13 agosto,2026 6:40 am

Brugada, una gestión en riesgo

Humberto Musacchio

 

Toda mujer de lucha es admirable. Nunca es fácil caminar cuesta arriba y alcanzar las alturas, en este caso las del poder, porque el gobierno de la Ciudad de México es un cargo con que han soñado y sueñan muchos, pero al que han llegado unos cuantos. Clara Brugada es un ejemplo de esa persistencia que se requiere para llegar arriba sin olvidar que se viene desde abajo, sobre todo cuando se es mujer.

Doña Clara es apenas la tercera gobernante de sexo femenino de la capital mexicana. La antecedieron Rosario Robles y Claudia Sheinbaum, porque ya era justo que esta ciudad, la más politizada del país, aceptara que hombres y mujeres deben tener iguales derechos y oportunidades. Por eso y varias cosas más es celebrable tener como gobernante a una mujer.

Pero la igualdad de derechos y oportunidades suele viajar acompañada de igualdad de compromisos y obligaciones y hasta un poco más, pues lo cierto es que cualquier expresión equívoca, todo error en la gestión y la mínima desviación se juzgarán con más dureza cuando se trate del sexo femenino, pues abundan los críticos montados en la mula del machismo, que ven con envidia y juzgan con toda dureza la gestión del género opuesto.

De ahí que se mantenga bajo permanente observación a la mujer gobernante y que la crítica contra ella se tiña de injusticia, de exageración y de una infaltable misoginia. Se le exige a la mujer más que al hombre, porque supuestamente tiene que demostrar que puede tanto como el varón.

Gobernar una ciudad cruzada por todos los conflictos, asediada por la delincuencia de cuello blanco y por la de a pie, casa de múltiples y muy variados problemas, necesita que quien la gobierna jerarquice con toda precisión y oportunidad los casos a resolver, para lo cual se requiere de un cuerpo de asesores que conozcan las respuestas ante cada pregunta y las soluciones para cada problema. Todo indica que Brugada no cuenta con tan indispensable equipo.

Quienes se desplazan por calles y avenidas están en riesgo permanente: los baches son trampas que se abren sin pedir permiso, y ahora hemos pasado de los baches a los hoyancos de varios metros de profundidad. Es cierto que las lluvias de este año han sido atípicas, pero tanto o más cierto es que el drenaje representa una carrera de obstáculos para el agua, pues la caída de las hojas de la abundante y muy agradecible vegetación, la ausencia de botes de basura y una innegable falta de conciencia cívica contribuyen a convertir los aguaceros en tragedias masivas, sobre todo en las zonas proletarias.

El transporte público requiere de una altísima inversión, no para cuando haya recursos, sino para ahora, porque se trata de un problema gigantesco que pone en riesgo la vida en toda de la urbe. Ya no hay agentes de tránsito y las autoridades creen que basta con las cámaras para controlar a la circulación y a quienes cometen infracciones. Desde luego, se recaba más dinero por las infracciones, pero viajar por la ciudad ya es hoy es verdadero calvario.

Y podemos seguir mencionando los problemas y es el cuento de nunca acabar: los horrendos cables que “decoran” las calles, el despojo sistemático de inmuebles con la complicidad de autoridades corruptas, la demolición ilegal de construcciones presuntamente protegidas por su valor estético o histórico, las edificaciones ilegales y un largo etcétera.

El colega Adrián Rueda cita una encuesta del diario El Financiero, según la cual, de enero a la fecha ha caído la popularidad de Clara Brugada 22 puntos porcentuales, en tanto que la aprobación a los programas sociales del morenismo cayó de 79 por ciento a 57 por ciento. Más grave es que la percepción popular de la corrupción haya subido de 60 a 68 por ciento en los dos últimos meses.

Lo que está en juego es el futuro de Morena. El año próximo habrá elecciones de diputados federales y de autoridades locales en 14 entidades. Todo indica que la disposición a votar por Morena ha caído notoriamente, pese a las tarjetas del Bienestar, cuyo efecto para ganar voluntades tenía un límite. Ya llegamos a él y es necesario replantearse prioridades, posponer las obras necesarias pero no urgentes y entrarle a resolver los problemas de hoy. Se dice pronto, pero…