
LA VIDA HECHA
Florencio Salazar
El senador Juan Sabines Gutiérrez llegó como delegado del PRI. Venía a preparar el proceso de selección de candidatos a senadores y diputados federales. Su hermano Jaime le asistía como secretario particular. Israel Nogueda, gobernador, Rogelio de la O Almazán, presidente del PRI, y yo secretario general.
En realidad el senador Sabines era la avanzada del ingeniero Rubén Figueroa. En Iguala se realizó la asamblea juvenil estatal para el cambio de dirección. Fui comisionado para presidirla; don Juan pidió a su hermano Jaime, me acompañara. Resultó electo Isidro Mastache, de la corriente del figueroismo, y derrotado Hueman Abundes del pindarisdmo. Para mí, lo mejor de la asamblea de jóvenes, fue la velada con Jaime Sabines: él decía el poema y comentaba el motivo que lo había inspirado.
Como era predecible, el ingeniero Rubén Figueroa llegó al Senado de la República el 1º de septiembre de 1970. Con Vicente Fuentes Díaz fueron fórmula, llevando de suplente a Ismael Andraca Malda.
Rezumía poder
Don Rubén rezumía influencia y poder. Su oficina, siempre atestada de paisanos. Muchos se acercaban al Sol naciente. El senador era de acción inmediata. Pedía que lo comunicaran con tal o cual funcionario para recomendar para el puesto o la vacante. Argumentaba directo y con claridad.
Yo tenía derecho de picaporte en su oficina. Me anunciaba con su particular Isaías Duarte y pasaba de inmediato. Algunas veces me citó en su domicilio de Isabel La Católica, para acompañarlo al Senado.
Tú eres mi candidato
Al inicio del sexenio de Echeverría, se anunció el cambio del delegado del Injuve en Guerrero. En busca del puesto, pedí la recomendación al diputado Eusebio Mendoza, quien era amigo del subsecretario de la SEP, Héctor Mayagoitia Domínguez.
En la SEP fui recibido por el particular del subsecretario. Altanero, dijo que mis únicos antecedentes era la política priista y que el país necesitaba técnicos y administradores para su desarrollo. Informé al diputado Mendoza: “Voy a insistir, pero te aviso que recomendé también a mi hijo Chebi, pero tú eres mi candidato”.
Recurrí al senador Figueroa. Habló por teléfono con Enrique Soto Izquierdo, director del Injuve. “Usted debe saber cómo estuvieron las cosas en Guerrero. Necesitamos a este joven allá. ¿Cuándo lo recibe?” Al día siguiente fue la entrevista. Pasaron los días y nada. Insistió don Rubén. Me volvieron a llamar del Injuve: “Con las recomendaciones que tiene busque ser gobernador, compañero”.
Además de Chebi Mendoza y yo, el gobernador Caritino Maldonado hizo su propuesta. Ante tanta presión, el director del Injuve tomó su mejor decisión: dejar al que estaba.
Con los datos en las yemas
La campaña del candidato a senador Rubén Figueroa, fue sonora y de impacto. El mitin en la capital se llevó a cabo en el desaparecido Jardín Cuéllar. Expuso los requerimientos de infraestructura carretera, fomento al campo, incremento a la productividad, al turismo. Habló con detalle de las actividades económicas para impulsar el progreso de Guerrero. Ya para terminar, señaló a su compañero de fórmula: “Pero yo no soy más que un camionero. Seguramente, Vicente Fuentes Díaz, que es un intelectual, podrá exponer, mejor que yo, los problemas y las soluciones de Guerrero”.
Fuentes Díaz guardó silencio.
Le gustaban las comitivas numerosas y las comidas con música. Como presidente de la Alianza de Camioneros de la República, recorrió Iguala, Chilpancingo y Acapulco con una caravana de autobuses nuevos, que entrarían en servicio en la línea Flecha Roja. Después del recorrido por las dos únicas avenidas de la capital, la comida se sirvió en un salón de eventos. Vi bajar a Irma Serrano del autobús, atendida con todos los comedimientos. Acompañada del mariachi, cantó en el ágape. Brillante estrella en el mediodía.
Píndaro, dale duro a los caciques
Rogelio de la O y yo esperamos a don Rubén en un restaurante próximo a la caseta de cobro de Iguala. Las paredes de la ciudad estaban llenas del lema del candidato a diputado federal Píndaro Urióstegi: Píndaro, dale duro a los caciques. Don Rubén, con rostro adusto y mirada fija, dijo que Píndaro ya había olvidado cuando le pidió dinero para la publicación de su libro de discursos. “En la campaña hay que sumar a todos, no es momento de confrontaciones”, comentó reflexivo. Con despectivo ademán, dio por concluido el comentario. Píndaro jugaba sus cartas para la sucesión gubernamental.
Sucesor de Lázaro Cárdenas
Para que no hubiese duda de la cercanía, el Presidente Echeverría lo nombró vocal ejecutivo de la Comisión del Río Balsas, al fallecer el general Lázaro Cárdenas. Don Rubén tenía dos técnicos calificados: los ingenieros Nieto y Cerpa. De inmediato organizó giras por Tierra Caliente. Escuchaba y resolvía. Su autoridad era evidente. Don Rubén usó los suyos sin que le quedaran grandes los zapatos de don Lázaro. Concentró poder y lo ejercía sin recato: Gobernador atienda esto, atienda aquello. Trataba al gobernador Nogueda como a su empleado. Prudente, Nogueda resistió; pero cuando las giras eran del gobernador y el invitado don Rubén, me mandaba de avanzada a Tierra Calor. Yo cambiaba las rutas de los eventos, pues era constante que colgaran mantas de agradecimiento al ingeniero Figueroa por obras del gobierno del estado.
Destapado el destapado
Luego de cuatro años en la Comisión del Balsas, el ingeniero Figueroa fue confirmado –nunca estuvo tapado– candidato del PRI a gobernador de Guerrero. El PRI tiene la estructura sectorial, que agrupa a los campesinos (CNC), los obreros (CTM) y clases medias populares (CNOP), así como la territorial de los comités municipales y seccionales. La Convocatoria estableció que cada uno de los sectores, en sus respectivas asambleas, debería ungirlo su precandidato. Después, la Convención del PRI lo declararía candidato.
La primera asamblea –Sector Agrario–, se organizó el 30 de mayo de 1974, en la plaza de toros del recinto ferial de la Bandera, en Iguala. El acto se programó a las 13 horas. Dieron las 14, las 15, las 16, las 17 horas… se suspendió la asamblea campesina porque no llegó el ingeniero Figueroa. La suspensión del acto propició muchas interrogantes: ¿enfermó? ¿habrá otro candidato? Los próximos a don Rubén estaban estupefactos y sorprendidos todos.
Acto de felonía
El 23 de junio de 1974, se realizó la Convención Estatal Ordinaria del PRI para postular candidato a gobernador en el Cine Guerrero de Chilpancingo. El presidente del PRI, don Jesús Reyes Heroles, advirtió en su discurso el costo y el riesgo de la violencia:
“No debemos ni podemos soslayar el hecho de que nuestro candidato no haya podido asistir: una acción de buena fe por parte de Rubén Figueroa y un conjunto de acciones de mala fe por parte de sus secuestradores son la explicación.
“Rubén Figueroa cree en la negociación; cree que el razonar con adversarios puede llevar a soluciones. Conociendo esta disposición de ánimo, esta actitud espiritual, Lucio Cabañas ha cometido un acto de felonía, procediendo con deslealtad y suciamente, revelando desnuda mala fe. Es discutible lo acertado o equivocado de la conducta de Rubén Figueroa al aceptar una propuesta para negociar, pero es indiscutible su buena fe y su noble intención. Cayó en la trampa pensando en Guerrero. En contraste con ello, es evidente la mala fe y la traición de sus secuestradores”.
El ingeniero Figueroa pensaba llegar con Lucio Cabañas a la asamblea del Sector Campesino a Iguala. No dudó del éxito de su objetivo, pues a la entrevista llevó a su secretaria privada Gloria Brito –que estaba embarazada– para que tomara nota de los acuerdos. El ambiente político era de incertidumbre en Guerrero.
La impotencia del terrorismo
Don Jesús Reyes Heroles señaló también: “El terrorismo es la violencia minoritaria situada a la espalda del pueblo, que niega la capacidad de decisión de las mayorías. Es, en el fondo, intentar, con su poder desorganizador, cuando lo tiene, imponerse a las mayorías, para que unos pocos resuelvan por los muchos. El terrorismo es siempre maquinación, odio a la ley, miedo al diálogo, es siempre irracionalismo y pánico ante el análisis de los problemas y el examen de los hombres.
“En todo terrorista hay impotencia política e incapacidad organizadora; en todo terrorista exige el deseo de hacer una revolución solitaria, sin que importe el consentimiento de las mayorías; en todo terrorista hay un maniático creyente en su absoluto, que intenta fieramente imponerla a sus semejantes; en todo terrorista se da un envanecido, que él y sólo él siempre tiene la razón y considera que los que piensan distinto a él están con la sinrazón. Por eso han sido llamados Alquimistas de la revolución, por su estrechez mental, por su ineficacia política, por despreciar lo que el hombre común piensa”.
La inconformidad y la sangre
Tenía yo el largo –y para mí grato– nombramiento de Procurador de Pueblos de la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos del Estado de Guerrero (no llegué a imaginar que yo sería Secretario de la Reforma Agraria). Mi responsabilidad era gestionar ante el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización –con Echeverría se transformaría en SRA– demandas de ejidatarios y comuneros. Asistí a diversas asambleas campesinas en diferentes regiones, especialmente en la baja Montaña. El secretario general de la Liga, diputado Neftalí Gracida Guerrero, me comisionó para que llevara un paquete de permisos de exportación a los cafetaleros de Atoyac (fines de mayo de 1967).
En la Flecha Roja, línea a la que la población impuso el lema: Primero muertos que llegar tarde, arribé pardiando el día. Me esperaban los dirigentes de los cafeticultores. Nos dirigimos a la reunión y entregué los permisos. “Vamos a la Casa del Agrarista, en donde vas dormir”, dijeron. Cruzamos el zócalo y llegamos a la contra esquina de la escuela primaria Juan N. Álvarez. Abrieron las puertas de madera y pasamos a los dos salones que servían de dormitorios; había unos 10 camastros de lona. Todos tenían enormes manchones de sangre negada a secarse: “¿Qué pasó?”. “Aquí vinieron a morir policías judiciales por la balacera con Lucio”, contestaron. “Aquí no me quedo. Si no pueden pagar, yo pago”. Ellos querían que viera y vi lo ocurrido días antes.
Con anterioridad, por la prensa me había enterado de que la Escuela Juan N. Álvarez había sido tomada por un grupo de maestros y padres de familia, inconformes con el nombramiento de la directora. Los descontentos tomaron la escuela y pusieron cadenas a las puertas. La policía quiso desalojarlos y se desató la balacera. Lucio huyó hacia la sierra. La misma versión me dieron en Atoyac.
Cuando ocurrió el secuestro del ingeniero Figueroa, me llegaron de golpe las imágenes de lonas blancas con capas de encáustica roja.


