
Jesús Castillo Aguirre
Un buen día lluvioso del pasado mes de septiembre nos despertamos entre montones de basura por todos lados. Como que la basura había aparecido de la nada, silenciosamente. Todas las miradas apuntaron hacia las autoridades municipales. Todas, incluidas las de la Comisión para la Protección contra Riesgos Sanitarios del Estado de Guerrero (Copriseg) y las de la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). Desde ese mes hasta hoy, no han dejado de cernirse las presiones sobre el actual gobierno municipal.
De un problema visto como “normal” por décadas, el de la basura pasó a ser considerado de gravedad, más cuando la tercera ola del Covid-19 y el temblor hacían de las suyas. Pero la acumulación de basura en cientos de metros de banquetas de la vía pública, ha ido desnudando enigmas que aguarda su gestión.
Las actuales autoridades municipales determinaron resolver este problema municipalizando el servicio, pues hasta el 30 de septiembre de 2021 estaba concesionado a particulares, como venía ocurriendo por más de dos o tres décadas. Empresas privadas operaban la recolección, transporte y confinamiento de los residuos sólidos urbanos con el argumento de que ofrecían un mejor servicio que el del gobierno municipal. Pero este servicio privado se detuvo de golpe entre los primeros diez días de aquel mes.
De voz de las propias autoridades entrantes, se supo del elevado presupuesto público que representaban los contratos por la recolección y transporte de basura por mes y por año; y de cómo este servicio adolecía de deficiencias operativas para el aseo urbano de la ciudad. El precio por este servicio privado no se correspondía con la calidad del servicio público. Pero este valor sí se correspondía con el servicio a los grandes generadores de desechos sólidos.
Como en todo esquema de política neoliberal, en sus tres ámbitos de gobierno, los cuantiosos recursos públicos del erario municipal destinados a limpiar de basura a Acapulco, favorecían una transferencia de valor a los operadores del servicio de recolección de basura de y para los particulares. Probablemente desde 2006, la estructura técnica y financiera del servicio municipal de recolección de desechos de saneamiento básico se fue desmontando para que, concomitantemente, emergieran los emprendimientos privados.
Puede ser que por ello esté tomando mayor tiempo el proceso de restablecimiento del servicio municipal de recolección de basura, porque este proceso ha implicado, por un lado, activar una casi extinta y desentrenada plantilla laboral y, por otro, activar los esfuerzos para recuperar la cartera de usuarios de servicios especiales de altos generadores de desechos, servicios que se colocaron fuera del alcance del municipio. Esto último se volvió un imperativo porque se ha evidenciado que una buena parte de estos desechos recolectados en empresas que los generan en altos volúmenes, son los que irresponsablemente se vierten en dieciocho puntos negros de la vía pública, siete de los cuales son considerados tiraderos clandestinos en zonas conurbanas de la ciudad.
Por al menos 25 años, los gobiernos municipales que se han sucedido, han experimentado con un servicio de recolección de basura concesionado a empresas privadas; sin embargo, los resultados de ello están a la vista, a pesar de los cuantiosos presupuestos que se destinan año con año para cumplir con los contratos. Puede que hoy el servicio aún no alcance a ser completamente regular, pero ya no se desangran las ya de por sí precarias arcas hacendarias municipales.
Ahora, si se pretende resolver de fondo este problema, no son suficientes los esfuerzos del municipio, menos cuando se realicen aisladamente: le tienen que entrar el estado y la Federación. Sin bien lo que para la gente común es un problema, para otros la basura es dinero, capital. Muchos piensan que el problema se reduce en solo recoger y llevarse la basura en los carretones del ayuntamiento y que cómo esa operación tan fácil, no se puede hacer. Pues no lo es. Primero, porque nadie quiere tener su basura en el interior de su casa, negocio u oficina por tiempo indefinido; y, segundo, porque la basura contiene materiales con gran valor en el mercado del reciclaje. En consecuencia, es un negocio muy atractivo, y lo es más cuando funciona en lo invisible, fuera de todo marco regulatorio, en el que se ubican miles de personas y familias que sobreviven en condiciones de pobreza extrema.
El descontrol en el manejo de los desechos sólidos y sus efectos en el medio ambiente y en la salud pública, se ha constituido en un problema de gran complejidad por los intereses que en su manejo convergen. Y para dar visos de solución en el corto y mediano plazo, deben jugar en el mismo lado de la cancha funcionarios de los tres órdenes de gobierno, esos que jugamos hoy en el partido a favor de la salud del medio ambiente urbano y humano. Y en ese lado de la cancha y en ese partido, los ciudadanos no debemos quedarnos sólo como espectadores, pues la basura la producimos entre todos. El problema de la basura, es decir, el problema de su complejidad en tanto negocio, no sólo es problema a desenredar exclusivo del Ayuntamiento.
En un entorno que por algunas semanas se volvió crítico, cuando la basura se salió de control, nos dimos cuenta de que tal desecho sólido no es un problema menor. El gobierno municipal está hoy reforzando sus capacidades técnicas y financieras; planteándose una política de gestión de residuos integrada y sustentable. Asimismo se han hecho llamados para involucrar a todos los actores que manejan los residuos, incluidos los propios gobiernos en sus tres órdenes, pues hay un deber a cumplir como el de observar todo marco regulatorio.
Junto a las acciones por tener bajo control a la basura, se está definiendo también una política que ponga en práctica los principios de valorización de los residuos sólidos para aprovecharlos como insumos en las actividades productivas, en un contexto de economía circular, y transportar y depositar en el relleno sanitario de Paso Texca solo aquel residuo cuyo valor o tratamiento no sea económicamente viable, tecnológicamente factible ni ambientalmente adecuada. Pero sin perder de vista que el mejor residuo es el que no se genera y que la materia prima que no se convierte en producto no es negocio. Y en la forma como opera el negocio es en donde se ubica un gran parte del problema a resolver de la mano de los otros dos órdenes de gobierno.


