
El autor, ganador del XX Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada, dice en entrevista que su propuesta está enfocada en trasladar a las letras el ambiente, los personajes y el entorno de la costa de Guerrero
Acapulco, Guerrero, 13 de junio de 2026. Una poética costeña. Así describió el escritor acapulqueño Geovani de la Rosa Peña el trabajo que emprendió hace algunos años con la idea de llevar precisamente a la costa de Guerrero, su ambiente y personajes, a la literatura, indicando que “voy a escribir de lo que a mí me interesa y como a mí me interesa y creo que cuando uno tiene claro eso, pues se vuelve más disfrutable el asunto”, porque la escritura también debe disfrutarse.
En entrevista telefónica luego de haber obtenido la semana anterior el XX Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada 2026, organizado por la Universidad Autónoma del Estado de México, comentó que “a veces, los cantos de la sirena en torno a la dinámica literaria en el país te hacen tomar ciertos caminos en los cuales no te sientes cómodo, no te sientes tú, pero al final sí llegué, creo, a dos preguntas que me ayudaron. Una era de qué quiero escribir y creo que a mí sí desde siempre me interesó mucho escribir sobre Acapulco, la costa; todos esos imaginarios: vivir cerca del mar, crecer cerca del mar, siempre los he tenido y llegué a la claridad de decir, que eso es lo que más me interesa escribir. ¿Por qué? Porque disfruto escribir así, de esa manera, disfruto crear metáforas sobre el sobre las playas de la costa, sobre los árboles en la costa, sobre cómo es la vida en la costa, lo disfruto y creo que cuando no disfrutas algo, pues mejor hazte para allá. No estar sufriendo de a gratis.
“La otra pregunta fue cómo voy a escribir, la cuestión estética, el conjunto de técnicas, los códigos, porque al final de cuentas estás haciendo un poema que quieras o no, tiene su caminito, y en su caminito tiene estos cómos y cada quien decidirá cómo escribir, qué es lo que le interesa y bajo qué estética”.
Así, dijo, es que se establecen las primeras líneas de trabajo y con ello el acercamiento a las voces y las formas de su gente cuyo lenguaje y maneras de hablar son especiales y que se suman a la predilección por el escritor nacido en la Costa Chica por el verso largo y la escritura de poemas ruidosos y llenos de ritmo, generándose entonces una exploración con un libro que ya había escrito antes en otro tono y que finalmente reinventó: Érase una vez la fiesta.
“Ese libro yo lo terminé de escribir como en 2018, pero pues le cerraron las puertas y yo dije: entonces voy a escribirlo como a mí me gusta, como yo quiero, y así lo solté, solté las metáforas”, recordando que terminó siendo un libro que habla mucho sobre Acapulco, sobre la historia de Acapulco, lo que ha pasado en Acapulco en los años recientes.
Pero eso sólo fue el principio.
Un camino ya andado
De la Rosa aceptó que no está descubriendo el hilo negro dentro de la literatura guerrerense, pero comentó que muchos de aquellos escritores que trabajaron dentro de esta poética de la costa dejaron de hacerlo.
“Yo creo que hay voces, pero algunas salieron muy jóvenes y después decidieron tomar otro camino, estudiar otro tipo de estética porque así les convenía a ellos, así los aceptaban afuera, pero sí hay poéticas con tintes de la costa, de Guerrero, digamos hechas, acentuadas, pero yo creo que cada quien debería responder si sus libros los pensaron como una poética así”.
Luego entonces destacó a autores como Ángel Carlos o Jesús Bartolo, de quienes aseguró prácticamente todos sus libros van en una línea poética muy construida, muy pensada, muy hacia temas particulares de Guerrero.
“Cada quien explota o está metido en un charco hasta donde quiere y hasta donde da y yo así pensé, pensé en una poética para decir qué quiero escribir y de qué van a ir todos mis libros”, adelantando que si bien no se han escrito, ha pensado en una pequeña constelación de ellos y cada uno con sus temas particulares que podrán ser incluso la lucha social o construirlos desde la poesía especulativa, sin perder de vista a la costa.
El rechazo editorial
“He de haber empezado a escribir como en 2011, es decir, ya son como 15 años, y sí es algo complicado porque, hay que decirlo: el sistema editorial mexicano no funciona como deberían funcionar y los mexicanismos de publicación deberían de ser otros”.
A pesar de haber ganado otros premios como el XVIII Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardozo y Aragón en 2024, lamenta que en el caso de la poesía sean las editoriales independientes las que hagan el trabajo al tiempo que el propio escritor se decanta por temas y estéticas ajenas a él con tal de ser publicado.
“Cuando me vine a la Ciudad de México (donde actualmente radica) empiezas a escuchar estos cantos de la sirena que te decía y empiezas a renunciar a lo que tú traes como escritor, a las voces que tú traes, a tu propuesta, pero al final igual muchas veces te das de topes, así que finalmente mejor te dices: voy a escribir de lo que a mí me interesa y como a mí me interesa y creo que cuando uno tiene claro eso, pues se vuelve más disfrutable el asunto, porque también es que no podemos estar quejándonos siempre.
“Yo sí llegué a ese punto de abandonarlo todo, de decir ‘pues ni modo, no me van a publicar allá no voy a hacer todo este recorrido de premios literarios’”, pero celebró no haber abandonado todo “y fíjate, creo que puedo decir hasta suerte tengo y sí, estoy contento porque estoy disfrutando los libros que escribo”.
El premio, lo que sigue
Fue el 1 de junio pasado cuando la Universidad Autónoma del Estado de México, organizador del certamen informó en sus redes sociales que el poeta acapulqueño Geovani de la Rosa resultó ganador del XX Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada 2026, por su trabajo Manifiesto de gente correosa.
“El libro que ganó tiene que ver con la identidad costeña, tiene que ver con personas, con la forma en que hablamos, tiene que ver con ciertos personajes o con la forma en cómo construimos estas vidas costeñas y cómo las podemos abordar desde la literatura”, explicó el poeta, celebrando que al jurado le haya gustado su trabajo.
“Me dijeron que les había gustado el libro y que estaban contentos de que haya sido un mexicano porque el año pasado creo que se lo ganó una española (Beatriz Fernández, de Sevilla) y como es internacional, pues, sí se lo ganan gente de afuera y gente de acá”.
Mientras tanto y a punto de cumplir cuatro décadas, “quién sabe qué vaya a seguir viniendo, ojalá sigan gustando los libros que vengan dentro de la constelación, pero por ahora no puedo decir más que estoy muy contento, estoy muy sorprendido y digo: ‘vale la pena arriesgarse0’.
“Ahora estoy escribiendo yo, el que vivió en Pinotepa Nacional (en Oaxaca, donde nació), el que creció en toda esa carretera federal, el que se volvió adulto en Acapulco, el que un día dijo ‘pues yo quiero quedarme a escribir libros’ y todo chido, pero a la luz de mis amigos, de la gente que me rodea, de los vecinos, de mi familia, de un yo un poco más del ligado de la vida literaria y más cercano pues al mundo, a la realidad y a donde estamos presentes.
“Digo, cada quien decide de qué escribir, cómo escribir y por qué lo hace, pero quien lo tenga claro, de una manera honesta se ha de responder a sí mismo y decir: es que yo quiero esto y aquello y órale, pues”.
Óscar Ricardo Muñoz Cano


