
Octavio Klimek Alcaraz
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) presentó el pasado 24 de octubre su Informe sobre la Brecha de Emisiones 2024: No más aire caliente… ¡Por favor! (https://www.unep.org/resources/emissions-gap-report-2024). El informe, que se publica de manera anual, se centra en la brecha entre las emisiones reales de gases de efecto invernadero esperadas en los próximos años y los valores que serían necesarios para alcanzar los objetivos del Acuerdo de París.
En el informe se señala, que los objetivos climáticos del Acuerdo de París de 2015 corren el riesgo de fracasar si los países industrializados en particular no toman medidas intensas para alcanzar el objetivo de limitar el calentamiento mundial preferiblemente a 1.5 grados centígrados, en comparación con los niveles preindustriales.
El PNUMA señala, que las naciones deben utilizar la Conferencia Mundial sobre el Clima (COP29) a realizarse en este mes de noviembre en Bakú, Azerbaiyán, a aumentar la ambición y garantizar que las nuevas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC por sus siglas en inglés), que son las metas de los países de mitigación y adaptación para cumplir el Acuerdo de París se comprometan colectivamente a reducir casi a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030.
Por ello, las NDC actualizadas al Acuerdo de París, que se presentarán a principios de 2025 año antes de la COP30 en Brasil, deben ofrecer recortes sin precedentes de las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 para mantener vivo la meta de 1.5 grados centígrados. Se estima, que las emisiones de gases de efecto invernadero tendrían que reducirse un 42 por ciento para 2030 y un 57 por ciento para 2035 en comparación con los niveles de 2019.
Desde que las emisiones de gases de efecto invernadero crecieron un 1.3 por ciento interanual, las emisiones en 2023 alcanzaron un nuevo máximo de 57.1 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente (CO2eq), la tarea se ha vuelto más difícil. El 7.5 por ciento de las emisiones deben reducirse cada año hasta 2035 para 1.5 grados centígrados y el 4 por ciento para 2 grados centígrados. Los compromisos actuales de los países no se acercan en absoluto a estos valores.
Un escenario es que, si solo se implementan las NDC actuales y no se muestra más ambición en los nuevos compromisos, lo mejor que se puede esperar lograr es un calentamiento global catastrófico de entre 2.6 grados centígrados y los 3.1 grados centígrados en el transcurso del siglo. Por ejemplo, con la plena implementación de las NDC tanto no condicionadas como condicionadas –estas últimas las que requieren apoyo externo– solo reduciría las emisiones previstas para 2030 en un 10 por ciento, lo que llevaría a predicciones de hasta 2,6 grados centígrados de calentamiento. Si se mantuvieran únicamente las políticas actuales, el calentamiento sería de 3.1 grados centígrados. En estos escenarios (que operan con una probabilidad superior al 66 por ciento), las temperaturas seguirían aumentando durante el próximo siglo. La incorporación de compromisos adicionales de cero emisiones netas a la implementación total de las NDC, tanto no condicionadas como condicionadas, podría limitar el calentamiento global a 1.9 grados centígrados, pero actualmente hay poca confianza en la implementación de estos compromisos de cero emisiones netas.
En general, todos estos escenarios causarían impactos debilitantes para las personas, el planeta y las economías, y requerirían una futura eliminación de dióxido de carbono a gran escala y costosa de la atmósfera para reducir el rebasamiento de los objetivos del Acuerdo de París.
A pesar de la magnitud de la tarea, sigue siendo técnicamente posible reducir las emisiones en línea con una trayectoria de 1.5 grados centígrados. El potencial de recortes en 2030 es de 31 gigatoneladas de CO2eq, que es alrededor del 52 por ciento de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en 2023, y de 41 gigatoneladas en 2035. Un mayor despliegue de las tecnologías solar fotovoltaica y eólica podrían generar el 27 por ciento de este potencial de reducción de emisiones en 2030 y el 38 por ciento en 2035. La acción sobre los bosques podría generar alrededor del 20 por ciento del potencial en ambos años. Otras opciones sólidas son las medidas de eficiencia energética, la electrificación y el cambio de combustibles basados en hidrocarburos en los sectores de la construcción, el transporte y la industria. Este potencial ilustra que es posible triplicar la capacidad de energía renovable para 2030, duplicar la tasa anual promedio mundial de mejoras en la eficiencia energética para 2030, abandonar los combustibles fósiles y conservar, proteger y restaurar la naturaleza y los ecosistemas.
Hacer realidad el potencial de mitigación requeriría una movilización mundial inmediata a una escala y un ritmo que solo se han visto después de un conflicto mundial. En el informe se pide un enfoque que abarque a todo el gobierno, centrándose en medidas que maximicen los beneficios socioeconómicos y ambientales colaterales y minimicen las compensaciones. Se indica que es necesario un aumento mínimo de seis veces en la inversión en mitigación, respaldada por una reforma de la arquitectura financiera mundial y una fuerte acción del sector privado. Aclarándose, que no todo el financiamiento adicional sería incremental, ya que las inversiones son necesarias de todos modos para satisfacer la creciente demanda de energía y otras necesidades de desarrollo. Así, la inversión incremental estimada para alcanzar las cero emisiones netas es de entre 0.9 y 2.1 billones de dólares al año entre 2021 y 2050. Para contextualizar, la economía mundial y los mercados financieros tienen un valor de 110 billones de dólares al año.
La acción y el liderazgo de los Estados miembros del G20, en particular de las mayores economías y emisores, serán fundamentales. Estos representaron el 77 por ciento de las emisiones en 2023. La incorporación de la Unión Africana al G20, que duplica con creces el número de países, de 44 a 99, eleva las emisiones totales a solo el 82 por ciento, lo que pone de relieve la necesidad de responsabilidades diferenciadas entre las naciones.
No olvidar que, debido al calentamiento global, los fenómenos meteorológicos extremos, como olas de calor y sequías, tormentas e inundaciones, se producen con mayor frecuencia en muchas regiones del planeta. Esto puede hacer que regiones enteras sean inhabitables, destruir cultivos y, por tanto, empeorar las crisis de hambre. El nivel del mar también está aumentando, amenazando a las regiones costeras y a los pequeños estados insulares. Por ello, cada fracción de grado de aumento evitado cuenta en términos de vidas salvadas, economías protegidas, daños evitados, biodiversidad conservada y la capacidad de reducir rápidamente cualquier exceso de temperatura.


