30 mayo,2023 5:22 am

Coahuila y el Estado de México

Arturo Martínez Núñez

 

El próximo domingo los mexiquenses y coahuilenses tendrán la oportunidad histórica de sacar de sus respectivos gobiernos estatales al PRI. En ambos estados nunca ha habido alternancia. Son casi cien años de gobiernos priistas que han dejado una estela de corrupción, empobrecimiento, clientelismo y paternalismo.

En Coahuila parece ser que el PRI seguirá gobernando gracias a la traición de un innombrable que hace apenas unos años le levantaba la mano al panista Ricardo Anaya en Acapulco.

En el Estado de México, Morena arrasará en la mayor entidad de México y terminará con la hegemonía del llamado Grupo Atlacomulco que como broma del destino, tuvo a su primer gobernador bajo las siglas del PRI (antes habían gobernado desde 1929 pero como PNR) a Alfredo del Mazo Vela, abuelo del actual gobernador Alfredo del Mazo Maza. Comenzaron con un del Mazo y terminarán con otro del Mazo.

La maestra Delfina Gómez, profesora de las de frente a grupo, se convertirá en la primera mujer al frente del Ejecutivo mexiquense.

Esto significará un revés mayúsculo para el tricolor porque perderá el control sobre el principal presupuesto estatal (356 mil millones de pesos para 2023, unas 4.5 veces el presupuesto de Guerrero). El Estado de México se había convertido en el refugio de miles de figuras nacionales que al ver cerrados los espacios en otros sitios se pegaron a la ubre estatal como última esperanza. Lo mismo la mayoría de medios de comunicación que viven del chayote y el convenio así como líderes de opinión corrompidos y que todavía en la tercera década del siglo XXI viven del sobre manila que puntualmente se sigue entregando desde las oficinas de Toluca.

La victoria y la alegría que habrá en Texcoco significará llanto en Polanco y las Lomas en donde varios habrán de ver cómo se les escapa de entre las manos el mayor presupuesto y su última oportunidad de seguir bisneando.

Morena tendrá que revisar con seriedad su política de alianzas y hablar serio y duro con nuestros “aliados” que a veces parecen ser más bien aliados de la derecha.

Estamos a tiempo de construir una gran alianza necesaria para garantizar la mayoría parlamentaria en el Congreso y en las legislaturas estatales. Las alianzas se construyen en tierra, distrito por distrito tal como lo hizo Andrés Manuel López Obrador en aquel histórico 1997 en donde el PRD entonces encabezado por él tejió una fina red de alinanzas que permitió obtener triunfos antes impensables. Las alianzas no se hacen en los comederos de la Ciudad de México repartiendo las candidaturas como si fuera un juego de mesa. Es necesario valorar a las mejores mujeres y hombres para que acompañen e impulsen regionalmente a nuestra candidatura presidencial. En política no hay sorpresas sino sorprendidos.

La cuarta transformación, nuestro movimiento, obtendrá una contundente victoria en el Estado de México y sin embargo saldremos con una sensación extraña por no haber podido construir el triunfo en Coahuila. Ahí quedarán las lecciones para el que las quiera ver. Ahí donde se elige candidata o candidato a partir de buenos juicios, se obtiene el triunfo. En donde se hace a partir de la soberbia se pierde.

Pobres coahuilenses, la tierra de Madero, el apóstol de la democracia, seguirá gobernada por lo peor de la política mexicana. Pobre Coahuila porque la peregrinación del chayote se moverá de Toluca a Saltillo.

Los mexiquenses deben de salir a votar masivamente y con la confianza de que se obtendrá un triunfo contundente que sea el prolegómeno para la madre de todas la batallas: la elección presidencial del 2024.

 

PD: reciba mi saludo fraterno el licenciado Héctor Astudillo y familia ante el triste y lamentable fallecimiento de su hijo Héctor Javier. Los adversarios políticos no somos enemigos, únicamente pensamos diferente, pero debemos unirnos ante la tragedia personal. Descanse en paz Héctor Javier Astudillo Calvo.