20 junio,2026 1:08 pm

Azahalia Rodríguez y sus letras lésbicas que rompen el silencio: “Tenemos derecho a mostrarnos tal cual somos”

La activista, abogada y teóloga guerrerense está por debutar en la literatura con un libro sobre memoria y ficción que visibiliza el deseo entre mujeres lejos de las grandes urbes. Porque “no es lo mismo ser una lesbiana de una gran ciudad como México, Guadalajara o Monterrey, a serlo en Chilpancingo; pero tampoco es lo mismo ser una lesbiana de la región de la Montaña o de la Sierra”. Esos contextos moldean el miedo y el silencio, y “nuestras familias no nos enseñaron a hablar, a expresar”

 

Ciudad de México, 20 de junio de 2026. El activismo de Azahalia Rodríguez Peralta no se queda en las consignas de las marchas, ahora se traslada también a las páginas impresas. La abogada, teóloga y maestra en humanidades está por lanzar su primer libro: Relatos lésbicos entre la memoria y la ficción. Sin miedo, sin penas y sin culpas. Su urgencia por visibilizar a las mujeres gays a través de esta obra surge de la vida cotidiana en Guerrero.

La próxima semana, cuenta a El Sur, recibirá los primeros ejemplares físicos para comenzar de inmediato con la distribución y las presentaciones.

Conocida como Aza entre sus aliadas, es la encargada de coordinar la sección lésbica dentro del colectivo LGBT Orgullo Guerrero. Desde esa trinchera, busca arrancar de la sombra la orientación sexual de las mujeres en su estado.

La activista explica que el peso de la moral religiosa, los prejuicios y el miedo a las violencias provocan que muchas mujeres prefieran mantener su orientación sexual en secreto, incluso cuando para el entorno resulta algo obvio.

“Nuestras familias no nos enseñaron a hablar, a expresar”, dice Azahalia al recordar cómo el silencio se impone por un tema de supervivencia social frente a las agresiones verbales y físicas. Para ella, los insultos cotidianos siguen siendo un método de control que incomoda y repliega a las mujeres.

La gota que derramó el vaso y la impulsó a publicar fue el clima político actual. Rodríguez alerta sobre los discursos de odio que buscan censurar la presencia de la diversidad en las calles. Considera alarmante que se invite a la comunidad a esconderse en sus casas, violando los derechos constitucionales.

Por ello, este debut literario independiente es una respuesta directa para edificar puentes. La obra aparece en el “mes del Orgullo” para exigir respeto, sensibilizar a las familias guerrerenses y demostrar que el valor de una persona va mucho más allá de su sexualidad.

Un cambio generacional irreversible

La experiencia de vivir la diversidad sexual en el sur del país está profundamente fragmentada por la geografía, enfatiza Azahalia Rodríguez, quien desmitifica la idea de que los avances de las grandes urbes se replican de forma automática en todo el territorio nacional. Para ella, cada región impone sus propios candados culturales.

“No es lo mismo ser una lesbiana de una gran ciudad como México, Guadalajara o Monterrey, a serlo en Chilpancingo, que es una ciudad más pequeña y con muchas tradiciones. Pero tampoco es lo mismo ser una lesbiana de la región de la Montaña o de la Sierra”, puntualiza.

Esos contextos moldean el miedo y el silencio, indica. En muchas comunidades, el estigma social y las violencias hacia las mujeres provocan que, incluso dentro de las familias, la orientación sexual sea un secreto a voces que jamás se pronuncia de manera abierta.

“A la carga del machismo estructural se le suman los discursos de odio que aún emanan de la política institucional”, añade. Rodríguez Peralta lamenta declaraciones recientes de funcionarios públicos que sugieren que la diversidad sexual debe confinarse al ámbito privado de los hogares.

“Si lo van a hacer, que lo hagan en su casa, pero que no confundan a nuestros niños”, declaró en el Congreso de Chiapas la diputada local de Morena María Isabel Rodríguez Jiménez, al expresar abiertamente su rechazo a las políticas relacionadas con la diversidad sexual.

Para la abogada guerrerense de 48 años, “es tremendo hablar de esa manera porque se contraviene la Constitución. Nosotros somos seres sociables, no somos ermitaños que tengamos que estar escondidos como si estuviéramos haciendo algo que transgrede a los otros”.

Frente a este panorama restrictivo, la respuesta ha sido tomar el espacio público. Un hecho reciente en la lucha de las personas LBGT+ (lesbianas, bisexuales, gays, transexuales) fue la realización de la quinta marcha estatal de la diversidad sexual, un evento histórico organizado por el colectivo Orgullo Guerrero.

A diferencia de ediciones anteriores, esta movilización tuvo una dedicatoria unánime: visibilizar a las mujeres lesbianas. Por primera vez en la historia del estado, el contingente fue encabezado por una gran bandera lésbica de 10 metros de longitud.

Además, la figura tradicional de la “reina de la marcha” fue sustituida por el nombramiento de embajadores. Azahalia compartió esta distinción junto al periodista Emiliano García Arce, un “pionero histórico” en la defensa de los derechos humanos en Guerrero.

La respuesta de la ciudadanía superó las expectativas del colectivo. El evento logró congregar a una nueva generación de mujeres, sumando a colectivas emergentes integradas por activistas jóvenes.

“Pudimos constatar la presencia de muchas chicas jóvenes, de 15 años para arriba, que decidieron salir a marchar y manifestarse. Esto va marcando precedentes para que otras también salgamos y nos integremos”, celebra Rodríguez Peralta.

Ver a las adolescentes marchar sin miedo, resalta, es el “síntoma de un cambio generacional irreversible”. Es la prueba de que el reclamo por el derecho a existir, expresarse y amar en total libertad ya no puede ser silenciado en Guerrero.

Sin miedo, sin penas y sin culpas

La literatura le llegó a Azahalia casi como una provocación de café en 2017. Estudiaba una maestría cuando cruzó caminos con la filóloga y escritora Iliana Olmedo Muñoz. Entre charlas, Aza soltó el secreto: “Oye, yo también escribo”:

Al principio lo dijo con timidez, poniendo por delante el “pero”. “Son relatos, pero son lésbicos”, recuerda que le advirtió a la académica. Olmedo leyó los textos, vio el potencial y la retó a armar una colección completa.

Durante meses, el gusanillo de la escritura no la dejó en paz. Cada quince o veinte días, Azahalia pulía una historia y se la mandaba a su mentora. Así nacieron 28 relatos que mezclan, sin anestesia, la memoria y la ficción.

El título de la obra es una declaración de principios: Relatos lésbicos entre la memoria y la ficción. Sin miedo, sin penas y sin culpas. En sus páginas no hay espacio para el arrepentimiento ni la mirada culposa del catolicismo de provincia.

“El libro presenta cómo es la vida de una lesbiana desde que es pequeñita”, explica la autora. El viaje va desde los primeros juguetes que se le piden a los Reyes Magos hasta los descubrimientos más íntimos del cuerpo.

La narrativa camina por los enamoramientos de la secundaria, la masturbación, el deseo sin filtros y las experiencias de la madurez. Toca el erotismo con elegancia, pero sobre todo, retrata la cotidianidad de frente.

Un ejemplo de su frescura se lee en El short rojo, uno de los relatos del libro. La historia transporta al lector al vestidor de mujeres de una secundaria, un sitio que Azahalia describe como un auténtico “manicomio”.

Mientras sus compañeras se cambiaban la blusa sin pudor, la protagonista se encerraba en el baño. El fetiche central es un short deportivo de tela sintética roja, con franjas amarillas y negras, que la hacía sentir cómoda y secretamente sexy.

El relato juega con el contraste de las miradas. Había un chico inteligente que la pretendía y miraba sus piernas, pero a ella sólo le provocaba risa y simpatía. Sus ojos y sus deseos estaban puestos en otra parte: en una niña especial.

La genialidad del texto radica en la honestidad de la atracción adolescente. El pretexto perfecto para el contacto físico era bloquear los tiros de pelota en la clase de educación física, buscando sentir el cuerpo de la otra chica.

“Me hechizaba su cabello largo y rizado… Dos de sus dientes frontales estaban un poco chuequecitos, pero la hacían ver muy bonita cuando se reía”, se lee en la obra. Es una prosa que retrata un amor genuino, sin etiquetas.

Aza aclara que, aunque muchas vivencias son suyas, también se convirtió en la caja de resonancia de sus amigas. “La ficción te da muchas licencias, pero el corazón de las historias es la experiencia real de alguien”.

Violencias internas y el salto a las librerías

El libro que sale a la luz este mes no es el único proyecto que Azahalia tiene bajo la manga. En el proceso de escritura, la autora se topó con realidades incómodas que decidió separar para un segundo volumen enfocado en las violencias lésbicas.

La activista pone el dedo en la llaga: “En las relaciones entre mujeres también se asumen roles masculinos y femeninos impuestos por el machismo”.

Aza cuestiona la idea de que a la pareja “masculina” le toque siempre proveer y pagar todo. Para ella, el abuso económico, el chantaje emocional y el uso puramente utilitario entre mujeres son temas tabú que la comunidad debe discutir de frente. “Hay que decirlo, igual que el abuso sexual en razón de la orientación”, expone.

Este segundo proyecto compilará 12 relatos crudos sobre estas dinámicas internas. A la par, la autora ya cocina una novela sobre traición e infidelidad, aunque confiesa que ésa la está trabajando con mucha más calma y paciencia.

Por ahora, toda la energía de Rodríguez Peralta está puesta en el lanzamiento de Sin miedo, sin penas y sin culpas. Al ser una producción completamente independiente, el camino ha requerido de pura gestión y apoyo colectivo.

La impresión del libro corre a cargo de Grama Estudio, editorial que entregará los primeros ejemplares físicos el próximo 23 de junio. A partir de esa fecha, la agenda de presentaciones se activará con fuerza en el estado.

Aza ya amarra alianzas con Isaí Rendón, encargado del área de diversidad sexual en la Universidad Autónoma de Guerrero. También están en la mira espacios como la Secretaría General de Gobierno y el Museo José Juárez.

La estrategia no se limitará al terreno físico. Como moderadora de la comunidad digital Lésbicos Sal Conmigo –en Facebook–, que reúne a más de 43 mil mujeres de todo el mundo, Azahalia presentará su obra de forma virtual para cruzar fronteras.

Con este esfuerzo independiente, la escritora busca que su libro llegue a las manos de quienes más lo necesitan, o sea las familias y las mujeres que aún no se atreven a dar el paso. El objetivo es claro: demostrar que la dignidad no se negocia.

Se trata de “darnos cuenta de que nuestro valor como personas no radica en con quién salimos o con quién nos acostamos”, concluye Azahalia. Al final del día, sus relatos son un recordatorio de que el amor y la libertad se defienden con la palabra.

Guillermo Rivera