5 febrero,2025 4:16 am

Carece también el Centro de la capital de servicios básicos; está en Guerrero por la Paz

 

Chilpancingo, Guerrero, a 5 de febrero de 2025.- Como cualquier barrio o colonia de la capital, el centro de Chilpancingo presenta los mismos problemas de desarrollo urbano y carencia de servicios públicos: escasez de agua entubada, deficiente alumbrado público y drenaje, calles con abundantes baches, banquetas angostas y con postes de luz en medio y otras bloqueadas por bolsas de basura o invadidas por comerciantes ambulantes que impiden el paso de transeúntes.

Por ello la colonia Centro con el barrio de San Mateo y ocho colonias de la periferia de la capital fueron incluidas por el gobierno federal en su estrategia Guerrero por la Paz que busca disminuir la violencia “atacando las causas”, y llevando servicios a los asentamientos humanos de mayor índice delictivo.

El centro de la capital fue fundado aproximadamente en 1600 por cuatro familias que llegaron de España: Leyva, Guevara, Adame y Rodríguez. Antes, entre los años 1591 y 1592 estaba asentada en la zona una tribu conocida como Los Yopes, de acuerdo con el testimonio del escritor y periodista Héctor Contreras Organista, quien además es originario y vecino del centro de Chilpancingo.

Lo que se conoce como “el centro” está delimitado por los barrios de San Francisco, San Antonio, San Mateo y Santa Cruz. El quinto barrio, el de Tequicorral, está más al sur y colinda con el de San Francisco.

Hasta antes del 2005 en el centro de la capital se encontraban las sedes de los tres poderes: el Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Sus edificios circundaban la plaza Primer Congreso de Anáhuac, pero en ese año durante la administración del gobernador René Juárez Cisneros (PRI), fueron cambiados al sur de la ciudad.

Actualmente sólo el edificio del Palacio Municipal permanece en el Zócalo, pero la mayoría de edificios y casas están ocupadas por bancos, oficinas de dependencias gubernamentales, establecimientos comerciales, despachos de abogados, contables y notarías públicas.

La plaza Primer Congreso de Anáhuac, también conocida como Zócalo, y sus calles adyacentes fue seleccionada por el gobierno federal para aplicar la estrategia contra la violencia e inseguridad denominada Guerrero por la Paz.

De acuerdo con el escritor Contreras Organista, quien vive en la casa número 24 de la calle Ignacio Manuel Altamirano, en pleno centro, aquí los problemas urbanos y carencia de servicios públicos son los mismos que en cualquiera de los barrios y colonias de la capital.

En un recorrido realizado por la zona, los vecinos se quejaron de la escasez de agua entubada, deficiente alumbrado público, calles con abundantes baches y alcantarillas levantadas o hundidas, lo que dificulta el tráfico vehicular.

En algunas calles se vieron banquetas de apenas unos 40 centímetros de ancho por donde se dificulta el paso de las personas que, además, tienen que sortear postes de energía eléctrica colocados a mitad de la banqueta, y es imposible el paso en silla de ruedas o con carriolas para bebés. Otras están invadidas por bolsas llenas de basura o por comerciantes ambulantes.

“Este lugar se ha convertido en un verdadero basurero a todas horas”, se quejó la comerciante Carmen Rodríguez, en la esquina de las calles de Ignacio Zaragoza y Baltasar R. Leyva Mancilla, en pleno centro de la capital, donde montones de bolsas de plástico repletas de desechos no habían sido recogidas a las tres de la tarde.

A unos 10 metros de la misma acera, una joven caminaba con dificultad en una banqueta de 40 centímetros de ancho, apretujada en medio de una camioneta estacionada en la calle y la pared.

“Caminar en la banqueta es toda una hazaña, si no te topas con un poste te encuentras a un comerciante y hay que bajarse a la calle arriesgando que te arrolle un carro”, dijo Manuel González, quien tuvo que esperar hasta que la joven que caminaba en la reducida arteria llegara a la bocacalle para que él pudiera pasar en sentido contrario por la misma vía.

Dos cuadras más adelante, sobre la banqueta de las calles Abasolo y Corregidora, en la contra esquina del Casino de la Juventud, ubicado en el Zócalo, un comerciante tapaba el paso con su carretilla llena de frutas a los transeúntes quienes tenían que bajarse a la calle y sortear las Urvan del servicio público estacionadas haciendo base.

–¿Si viene un representante del gobierno a preguntarle como vecino del Centro de Chilpancingo, qué servicios necesita como parte de esta estrategia Guerrero por la Paz, qué le respondería?–, se le preguntó a Contreras Organista entrevistado en su casa.

–Lo mismo que le responderían los vecinos de los barrios y colonias: ¡queremos agua!, servicios públicos, paz, tranquilidad, que no haya violencia. No tenemos calles en Chilpancingo, tenemos barrancas, despeñaderos.

“Cualquier vecino que camine por las banquetas del centro de Chilpancingo se va a encontrar con muchas dificultades, las personas que somos adultas o invidentes no podemos caminar con seguridad por las calles. Necesitamos banquetas amplias, las que hay están reducidas y todavía a la mitad te topas con un poste, no puedes caminar libremente”, se quejó Contreras Organista, a quien algunos capitalinos lo consideran el cronista de Chilpancingo.

Siguió: “yo les diría que Chilpancingo necesita una trasformación urbana, que se convierta en una ciudad de verdad, pues es la primera capital de México desde 1813 y fíjate en qué condiciones estamos”, dijo en referencia a que en ese año en la parroquia de la Asunción de María, ubicada en el Zócalo de la capital, se leyeron los Sentimientos de la Nación.

De pleitos de vecinos a la represión del Ejército y al crimen organizado

Con respecto a la violencia, Contreras Organista, quien desde 1946, año en que nació, ha vivido en la calle Altamirano, dijo que Chilpancingo nunca fue conflictivo ni violento.

“Yo nací en este lugar, en la calle Altamirano, hace casi ya 80 años, he vivido aquí desde niño, conocí a todos los niños de alrededor, todos los vecinos de la calle Pedro Ascencio, Mina, Allende, Heroínas del Sur, Zaragoza, República del Salvador, 16 de Septiembre y de la calle Rayón, (todas del centro de la ciudad) somos vecinos que siempre hemos vivido en paz”, aseguró.

Contó que supo que hasta 1935, los vecinos de un barrio a otro se peleaban pero por celos de novias “y eso se acabó por la intervención del padre Agustín M. Díaz, quien reunió a todos los vecinos y les dijo: no somos tierra de salvajes, somos una ciudad hospitalaria, tenemos familia en cada barrio y gracias a ese padre dejó de haber pleitos entre vecinos”.

Otro caso de violencia por razones distintas, recordó que fue el movimiento de 1960 que se vivió cerca del centro, en la Alameda Francisco Granados Maldonado, “cuando el Ejército y la policía masacraron al pueblo que fue a defender a los estudiantes frente a lo que ahora es el edificio docente”, explicó en referencia al movimiento que dio origen a la autonomía de la ahora Universidad Autónoma de Guerrero (UAG).

“Pero después de eso, Chilpancingo, todo, siempre ha sido hospitalario, tranquilo, es un lugar donde vivíamos en paz. Chilpancingo nunca fue una población violenta”, insistió.

Mencionó que concretamente en el centro de la capital todos se conocían, “por ejemplo, si tú eras vecino de San Mateo, yo sabía en qué calle y en qué número de casa vivías. O si alguien no sabía entre vecinos nos preguntábamos ¿este señor donde vive?, no pues frente a la casa de don Pancho Alarcón. Toda la gente nos conocíamos”.

Explicó que hasta 1961 Chilpancingo tenía apenas una población de 25 mil habitantes, “era una población pequeña y todos nos conocíamos, por eso no había tanta violencia”.

Contó que ésta se empezó a dar cuando comenzó a crecer la capital; “hoy tenemos una población de más de 300 mil habitantes que llegaron de todos los municipios e incluso de fuera del estado, y también hay gente que viene de paso y son los que generan la violencia y la inseguridad”.

El escritor y periodista recordó que concretamente la violencia atribuible al crimen organizado comenzó aproximadamente en 1990, después de los gobiernos de Alejandro Cervantes Delgado y José Francisco Ruíz Massieu.

Actualmente el centro de la capital ha sido escenario de hechos violentos de alto impacto, uno de ellos fue el asesinato del secretario general del Ayuntamiento de la actual administración municipal, Francisco González Tapia, ocurrido en la calle Juan Ruíz de Alarcón, a una cuadra del Palacio Municipal, el 3 de octubre, tres días después de que el funcionario había rendido protesta.

Otro asesinato reciente fue el del ex director administrativo de la Policía Municipal de Chilpancingo, Raúl Augusto Gracida, el medio día del 14 de enero en la concurrida avenida Miguel Alemán, a unos 200 metros de la plaza Primer Congreso de Anáhuac, en donde a esa hora unos 10 efectivos de la Guardia Nacional realizaban un rondín de rutina en el Zócalo.

De la estrategia Guerrero por la Paz, Héctor Contreras opinó que todo lo que venga a generar paz, tranquilidad, bienestar y la seguridad de las familias, siempre será bienvenido.

“Llámese como se llame la estrategia y esté el gobierno que esté, siempre que se busque el bienestar, la solidaridad y la fraternidad en un lugar común, en este caso Chilpancingo, siempre será bienvenido”, respondió.

Opinó que atacar las raíces de la violencia, promover la cohesión social y restaurar el tejido social, “es una base inteligente y primordial porque todos tenemos nuestros orígenes y como ciudadanos venimos de una raíz familiar y las raíces de las familias de Chilpancingo han sido de trabajo, la mayoría de las que vivimos en el centro de Chilpancingo fueron campesinos, sembradores de maíz, de frijol, de calabaza”.

“Chilpancingo antes tenía un clima frío y hermoso en donde se daban las fresas, las uvas y los higos. Eso ya no será posible pero sí, que se busque en las raíces de las familias la solución de la violencia”, recomendó.

Según la subsecretaria de Desarrollo Democrático, Participación Social y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación (Segob), Rocío Bárcena Molina, la estrategia Guerrero por la Paz va a atender las causas de la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades, llevando servicios a las colonias con alta incidencia delictiva para que la población, “sienta que ahí está su gobierno”.

Texto: Zacarías Cervantes / Foto: Jesús Eduardo Guerrero