1 septiembre,2025 9:44 am

Break the folk: fusión de danzas y ritmos tradicionales de Guerrero con el breakdance nacido en el Bronx de NY

Eran bailarines callejeros, con el bagaje de lo aprendido en las fiestas de pueblo, como La danza de los diablos. Sobre la marcha dieron forma a una propuesta propia, la pulieron, lograron un exitoso show. Hoy actúan en festivales y teatros del país, con luces y música que potencian su singular puesta en escena: dos expresiones dancísticas “con antecedentes en la represión y la discriminación, creadas por personas en estado de vulnerabilidad, que tuvieron un camino duro”. Es “el mensaje que queremos mostrar al mundo”

El Sur / Ciudad de México, 1 de septiembre de 2025. Un afrodescendiente se libera de sus cadenas y descubre La danza de los diablos. Un rapero incita al público a corear: “¡Cultura! ¡Guerrero!”. En el desarrollo de la puesta en escena, se fusionan música tradicional y hip hop. Cinco hombres con máscaras de largos bigotes y barbas combinan pasos típicos de esa danza folklórica guerrerense con el breakdance neoyorquino. Los asistentes aplauden, estallan de gozo. La propuesta escénica planta su mensaje: que las danzas tradicionales y urbanas tienen en común una raíz negra y que es posible fundirlas.

De eso se trata Break the folk –una obra que lleva por nombre el mismo que el grupo que la interpreta, Break The Folk–, de mezclar los ritmos y sonidos tradicionales con la energía del hip hop. Provenientes de Guerrero, sus siete integrantes llegaron el pasado sábado al Pabellón Escénico del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), para participar en el Festival de las Danzas Negras, que se desarrolló a lo largo de agosto en Ciudad de México; Pinotepa Nacional, Oaxaca, y Tlacotalpan, Veracruz.

La agrupación, cuya propuesta encantó al público, reafirmó que sus cimientos están en los bailes urbanos, en estilos de danzas callejeras como el breaking o breakedance, popping o locking, pero también en La danza de los diablos, una tradición afromexicana de la Costa Chica de Guerrero, que representa la resistencia y la libertad contra la esclavitud.

Antes de su presentación, El Sur entrevistó a los artistas, cuyo proyecto nació hace unos siete años y hoy se consolida como un espectáculo capaz de emocionar a multitudes.

Para que Break the folk fuera posible se requirió una investigación, y ésta se llevó tiempo. Víctor Omar Sierra, director, coreógrafo y bailarín del grupo, señala que sus integrantes son muy respetuosos con lo que toman del estado, pues la mayoría de danzantes en Guerrero, ellos incluidos, son muy celosos de sus tradiciones.

No es fácil llegar con ejecutantes de La danza de los diablos para invitarlos a crear una fusión, y menos si el otro ingrediente es, en apariencia, tan radicalmente distinto. Sin embargo, lo lograron. Platicaron con los danzantes en Cuajinicuilapa. Convivieron con ellos. Aprendieron la técnica. Los convencieron.

“Por ser de Guerrero, conocíamos los bailes. Estamos empapados con las tradiciones y las danzas prácticamente de todas las festividades. Uno siempre está viendo las danzas –en las fiestas de las comunidades–, pero no hay nada como adentrarte. Eso te da una comprensión más amplia de lo que significa”, explica Sierra, de 34 años.

Se necesitó tiempo, dedicación y esfuerzo para lograr una fusión coherente y que reflejara que el breakdance y la danza tradicional tienen una raíz negra que une a ambas expresiones artísticas.

Cambiar la calle por el escenario y las luces

A Break The Folk le dan forma y consistencia sus bailarines: José Isaías Sánchez Medel, Ernesto Martínez Cárdenas, Germán de la Rosa Hernández, Luis Ángel Arredondo y Víctor Omar Sierra, que es también el director. Además, Bryan Alexis Castañeda Sánchez, quien rapea en el show, y Miguel Ángel Contreras, a cargo de la propuesta escénica. En su último viaje a Cdmx los acompañó también su fotógrafo, Luis Fernando Domínguez. Todos son guerrerenses y, la mayoría, afrodescendientes.

José Isaías, de 24 años y originario de Acapulco, es quien arranca el espectáculo de Break the folk. Directamente afrodescendiente por el lado paterno, ya como bailarín de estilos urbanos del hip hop conoció el proyecto por su amistad con un primo de Víctor y por otro amigo que era parte del grupo. Un día, Sierra se interesó en él y, gracias a su experiencia previa en el baile, aprovechó la oportunidad.

–Como bailarín, ¿te cambió Break the folk?

–Ha sido demasiado importante. Tener esa parte cultural me llena mucho. Poder representar no solamente Acapulco sino al estado de Guerrero, con todo el elenco, es una emoción muy grande. Es un grito para que nuestra cultura pueda ser conocida en todas partes. La danza de los diablos es muy conocida en la región, pero lo que es un poquito marginada, y quizás relegada, ha sido la cultura hip hop, la cultura urbana, que estamos tratando de visibilizar –responde José.

“Ese grito que expresamos al momento de bailar se puede compaginar con la danza tradicional del estado –añade–. No es lo mismo bailar en tu ciudad para las personas que ya conocen la cultura, que para personas que no la conocen”.

El movimiento del hip hop tiene una raíz afro y latina, explica Víctor Sierra por separado. De ahí viene la energía de los diferentes tipos de baile. Pero, además, al ser ellos originarios de Guerrero, tienen en su ADN tradiciones locales como La danza de los diablos de la Costa Chica, que, a su vez, tiene un transfondo afromexicano: la tercera raíz. “La madre África presente prácticamente en todo el mundo y en la mayoría de culturas”, sintetiza Sierra.

Break the folk es la fusión de ambas danzas, urbana y tradicional, que tienen en común el motor que las impulsa: la protesta, la rebelión; la necesidad de ser escuchados, de hacerse presentes; el deseo de visibilizar un trabajo, de que sea reconocido.

Como son bailarines callejeros, no tenían idea de lo escénico. Ninguno había estudiado artes escénicas. Cuando iniciaron las primeras presentaciones en teatro, aprendieron poco a poco. Sobre la marcha pulieron la obra, el show.

Víctor invitó a Miguel Ángel Contreras, quien había trabajado en el Auditorio Sentimientos de la Nación de Chilpancingo, donde aprendió la mecánica teatral. Él ayudó a los bailarines a comprender qué era un montaje. Aterrizó las ideas de Víctor y las plasmó en el escenario.

Contreras es, como los demás, un bboy: un bailador de breakdance. “Estábamos en la escena del breaking. Crecimos con la idea de un formato público, sin luces ni nada. La mecánica teatral es muy compleja, requerimos de ambientaciones, un toque de misterio, de algo fascinante con el juego de luces, la música, la escenografía”, explica Miguel Ángel, de 37 años.

Les costó, dice, pero “vimos que sí tenía mucha aceptación el formato del teatro. Hicimos varias modificaciones para asentar la idea en un teatro formal”.

De los inicios en una cancha municipal

Ernesto Martínez conoció a Víctor Sierra en 2010; pertenecían al mismo grupo dancístico de breaking y compitieron en varias partes del país. Cuando fue invitado a ser parte de Break the folk, su impedimento fue vivir en Tierra Caliente, a unas siete horas de Acapulco. De todas formas seguía al grupo y compartía sus presentaciones.

Desde hace más de dos años radica en Acapulco. Un día se presentó la oportunidad nuevamente de unirse al proyecto y ya no tuvo obstáculo alguno.

Originario de Zirándaro y habitante de Ciudad Altamirano por varios años, dice que en esa zona “no se difunde lo artístico y cultural”. Con el espectáculo Break the folk “me he dado cuenta de que hay eventos importantes, como en Ciudad de México, donde se le da mucha importancia al trabajo que hacemos. Este proyecto nos hace sentir orgullosos de nuestras raíces, por todo el concepto que lleva de libertad, porque eso es el breaking: la búsqueda de la libertad y el poder expresarnos libremente.

“Todo esto me representa plenamente, nos lleva a dar a conocer al mundo qué buscamos con esta obra. Es un orgullo para mí representar mi raíces guerrerenses y qué mejor que por medio de la danza”, festeja Ernesto, de 36 años, que actualmente estudia la licenciatura en danza en Acapulco.

El proyecto se consolidó en 2018, cuando lograron las primeras coreografías. Su presentación inaugural fue en una cancha municipal de Zihuatanejo. La novedosa propuesta atrajo las miradas. Un video de aquella ocasión se viralizó y a los pocos días fueron invitados al Teatro de la Danza Guillermina Bravo, del Centro Cultural del Bosque, en Chapultepec. También han tenido funciones en el Teatro de la Ciudad de México Esperanza Iris, el Centro Nacional de las Artes y el Pabellón Escénico. Con el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) han colaborado en distintas ocasiones.

Han actuado en el Festival Cervantino y en otros, dentro y fuera de Guerrero. “Esto nos ha ayudado a ir mejorando y a profesionalizarnos. Fuera de México no hemos tenido la oportunidad, esperamos que sea pronto”, dice Víctor. Ya no son los muchachos del casi street show que presentaron en Zihuatanejo, enfatiza, “ahora la obra está muy pulida”.

Danzas que fueron objeto de discriminación

Los artistas de Break The Folk explican la relevancia de las danzas negras en la fusión que hacen de danzas tradicionales y breaking dance. “Por medio de esa historia, entendemos la evolución que hemos tenido como sociedad. Ha sido un proceso muy difícil. Ahora hay una Festival de las Danzas Negras, pero no ha sido fácil. Hay gente que ha dado su vida para que este tipo de cosas se puedan lograr”, comenta José Isaías.

Como afrodescendiente, José Isaías ha sufrido discriminación y acoso. Todavía hoy, policías lo detienen para revisarlo, sólo por su apariencia física. “Es algo que puede causar risa, pero también desconcierto porque viviendo en el siglo en que vivimos, pasando por las cosas que ya pasaron, me pregunto: ¿dónde estoy viviendo?, ¿qué tengo que hacer yo para que las personas entiendan que todos somos iguales?”.

Su tatarabuelo, afrodescendiente en España, huyó de la esclavitud en ese país. “Al llegar a México, a todas esas personas que huían les cambiaban el apellido para que pudieran, de alguna manera, mantenerse en el anonimato. En México, en Acapulco, surge mi ascendencia”.

Sabe que su abuelo no vivió en esclavitud, pero sí tuvo jefes de trabajo que abusaban de él. “Al profundizar más en esta obra, empecé a pensar un poco más allá de decir que solamente es un baile. Pensé en cómo vivieron mis antepasados y cómo ahorita tengo la oportunidad de poder expresarlo y visibilizarlo”.

Miguel Ángel Contreras añade, por su lado: “Si hablamos de libertad y de racismo, dentro de la misma cultura hip hop y breaking tenemos una historia muy relevante: el movimiento negro. En los barrios bajos del Bronx había racismo; el breaking crece sobre esa propuesta de liberación. De hecho, el lema oficial del breaking es paz, amor y libertad. Eso también nutre a la cultura hip hop”.

El breaking, continúa Contreras, nació con la intención de hacerse notar, de mostrar que esos bailadores callejeros eran libres: “Es nuestro voto de libertad, y nuestra liberación está dentro de lo que es la cultura”.

“Ambas expresiones dancísticas, la tradicional y la urbana –concluye Víctor–, tienen sus antecedentes en la represión y la discriminación. Las fundaron personas que estuvieron en estado de vulnerabilidad. Parte del mensaje que traemos es mostrar al mundo mediante la obra cómo fue que estas personas tuvieron un camino duro. Cada uno encontró una manera de expresarse, con La danza de los diablos y con el breaking”.

Guillermo Rivera