
La ceremonia se llevó a cabo en el Castillo de Chapultepec, marcando el regreso de este evento al país tras la entrega de 1991. Se congregan figuras internacionales de la arquitectura, incluyendo a pasados ganadores como Anne Lacaton, Kazuyo Sejima y Diébédo Francis Kéré
Ciudad de México, 12 de mayo de 2026. La mayor celebración de la arquitectura volvió a tener lugar en México, con la entrega anoche del Premio Pritzker 2026 al chileno Smiljan Radic Clarke.
Mientras que en 1991 el Palacio de Iturbide albergó la ceremonia de entrega de la máxima distinción de la arquitectura al estadounidense Robert Venturi, esta vez el Castillo de Chapultepec fue el espacio que concentró a algunas de las figuras más importantes de esta disciplina a nivel mundial.
Talentos de la talla de Anne Lacaton, Kazuyo Sejima y Diébédo Francis Kéré, todos ellos ya alguna vez galardonados con el Pritzker, estaban allí, y junto al resto de los y las invitadas contemplaban el grisáceo paisaje capitalino desde lo alto del recinto histórico mientras circulaban copas de champaña, vino, tequila y mezcal.
“Muchísimas gracias por esta hospitalidad con que nos han recibido desde hace algunos días aquí en vuestro País”, enunció el también arquitecto chileno Alejandro Aravena, presidente del jurado del Pritzker y él mismo uno de sus ganadores hace ya una década.
Desde el Patio del Alcázar, Manuela Lucá-Dazio, directora ejecutiva del premio instituido en 1979 por The Hyatt Foundation, se refirió a México como “una tierra de vívidos contrastes y pasiones”, con su vibrante confluencia de patrimonio indígena, ideales revolucionarios e innovación moderna.
“De tan tempestuosa historia, la cultura mexicana sólo podía emerger como algo profundamente complejo”, expresó ante quienes, con curiosidad, se habían detenido a observar de cerca la exposición permanente del también Museo Nacional de Historia, cuyo personal de sala les ofrecía detalles.
Desde la primera mención a Radic Clarke (Santiago de Chile, 1965), todo el tiempo detenido para recibir felicitaciones y peticiones de fotos, el público reaccionó con un fuerte aplauso.
Los curadores Ana Elena Mallet y Kit Hammonds; los arquitectos Enrique Norten, Miquel Adrià, Fernando Romero y Mauricio Rocha, y la titular del INBAL, Alejandra de la Paz, fueron algunas de las figuras de la escena local presentes en el evento.
A decir de Lucá-Dazio, la dimensión democrática del quehacer del chileno resulta una invitación a reconectar en tiempos en que los valores y la propia condición humana han venido a menos.
“Por crear edificios que abrazan la impermanencia como una condición permanente y la inestabilidad como un estado temporal moldeado por la gente, el tiempo y los contenidos, y por recordarnos que la arquitectura es un arte que le habla a la esencia de la condición humana y desafiar lo que en última instancia nos hace humanos, celebramos esta noche a Smiljan Radic Clarke”, destacó la directora ejecutiva.
“Smiljan, tu trabajo nos recuerda que la arquitectura aún sorprende, aún maravilla y aún habla fluida y poderosamente”, resaltó, por su parte, Margot Pritzker, en representación de la familia que honra al galardón, antes de hacer entrega de la medalla al chileno.
Aravena narró la dificultad para enunciar el valor de una obra que de origen se resiste a ser caracterizada en palabras, es decir, que produce “certezas inefables”.
Y es que, continuó el chileno que presidiera el jurado, se trata de un tipo de arquitectura que se debe experimentar para poderla comprender.
Como ejemplo, contó que de visita por una casa diseñada por Radic Clarke en Santiago, cuya disposición de las habitaciones y el espacio de inicio le parecieron fuera de lugar; “si yo hubiera sido tu profesor, y tú me presentabas esto, te hubiera reprobado”, dijo, con humor, Aravena.
“Pero una vez que lo ves y experimentas, tienes la sensación de que quien ha fallado eres tú”, agregó, refiriendo que ese paso por las obras del laureado, bien conocido por su indagación más allá de las tipologías convencionales, hizo mucho más sencilla la elección.
Finalmente en su turno al micrófono, Radic Clarke empezó por agradecer a la arquitectura misma, y el discurso de aceptación al que dio lectura terminó por ser un paseo por algunas de las referencias más importantes de la arquitectura.
Desde Le Corbusier y Aldo Rossi hasta los fósiles en el desierto de Atacama, en Chile; las columnas del Templo de Poseidón, en Grecia, o la Gran Pirámide de Giza, en Egipto, entre una larga lista de sitios y elementos nombrados por el proyectista chileno.
Israel Sánchez / Agencia Reforma


