
“Por nuestros hermanos que perpetran el mal, pidamos al Señor por su conversión, que recapaciten, que reorienten su vivir”, llama en su homilía el arzobispo de Acapulco
Zihuatanejo, Guerrero, 7 de enero de 2025. Este lunes el arzobispo de Acapulco, Leopoldo González González presidió la misa por la Reconciliación y la Paz en el santuario del Padre Jesús en Petatlán en memoria de las personas asesinadas hace un año en un palenque en esa cabecera municipal, y pidió a los presentes no dejar de orar, “por nuestros hermanos que perpetran el mal, pidamos al Señor por su conversión, que recapaciten, que reorienten su vivir y sean el bien que Dios pensó a través de ellos al crearlos”.
Hace un año, ocurrió un ataque armado en Petatlán contra asistentes a un palenque viendo peleas de gallos; en el hecho fallecieron 17 personas y una veintena resultaron heridas y trasladadas a hospitales públicos y privados en esa ciudad.
Ayer lunes, con una misa denominada Por la Reconciliación y la Paz, presidida por monseñor Leopoldo González, se pidió por el descanso eterno de las almas de las víctimas de esa agresión, Bertoldo Mercado Valdovinos, Julio César Torres Urieta
Pascual Hernández Zarco, Sandra Luz Laurel Chavarría, Cristian Herrera Chavarría, Gonzalo Tapia Rodríguez, Gonzalo David Tapia Ortiz, José Miguel Salomé Rosales, Gustavo Espino Galeana, René Montúfar Gómez, Saúl Castillo Bello, Hilaria Barrera Navarrete, Carlos Enrique Valdovinos Meza, José Ruiz Valdovinos, Antonio Ávila Mejía, Jonatan Galeana Rodríguez y Humberto García Rodríguez.
En su homilía, el prelado manifestó, “pido al Señor al inicio de este nuevo año, siga fortaleciendo su salud y llenando su espíritu de grande fortaleza, que ante las dificultades no desesperemos, porque no estamos solos, el Señor nuestro Dios está a nuestro lado cada día”.
Explicó: “nos reunimos para orar por el eterno descanso de nuestros hermanos que hace un año fueron asesinados”.
“Para orar por el consuelo de sus familiares, de sus amigos, el consuelo de la comunidad, porque fue un hecho que hirió a la comunidad, para orar por la seguridad y la paz en el mundo, en nuestra patria, en nuestra región”.
Dijo que, “primero oramos por el eterno descanso de nuestros hermanos que hace un año fueron asesinados, miren cómo nuestra fe nos permite mirar a estos hermanos nuestros, no destruidos, los miramos en la presencia de Dios nuestro padre, están con Dios, están en su presencia, por ello pedimos al Señor tenga misericordia de ellos, los perdone y les haga participar de la bienaventuranza eterna donde se finca nuestra fe en Cristo que por nosotros murió y resucitó”.
A modo de confortar a los dolientes de los fallecidos, el arzobispo sostuvo la iglesia católica está celebrando el año jubilar de la Encarnación, “una de las gracias grandes del año jubilar es la indulgencia plenaria, miren que cuando hacemos el mal, quedamos debilitados, como más inclinados a hacerlo, como un apego al mal, queda en nosotros, el Señor perdona nuestras culpas, queda ese apego, esa inclinación, hemos de purificarnos para poder entrar a la Casa del Padre, la indulgencia plenaria alcanza este perdón a nuestros hermanos difuntos”.
“Muy de corazón el día de hoy pedimos por el eterno descanso de nuestros hermanos asesinados hace un año, pedimos al Señor por el consuelo de sus familias, de sus seres queridos, por el consuelo de la comunidad agraviada tan fuertemente por esto que pasó hace un año”.
Cuestionó, “¿de dónde puede venir el consuelo cuando la muerte ha arrancado violentamente de entre nosotros un ser querido?, miren ustedes que la muerte de un ser querido se lleva algo nuestro, por ello sentimos un vacío grande y cuando es de una manera injusta, violenta, golpea muy fuerte; ¿cómo podemos encontrar consuelo?”
“Dos cosas, quisiera que no perdiéramos en la mente y dejáramos en el corazón; la primera, la certeza de que Dios, de que el Señor estuvo con nuestros seres queridos en ese momento en que sufrieron la violencia tan grande, la misma palabra del Señor Jesús que hemos escuchado en la página del evangelio nos da esa certeza, “vendré y los llevaré conmigo”, el Señor estuvo con nuestros seres queridos en ese momento y estará también con nosotros cuando él nos llame a la casa del padre ese estar el señor Jesús”.
“Una segunda fuente de consuelo: la esperanza de reencontrarnos en la Casa del Padre, nos volveremos a encontrar en la Casa del Padre, los miramos en la bienaventuranza eterna, pedimos al Señor los tenga en su gloria, tenemos la esperanza de volver a vernos con él”.
Luego, puso como ejemplo la vida de Jesús, en el sentido de que, “pasó la vida haciendo el bien, el mal se ensañó contra él, ustedes tienen esta bendita imagen de nuestro padre Jesús, el mal se ensañó contra él, pero miren en sus ojos la luz del perdón para aquellos que le hacían el mal, nunca respondió al mal con otro mal, la gran fuerza del Señor fue responder al mal siempre con el bien, él es el sumo bien, el gran bien, ¿cómo caminar hacia la Casa del Padre donde encontrarnos con nuestros hermanos a quienes pedimos al señor tenga con él?, recorriendo ese camino”.
“El Señor llene de consuelo a ustedes queridas familias, a ustedes querida comunidad, luego de este dolor tan grande que han sentido; tercero pedimos al Señor por la paz en el mundo, por la paz en nuestra patria, por la paz en nuestra región, el Señor siga iluminando y fortaleciendo a quienes tienen a su cargo el cuidado del bien común desde el servicio de autoridad para encontrar las maneras conforme a derecho que aseguren a las personas sus bienes, su vida”.
Y pidió que, “no dejemos de orar por nuestros hermanos que perpetran el mal, pidamos al Señor por su conversión, que recapaciten, reorienten su vivir y sean el bien que Dios pensó a través de ellos al crearlos, cada uno artesano de paz”.
“Que donde quiera nos encontremos, las personas y sus bienes estén más seguras que si no estuviéramos, pedimos al señor por la paz entre nosotros y cada uno de nosotros un destello de la paz del Señor”.
Texto: Brenda Escobar/ Foto: Cortesía de Miguel Ángel Valdeolívar


