
Acapulco, Guerrero, a 12 de marzo de 2025.- Una investigación del doctorado en Ciencias Ambientales de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) busca gestionar la reconstrucción de la colonia San Isidro Labrador después de las afectaciones ocasionadas por el huracán Otis por el que murieron 11 vecinos, documentó el doctorante Manuel Orlando Lozano Ortiz.
El objetivo es generar una hoja de ruta que aborde las dimensiones sociocultural, socioeconómica, socioambiental, socioespacial y gobernanza porque “la reconstrucción física necesita primero trabajar la vulnerabilidad social”, afirmó el también profesor de arquitectura del Instituto Tecnológico de Acapulco (ITA).
Un mapeo del municipio que forma parte de la investigación arroja que San Isidro Labrador es uno de los “puntos críticos” de la marginación en el municipio por la falta de servicios y de acceso a la salud, asentamiento que también fue afectado por las lluvias intensas del huracán John.
Un recorrido de El Sur junto con el investigador en la colonia limítrofe con Coyuca de Benítez mostró el abandono de muchas viviendas que resultaron severamente dañadas y el riesgo en el que aún viven cientos de vecinos del arroyo que se desbordó el 25 de octubre de 2023 y que aún está lleno de innumerables rocas arrastradas aquella madrugada.
Entre las principales carencias está la falta de suministro de agua potable, los habitantes de San Isidro Labrador siempre han sufrido por ello, pero desde el huracán categoría 5 el gobierno municipal ya no ha bombeado agua, entonces se surten de pozos artesanales y pipas privadas.
Las inequidades urbanas en el espacio periurbano
San Isidro se consolidó como colonia en los primeros años de la década de 2000, pero desde el análisis de las vulnerabilidades preexistentes, afirmó Lozano Ortiz, el desastre provocado por el huracán Otis ya se “veía venir, ya tenía antecedente del arroyo con Paulina (huracán de 1997), y Boris (huracán de 1996)”.
“Estás hablando de Acapulco, pero a la vez no es Acapulco, entonces nosotros hablamos de inequidades urbanas en el espacio periurbano y es parte de un fenómeno global que se traduce en deficiencias en los servicios y de acceso a la salud”.
Su plan de reconstrucción forma parte de su proyecto de investigación del doctorado en Ciencias Ambientales que cursa actualmente y consiste en “una investigación aplicada que tiene que ver con la gobernanza, es decir, ver la participación, ver la asociación de diferentes grupos, de diferentes actores, también de acciones, de capacidades para el diálogo, para la planeación de San Isidro Labrador”.
“Lo que hacemos dentro de la investigación es analizar la parte de la relación social entre la comunidad con las autoridades, con el medio ambiente, con la percepción de riesgo y cómo estas dinámicas pueden resultar en obras de reconstrucción que contemple la reducción del riesgo de desastre”, explicó el doctorante en Ciencias Ambientales.
El proyecto ganó un financiamiento de la Universidad de Arizona, Estados Unidos, al considerarlo entre las 20 mejores iniciativas para Latinoamérica y el Caribe, pero está suspendido por la extinción de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) promovida por Donald Trump.
Pese a ello, el proyecto continúa partiendo “desde una teoría del actor red para el involucramiento de las personas y desde la teoría del ensamblaje para entender que las repercusiones materiales tienden una hibridación social, material y afectiva”.
Es decir, explicó el arquitecto académico del ITA, “una vivienda es una vivienda, tiene techo, tiene paredes, piso, pero una vivienda no es lo mismo que un hogar, porque un hogar, además de ser un espacio habitado, es un espacio ligado a una familia, una tradición, una historia, un esfuerzo, un trabajo para adquirirlo”.
Puso de ejemplo la muerte de una señora de 89 años, que fue arrastrada por el arroyo, sobrevivió a ello, pero falleció por falta de atención médica, lo que provocó una ruptura familiar por la división de bienes.
“¿Cómo una reconstrucción física se puede llevar a cabo si hay otras condicionantes?, como lazos familiares, la cuestión económica, los conocimientos técnicos de reconstrucción, los precios elevados de los albañiles”.
San Isidro, “punto crítico” de la marginación en Acapulco
Después del paso del meteoro el 25 de octubre de 2023, Lozano Ortiz hizo un mapeo de las zonas marginadas del Acapulco urbano que cruzó con datos satelitales de la Unión Europea, lo que resultó en cuatro “puntos críticos”, uno de ellos es la colonia Los Dragos y otro es San Isidro Labrador.
Entre junio y julio del año pasado aplicó encuestas a 206 vecinos, lo que resultó en un listado de 11 personas muertas por el huracán categoría 5, cantidad que el investigador considera subestimada porque “la parte alta es insegura y hay asentamientos aislados y hay muchas personas que se comenta desde abajo, que ya no están, que dijeron, arriba hay más gente, pero fueron los primeros que se llevó el arroyo”.
Como parte de la investigación, un grupo de geólogos efectúa un análisis geomorfológico “para ver la cuestión de la cuenca y vimos que más o menos, en esa parte, de divide es donde arrasó con varias casas”.
El doctorante expuso el caso de una persona muerta de la que su familia sobreviviente no ha tramitado el acta de defunción, otra razón para pensar que hay más víctimas que las 11 contabilizadas en San Isidro Labrador.
Aun así, la cifra clarifica la magnitud del desastre en esta colonia de la que la Fiscalía General del Estado (FGE) sólo reportó una mujer desaparecida y ninguna muerte en la solicitud de información publicada en estas páginas el 24 de octubre pasado.
Uno de los resultados que arrojó el sondeo es que más de la mitad de los habitantes de este asentamiento urbano no está afiliada a ningún servicio de salud y el 80 por ciento “no tiene cómo abastecerse de agua, tiene que comprar un tinaco, tiene que vivir de la caridad del vecino que tiene pozo de agua”.
De la reconstrucción física, indicó que “lo más importante es el arroyo, urge canalizarlo y ya hay un proyecto de reconstrucción de Conagua (Comisión Nacional del Agua) en la reconstrucción del bordo y desazolvamiento y represas en la parte alta”.
Sin embargo, insistió el académico, “la reconstrucción física necesita primero trabajar la vulnerabilidad social, que es muy alta en San Isidro, mucha de la población son adultos mayores, algunos no saben leer, algunos son receptores de cuidado, algunas son personas cuidadoras, otras padecen enfermedades crónicas”.
Viviendas abandonadas y vecinos en zona de riesgo, el panorama actual
El viernes pasado, El Sur acompañó a Lozano Ortiz a un recorrido en San Isidro para ver las afectaciones en la colonia y ahondar en su propuesta de reconstrucción, junto con alumnos del ITA que están haciendo sus prácticas profesionales como parte del proyecto.
Algunas partes de la colonia siguen intactas desde Otis, siguen los cascarones de las casas barridas por la lluvia, los vientos y las piedras que rodaron aquella noche, como la colindante al terreno de Jessica Padilla, quien recordó con tristeza cómo el agua tapó más de un metro de altura su casa y que no recibió ningún apoyo por el censo federal de Otis porque otros vecinos registraron la dirección de su domicilio como propia.
El huracán John volvió a inundar la vivienda, pero Jessica Padilla consideró que fueron más graves los daños causados por Otis, como la fragilidad del puente construido por los vecinos para conectar a los vecinos de las partes más altas con el área colindante a la carretera federal Acapulco-Zihuatanejo.
A la par de las casas deshabitadas cerca del arroyo, muchas más siguen ocupadas por vecinos como Jessica, mujer de 46 años que vende piñatas, que fue notificada por Protección Civil de vivir en una zona de riesgo, pero no le ofrecieron ninguna alternativa de vivienda.
La precariedad de la zona, con problemas de inseguridad también, se profundiza con la falta de agua potable, antes de Otis sólo llegaba cada cuatro meses, pero desde el paso del meteoro la tubería está tapada y no han recibido ni un día, lo que obliga a los vecinos a comprar pipas de 900 pesos y a surtirse de pozos artesanales.
El recorrido continuó hacia el centro de salud que da servicio hasta las 2 de la tarde y luego hacia las abandonadas instalaciones que inauguró en 2002 la Asociación Gilberto, un punto de encuentro de vecinos y sede de diversos talleres que el proyecto de Lozano Ortiz también pretende recuperar como parte de la reconstrucción de la colonia.
La asociación es parte de la red de actores privados y públicos involucrados en el proyecto que funge como gestor, otros son el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN).
Próximamente se va a llevar un taller de dialectogramas, “que son dibujos que hablan sobre las necesidades de la colonia y las aspiraciones a la reconstrucción, entonces no solamente es lo primordial que es ponerle el techo a las casas que no tienen o ponerles una loza de concreto, sino más bien cómo ver también la vivienda, el barrio y San Isidro Labrador hacia afuera”.
Texto y foto: Ramón Gracida Gómez


