la Salud (CAAPS) y está prácticamente rodeado de los puestos del mercado campesino, atiende a vecinos que viven de la colonia 20 de Noviembre hasta los poblados de San Isidro y El Pedregoso.
Martínez Jaimes, quien suma siete años laborando en la institución de esta colonia y desde el paso del huracán Otis es su coordinador, indicó que “la sociedad no es muy dada a acudir a un sicólogo o también a la misma especialidad de siquiatría porque no lo percibe como una enfermedad esa situación, entonces se descuida mucho la salud mental”.
“Sin salud mental no hay salud, la verdad, porque ya se habla que la ansiedad y la depresión son enfermedades discapacitantes o el mismo estrés”, insistió.
No obstante, la población ha empezado a cambiar esta idea y la agenda de las cuatro sicólogas que laboran en el centro de la Progreso está llena, dos en la mañana y dos en la tarde; cada una de ellas atiende cinco usuarios diariamente, “no pueden atender más porque nosotros ofrecemos un servicio de 50 minutos por lo menos por cada paciente”.
El centro comunitario cuenta, además, con una médica con entrenamiento siquiátrico, un promotor, una trabajadora social y un administrativo por la tarde; es decir, un “equipo multidisciplinario”, resaltó el coordinador, pero reconoció que son pocos para la demanda que existe.
Y es que los especialistas también efectúan actividades de prevención de consumo de sustancias y de salud mental en empresas, escuelas, centros de salud y hospitales, estos últimos cuentan con sus propios programas de salud mental, pero no de atención a las adicciones.
Indicó que la pandemia del coronavirus y los huracanes Otis de 2023 y John de 2024 han afectado la salud mental, aunque en la zona poniente de Acapulco más por el huracán Otis, que provocó duelos que “no siempre tienen que ver con situaciones de seres queridos, tiene que ver con el objeto amado”; por ejemplo, la pérdida del trabajo, la vivienda e incluso la mascota.
También, enfatizó, “la violencia es un estresor que lo tenemos día a día, entonces son cuestiones que a la larga nos pueden ir afectando nuestro equilibrio emocional, nuestra salud mental”.
El deterioro de su salud mental se expresa en cuadros depresivos y ansiedad “y algunas pueden también canalizar esa situación hacia el consumo de droga·, todo ello ha aumentado en los últimos años, advirtió.
Los usuarios del centro comunitario de la colonia Progreso se dividen principalmente en dos rangos de edad, el primero va de los 14 a los 19 años, y el segundo de 35 a 45 años, ambos grupos con los mismos problemas y provenientes de todos los niveles socioeconómicos.
Las señales son trastornos de sueño y de alimentos, por lo que es importante el “autocuidado de la salud mental” con ejercicio y alimentación.
Antes de trabajar en el centro comunitario de la colonia Progreso, Martínez Jaimes estuvo en el centro de Ciudad Renacimiento, y comentó que entre ambas lugares hay diferencias, por ejemplo, en el consumo de drogas: en la zona suburbana se consume más solventes que en la zona poniente de la ciudad, donde se consume más cristal, cannabis, tabaco y alcohol.
Destacó que el centro comunitario de la colonia Progreso cuenta con un grupo tanatológico de procesos de duelo para pacientes que han perdido “a un ser querido por la violencia o por el Covid o por el Otis, entonces esas personas están siendo atendidas de manera grupal”.
Otros “estresores” son la mala calidad de los servicios públicos, como no tener alumbrado público, agua, y que impactan a la sociedad y “que es algo que venimos arrastrando desde hace mucho”.
Martínez Jaimes comentó que hace años un comisionado de salud aseveró que en Guerrero no hay salud mental y señaló que es vigente este veredicto en Acapulco por los fenómenos meteorológicos recientes y la inseguridad.
Texto y foto: Ramón Gracida Gómez


