27 noviembre,2021 12:18 pm

Celebran el trabajo de casi 30 años de Ediciones Tecolote con premio en la FIL de Guadalajara

 

Ciudad de México, 27 de noviembre de 2021. Como el vivaz búho que distingue a su sello –pupilas enormes y libros que son alas–, Cristina Urrutia busca propiciar lectores de ojos bien abiertos, al acecho de su cultura.

La fundadora de Ediciones Tecolote, que en 2023 cumplirá 30 años dedicada a la literatura infantil y juvenil, recibirá el lunes e premiol Homenaje al Mérito Editorial en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, cuyas actividades arrancan este sábado 27 de noviembre.

Un reconocimiento que comparte con los colegas independientes que subsisten frente a un panorama adverso para la industria.

Entrevistada en la morada de la editorial, un luminoso inmueble de Tacubaya cuyo patio refresca un árbol de jacaranda, Urrutia rememora los esfuerzos que han llevado al sello a ganar dos Ragazzi Awards en la Feria del Libro Infantil de Bolonia, Italia, la más importante del mundo para dicho público.

La apuesta de Tecolote convenció incluso a la SEP, que adquirió su primera colección de historia.

“Nuestros libros tenían mucha investigación, y lo que hicimos fue transmitirla de manera divertida. Y gustó. No pensé que fueran a comprarnos en la SEP libros en los que bajamos a los héroes de su pedestal y los presentamos como seres humanos, permitiendo a los niños identificarse con ellos y comprender que no tienen que ser personajes de bronce para formar parte de la historia”, explica la editora.

Junto con su marido, Wojciech Stebelski, cómplice de la editorial, Urrutia invita, entusiasta, a mirar los libros, hojearlos, a demorarse en las imágenes y apreciar los guiños de humor de las ilustraciones.

“¡Claro que me divierto! Es nuestra pasión. Podemos pasar horas y horas reflexionando, haciendo libros y, sobre todo, trabajando en equipo”, asegura.

Fue la maternidad la que provocó que Urrutia, socióloga e historiadora adscrita entonces al INAH, y quien había colaborado en la colección Piñata de Editorial Patria, adoptara la profesión de editora.

“No había libros para niños con temas mexicanos, y cuando trabajaba en el INAH me di cuenta que hacían mucha promoción sobre rescatar y cuidar el patrimonio, pero no se trabajaba con ellos para, desde pequeños, inculcarles el amor por sus raíces. Entonces decidí hacer estos libros”, cuenta.

Había que emular al tecolote, símbolo de la sabiduría, y abrir bien los ojos para aprender a mirar la cultura, y no verla superficialmente.

“Tenemos una cultura muy rica, solo falta mostrársela a los niños. Es muy importante que estés seguro de tus raíces. No quiero decir que tienes que ser localista: pienso que puedes adoptar lo mejor de otros mundos, y hay que hacerlo, pero sabiendo lo que tienes, porque, si no lo sabes, a veces escoges cosas muy por debajo de tu cultura. Debes conocer tu cultura para poder tomar lo mejor de otros mundos”, enfatiza.

“Es cosa de abrir los ojos”, insiste Urrutia. “Quizá estamos un poco apantallados cuando tenemos la mirada puesta en el Norte y no nos hemos dado cuenta de lo que tenemos”.

Temas como la migración, la ecología, el lenguaje popular, los derechos de los niños o la alimentación forman parte de un catálogo que apela a la inteligencia de sus lectores, afirma.

“Hay que tratar a los niños como seres inteligentes, no como subdesarrollados. La única diferencia es que el lenguaje debe ser más claro y los libros tienen que ser, de alguna manera, lúdicos. Aunque los nuestros inclusive gustan a los adultos”.

“La mexicana”

La apuesta de Urrutia no sólo le ha granjeado premios a Tecolote, sino una identidad que se reconoce en Bolonia, donde el pabellón mexicano, antes desairado, ahora convoca a editores y públicos interesados en acercarse las producciones editoriales del país.

En la feria italiana, cuenta Stebelski, la señalan como “la mexicana”, capaz de sorprender con sus títulos a sus pares y de abrir un mercado en Europa, Asia y América para los libros nacionales.

Desde fundación, Tecolote ha publicado 130 títulos.

“No son muchos en tantos años de trabajo, pero son libros que hemos hecho poco a poco, con mucho trabajo, con mucha atención”, pondera.

Ha contado la anécdota de cuando la SEP, hace años, le pidió publicar sus libros en un papel de baja calidad. Se negó.

“Porque los niños merecen lo mejor y porque nuestro patrimonio hay que mostrarlo en toda su belleza, reproducirlo con todo el respeto que merece. Me niego a hacer libros de mala calidad, de mal papel, que además no se pueden leer, como cuando pones un texto muy apretado; deben ser libros bien hechos. No nos importa el tiempo que tardemos o los medios: debemos darle a los niños cosas de calidad. Es uno de nuestros principios”.

No son libros lujosos –la mayoría en pasta blanda–, pero sí de calidad, aclara.

“La literatura infantil debe ser muy exquisita”, apremia. “Estás formando al ser humano: debes poner todo de tu parte”.

Texto: Yanireth Israde / Agencia Reforma