9 agosto,2018 8:12 am

Buscarán que Cultura de la Cdmx incluya “de lo más fifí a lo más raspa”

“Aunque no padecemos un nivel de violencia tan grave como Guerrero, Michoacán u otras entidades”, admite el diputado local saliente, la criminalidad está presente en las calles de la capital. Su encargo principal será conciliar “los esfuerzos federales, de alcaldías y de la secretaría, para llegar a los lugares apropiados”, dice el futuro encargado del sector, Alfonso Suárez del Real. Prevé recuperar los espacios públicos, como el emblemático Zócalo, en el que Coca-Cola, advierte, ya no podrá “poner un árbol más grande que cualquier edificio. Y su publicidad subliminal se puede ir al diablo”. Piensa organizar un festival con producciones de otros estados “porque se hace cine en Durango, Sinaloa, Guerrero, Oaxaca, Michoacán, que no llega aquí y tiene todos los atributos para ser exhibido”

 
Texto: Tatiana Maillard
 
 Hace 20 días, cuando la jefa de Gobierno electa, Claudia Sheinbaum, anunció quiénes integrarían su gabinete, una de las sorpresas fue la designación de Alfonso Suárez del Real –y no de Paco Ignacio Taibo II, según se decía– en la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.
Como legislador, fue presidente de la Comisión de Cultura de la Asamblea Legislativa de la Ciudad por el PRD. Y en la administración pública  ha desempeñado cargos en la Secretaría de Transporte y Vialidad (Setravi), el Sistema de Transporte Colectivo Metro y la delegación Cuauhtémoc. Actualmente es diputado local de Morena por el distrito XII, y fue uno de los coordinadores de la campaña de Sheinbaum.
En entrevista para El Sur, Suárez del Real afirma que la política cultural de la capital seguirá la misma línea que la política federal: la reconciliación. Pero, advierte, de vez en cuando será necesario mandar al diablo a viejos aliados comerciales.
–¿Cuál es el diagnóstico que, como próximo secretario de Cultura, tiene de la capital?
–Primero, debo aclarar que la jefa de Gobierno es quien conducirá la política cultural, yo sólo la voy a administrar. Ella tiene claro que la cultura debe ser un instrumento para reconciliar a los habitantes con su ciudad y la comunidad. Aunque no padecemos un nivel de violencia tan grave como Guerrero, Michoacán u otras entidades de la República, la criminalidad está presente en las calles de nuestra ciudad desde hace unos años. No somos la excepción.
De la violencia se deriva el miedo a estar en calles, parques y plazas de tu propia ciudad. Te obliga a abandonar los mercados y a encerrarte en algo que no es para ti: los centros comerciales.
Hay otras formas en que se expresa la violencia, como la pobreza, la marginación, la segregación de los derechos culturales.
–¿Cuál será el sello distintivo de la política cultural en esta administración?
–Primero, hay que dejar de pensar en ofertas culturales: son propuestas. Los derechos no se venden ni se ofertan. Ahora, los derechos culturales tienen tres espacios de ejercicio.
Uno es el de los públicos y es el que más me interesa porque pertenezco a él: yo no escribo, ni pinto, ni canto, ni actúo. Soy un amante de todo eso. Impulsé la Ley de Cultura y Derechos Culturales de la Ciudad de México. La gente debe acceder a la cultura por derecho.
El otro segmento es el de los creadores, que deben alejarse de los procesos paternalistas y de mecenazgo. En vez de eso, queremos insertarlos en un proceso donde su creación se reconozca bajo nuevos esquemas, es decir, a través de curadurías que analicen qué proyectos son fundamentales para los públicos.
Y está el sector de los promotores. La dinámica cultural de la ciudad está desarticulada, descontextualizada, y cada quien jala para su lado. La doctora Sheimbaum me ha pedido ser el conciliador de los esfuerzos federales, de alcaldías y de la secretaría, para llegar a los lugares apropiados con las propuestas culturales que la gente requiera.
–¿Se restringirán las becas?
–Lo que yo digo es: que las becas sean para los jóvenes. Son a ellos a quienes debemos mantener ocupados y tranquilos. Y tenemos que buscar otra manera de darle apoyo a los mayores. Por ejemplo, buscaremos que formen a las nuevas generaciones.
Faros y Centros de Innovación
–¿Se les quitará apoyo a los creadores?
–No dejaremos solos y colgados de la brocha a quienes ya tienen cierta madurez y renombre. Pero vamos buscando fórmulas: a lo mejor tú eres un excelente pintor o escultor. Se te apoya, pero igual se te sugiere vincularte con la comunidad y que lleves tu proceso creativo en una residencia de un mes en un Faro (Fábrica de Artes y Oficios), o que brindes visitas guiadas en tus exposiciones.
–¿Qué otros proyectos plantean?
–Se crearán los Centros de Innovación, que funcionarán como los epicentros de un movimiento social que facilitará procesos educativos institucionales, despertará el interés en los talleres y generará los insumos para la recuperación del espacio público y del diálogo del público con la ciudad. En el primer año construiremos 150 centros. Al finalizar la administración tendremos 600.
–Además del espacio, se requiere de personal, ¿lo hay?
–Se necesitan tutores, talleristas y facilitadores, cuya función será garantizar los derechos educativos, sociales y culturales de la ciudadanía, lo que en la Constitución de la Ciudad de México se traduce como el derecho al buen gobierno.
–¿Dónde iniciarán estos primeros centros?
–En los lugares donde hemos encontrado que existe el mayor índice de delincuencia adolescente y juvenil.
–¿Qué ocurrirá con los Faros?
–Se van a mantener y a fortalecer. Los Faros han generado una comunidad muy relevante en torno al quehacer cultural, al reinsertar a la comunidad juvenil a través de actividades que les permiten desarrollar sus destrezas y acceder a sus derechos culturales.
Consultaremos con las distintas comunidades si aceptan estos Centros de Innovación que, a diferencia de los Faros, serán lugares de formación académica, no sólo de reinserción.
–¿Cómo se captará personal?
–La Secretaría de Educación Pública tendrá a su cargo el área de los tutores académicos y determinará quién tiene la habilidad para ser tutor. Porque eso no es cualquier cosa: el tutor no nada más imparte una clase, también tiene que saber orientar a los muchachos y detectar las amenazas de crisis.
Para la impartición de talleres, tendremos un comité curatorial honorífico. En los primeros 150 Centros de Innovación existirá la garantía de que los maestros serán de calidad. Mientras, iremos capacitando a los otros tutores, que se harán cargo de cada nuevo centro.
–¿Ya hay un presupuesto planteado para la Secretaría de Cultura? ¿Cómo se dividirá?
–La doctora Sheinbaum ha hablado de un incremento al presupuesto, acorde con los lineamientos de la austeridad republicana. Y nos ha dicho: peso que se aplique, será para los programas y no para la burocracia. Nuestras metas son altas: 12 festivales artísticos al año, incluido un Festival de Ciencia y Tecnología.
Del Zócalo al Campo Marte
–A propósito de conciertos, ¿qué papel tendrá el Zócalo?
–Tenemos que buscar su justo medio. No vamos a expulsar a nadie, pero tampoco permitiremos que, quienes se apropiaron de él, lo mantengan como su coto.
–¿Habla usted de marcas?
–Sí, eh, Ocesa tendrá derecho a usarlo, como cualquier organización, pero no será el único. Y si se instala la pista de hielo, por ejemplo, lo que yo le diré al promotor de Coca-Cola será que, de ninguna manera, podrá poner un árbol de Navidad más alto que cualquiera de los edificios y que su publicidad subliminal se puede ir al diablo.
–¿Por qué no descentralizar e impulsar otros escenarios dentro de esta enorme y compleja ciudad? La arquidiócesis ha manifestado que los conciertos en el Zócalo generan daños en la Catedral Metropolitana.
–Que sea la ciencia, y no el sacristán de la catedral, la que determine si los decibeles están causando daños a los edificios. Si eso se acreditara científicamente, haremos prevalecer la memoria histórica, por encima de su uso para fines distintos a los que le corresponden.
Si en verdad hay un daño, busquemos otros espacios. Me dicen que el Campo Marte es un buen lugar para hacer un festival de rock. ¿Por qué no nos sentamos a hablar con el Ejército? ¿Por qué pensamos que no nos va a entender? Hay cambios: Andrés Manuel López Obrador no va a usar al Estado Mayor Presidencial. ¿Por qué no vamos a darle otro uso al Campo Marte?
–Cuando se habla de recuperación de los espacios públicos, se acaba pintando un mural y poniendo juegos…
–Esa es simulación, no recuperación. El espacio público lo debes recuperar con la comunidad. Volvemos a lo mismo: reconciliar a la gente con su entorno. El programa de cultura lo hemos redactado hombres y mujeres interesados en la cultura. Se entrevistó a mil 542 promotores y creadores. Hay de todas las voces, desde lo más fifí, como diría Andrés Manuel, hasta lo más raspa. A partir de estas entrevistas llegamos a darnos cuenta de que se necesita dar espacio a la cultura chicana, porque muchos emigrantes deportados por la administración de Donald Trump están dejándose caer en la zona de la colonia Tabacalera, en el Monumento a la Revolución.
Hay que consultar también a las comunidades. La cultura es comunitaria. La constitución del país nos obliga desde 2011 a consultar a los pueblos y barrios. Tenemos que generar un ambiente distinto, integrarlos con la consulta informada: Ahí, donde estemos por abrir un espacio para una acción cultural, nos sentaremos a consultar a la gente.
Doce festivales culturales al año
–¿Y en el caso de los espacios para filmaciones?
–¡Adelante! Yo quiero que la ciudad sea una actriz de primer orden en la filmografía de los cineastas mexicanos y extranjeros. Nada más una cosa: primero se consultará a los vecinos y se les presentará el proyecto, qué y cómo se va a hacer, así como invitarlos a participar. Eso es hacer comunidad.
–Ustedes plantean la creación de 12 festivales artísticos al año. ¿Qué pasará con los que ya existen?
–Se van a consolidar. Haremos la Feria del Libro de la Ciudad de México la más importante en contenido, exhibición de libros y presentación de autores. Yo le quiero competir a la Feria del Libro de Guadalajara, la cual es ya un branding, definitivamente. Pero yo no quiero ser sólo branding, quiero ser contenido.
Y que al Festival de las Culturas Amigas no lo usen para vender los saldos de las tiendas. Vamos a hacer un festival en serio, con el apoyo de las embajadas, al menos para proyectar una película, por ejemplo. ¿Por qué no transformamos la Feria en un gran Festival Cinematográfico de las Culturas Amigas?
Y de repente, un Festival de Cine de la Producción Provincial. Porque se hace cine en Durango, Sinaloa, Guerrero, Oaxaca, Michoacán, que no llega aquí y tiene todos los atributos para ser exhibido. Que nos sintamos doblemente orgullosos de que lleguen los Cuarones. En México tenemos nuestros pequeños Hollywoods y no les hemos dado la importancia.