Los pobladores se quejan del escaso apoyo del Ayuntamiento de Florencio Villarreal para la limpieza tras las marejadas. El cambio climático y el que hace años se modificara el cauce del río Nexpa para proteger de inundaciones a las comunidades, entre las causas, dicen
Boca del Río, Guerrero, 20 de julio de 2026. Boca del Río es la comunidad de Florencio Villareal que el mar engulle poco a poco. Sus habitantes piden a la presidenta de la República Claudia Sheinbaum, intervenir ante la indolencia de las autoridades del municipio y estado, para que expertos detengan la destrucción de la comunidad.
Esperan apoyo para que el río Nexpa regrese a su cauce original para que el subsuelo se humedezca y la presión del agua dulce evite que el mar siga avanzando.
Pero en la comunidad donde quedan unas 300 personas habitando de forma permanente, los ancianos dicen que la destrucción del poblado es por el castigo del Niño Manuelito, el santo milagroso que está dejando sentir su castigo por las cochinadas que hacen los jóvenes que llegan a las playas, y organizan fiestas con todos sus excesos.

El poblado ha perdido unos 200 metros de playa. La actual era una zona habitada. Al menos unas 40 casas ha engullido el mar, que en las últimas semanas, con el fenómeno mar de fondo, está comenzando a socavar la avenida principal del poblado, que está lleno de arena.
Los pobladores dicen que cuando las imágenes del poblado alcanzan a difundirse en redes y en los medios, el Ayuntamiento mandó una brigada a limpiar, pero terminó dejando las carretillas y palas para que sean ellos los que hagan el trabajo. Lo que solicitaron es maquinaria pesada, porque es un cerro de arena que incluso está dentro de las casas.
Al poblado le quedan dos calles y un callejón. Pese a la situación de la naturaleza, en la comunidad se están levantando dos edificaciones de concreto, que están a unos metros de la calle principal, y donde a veces llega el alto oleaje.
La señora Luz María Rodriguez Lorenzo, quién hace 60 años llegó a la comunidad con su madre, recuerda que el mar estaba a unos 200 metros de donde está ahora. La mujer comentó que el avance del mar es debido a la modificación del cauce del Río de Nexpa, que hace varios años realizaron las autoridades del municipio para poder proteger de las inundaciones a las comunidades de Cuatro Bancos, Las Ánimas, y San José de las Flores.
Lo que no previeron las autoridades es que el mar, al no tener la presión del agua dulce en el subsuelo, avanzara hacia tierra firme. Dice que hace años, para entrar a la comunidad, uno lo hacía en medio de una zona pantanosa, que ya no existe, y que está completamente seca. “Yo estoy segura de que si el río viene y se mete, nosotros vamos a vivir bien”.
Recordó que el mar se ha tragado una hilera de casas y una calle completa. Ahora va con la segunda calle, del poblado. Muchas de las personas han perdido sus casas, algunas se han ido a otros predios a zonas aledañas, pero otros que no tienen se alojan en las casas de sus vecinos, quienes son solidarios.
La mujer recriminó la indolencia de las autoridades locales, porque algunos de los funcionarios del Ayuntamiento en vez de ayudarlos, los han reprendido y los han cuestionado del porqué construyeron sus casas cerca del mar. Sin embargo, las olas hace años estaban lejos del poblado.

Doña Luz María, recordó que hace varios años hubo una propuesta de poder recorrer la comunidad, pero el Ayuntamiento se negó a comprar las tierras y la mayoría de los pobladores no tienen dinero para comprar los predios a los comuneros. Por esa razón continúan en sus casas, donde el mar entra cuando la marejada sube.
“Yo le diría a la presidenta Sheinbaum que nos ayude con echarnos el río, con eso. Ahorita queremos el apoyo de ella. Yo ahorita ya tengo 64 años, y ya no sé ni que hacer con esto que nos está afectando a todos”.
Don Vicente Ozuna, nació en el poblado en 1962, y recordó que de niño, la playa estaba a unos 200 metros de donde las olas golpean. Su casa fue una de las que el mar engulló. Ahora vive en otro terreno, porque dice que el mar cada año avanza un metro.
El hombre contó que además de la afectación de los humedales por el cambio del cauce del río, el cambio climático es responsable del avance del mar hacia tierra. Explicó que los pobladores se dedican al campo, a la pesca y a la atención de visitantes con la venta de comida.
El vecino pidió a las autoridades del estado y federales ayuda económica, porque muchos adultos y adultos mayores se han quedado solos en el poblado porque no se quieren ir, debido al fuerte arraigo que hay. Don Vicente, indicó que este fenómeno no es un problema solo de Boca del Río, sino de todo el litoral aledaño, en los municipios de Copala y Marquelia.
“Me gustaría que la presidenta Claudia tomara la decisión de mandar a alguien responsable, y que tome nota de los sucesos que han venido pasando de la naturaleza”.
La vieja iglesia, santuario del Niño Manuelito, santo al que se le atribuyen milagros de salud, e icono del poblado, está destruida. Queda de pie la fachada principal y su puerta de madera, y una pared lateral. El resto se lo comió el mar, que sigue golpeando la comunidad. A un lado está la nueva iglesia que resiste el fuerte oleaje.
A lo largo de la playa la imagen presente es las de las casas de concreto ladeadas. Otras más apenas con muros, y otros con paredes en la arena. Caminar en la avenida principal es cómo hacerlo en dunas del desierto, porque además el poblado a pesar de que está cerca de las lagunas de Tecomate Pesquería y Chautengo, no tiene agua entubada y llenar un tinaco les cuesta 300 pesos.
Jacob Morales Antonio/Foto: Carlos Carbajal


