
Adán Ramírez Serret
Para el escritor inglés D. H. Lawrence, la perspectiva del extranjero tenía una originalidad única; la llamaba la mirada del peregrino salvaje, daba una nueva vida, desconocida y cruda de un mundo por descubrir.
Lo cual comparto en muchos sentidos, ya que si bien las personas oriundas de un lugar tienen una visión profunda que han adquirido por haber sufrido y sido felices en donde nacieron, también llevan miles de cargas culturales que no tienen quienes ven por primera vez una parte del mundo y cuentan con la posibilidad de la frescura al no tener el peso de una historia allí.
Esta mirada es lo opuesto a la un tanto conservadora posición de pensar que cuando alguien escribe sobre un lugar en donde no nació, o conoce poco, es una apropiación cultural. Lawrence, para concluir esta idea con él, escribió muchos libros sobre viajes, e, incluso, alguna novela sobre México, no precisamente brillante, pero, para muchas personas, y comparto el punto de vista, contenedora de una mirada fascinante de nuestro país por alguien, y muy inteligente, que lo hizo por primera vez.
Pienso en esta mirada extranjera sobre México por la brillante novela Cositas, de Benoît Coquil (Bretaña, 1989) quien es profesor en Francia de literatura y cultura latinoamericana y cuya primera novela es profundamente inteligente, divertida e iconoclasta al contar la historia de los hongos alucinógenos, Psicolybe en específico, a partir de una pareja de esposos: él norteamericano y ella rusa, que fueron en la vida real apasionados de los hongos en general y que cayeron fascinados por el poder de estos hongos en Oaxaca, en específico.
Son estos los personajes que ficcionaliza Coquil y con este tema con los que escribe una novela con un tono divertido que va tomando, cada vez más, matices irónicos, y cuenta una historia que, por supuesto, nos pertenece a los mexicanos y que agradezco muchísimo que este autor francés haya escrito.
Claro que se han escrito muchísimos libros sobre los hongos alucinógenos y, algunos de ellos forman parte fundamental de la formación intelectual de varias generaciones anteriores a la mía; pienso, por ejemplo, en la obra de Carlos Castaneda, peruano naturalizado estadunidense que hizo una célebre serie antropológica/filosófica sobre los hongos en Oaxaca en particular. Su peso es contundente. Pero, para mí, ya estaban un tanto manidos para finales de los noventa y que, más bien, mi experiencia con los hongos venía de primera mano, con amigos que los habían probado, teniendo experiencias unas veces mágicas, otras terroríficas y, sobre todo, recuerdo a muchos que habían podido dejar las drogas gracias al ritual de comer hongos. Acepto ser un oaxaqueño que queda a deber por nunca haber probado los hongos y, sobre todo, por haberme interesado tan poco en el tema.
Por eso me gusta mucho esta novela de Coquil, pues está escrita sin el peso de esa tradición jipi nacionalista filosófica que para mí representa la cultura de los hongos alucinógenos; y tiene la libertad para hablar de un tema apasionante con la frescura que da, muchas veces, haber visto una tradición con distancia, pues situar a unos gringos que van desde el centro de Occidente a comer hongos con María Sabina sería un gran lugar común para mí; y, la maravilla es que con esta novela se tiene una mirada fresca de ese momento, de ese fenómeno que fueron los hongos Psilocybe y que siguen teniendo muchísimo que decir al mundo, esas “cositas”, como las llamaba Sabina que son una herramienta de conocimiento del ser humano, tan profunda, o quizá muchísimo más, que cualquier sesión de psicoanálisis. Una novela que define las distancias entre las culturas y que, estas, son las profundas riquezas que enriquecen a los seres humanos.
Benoît Coquil, Cositas, Ciudad de México, Seix Barral, 2025. 254 páginas.


