
Es el único sitio que se mantiene en pie donde vivió la destacada artista y activista en el país
Ciudad de México, 8 de diciembre de 2022. “A las cinco y media de la mañana de ayer nos encontramos tomando café, empacando con prisa febril, y en gran agitación para movernos antes de que nuestro casero nos descubriera; pues decidimos dejar Lucerna 12 sin pagar los 250 pesos exigidos”.
Un pago que a Edward Weston le pareció una extorsión del dueño por haber roto el contrato y, por tanto, “valía la pena arriesgarse para evitar el pago” con aquella precipitada huida junto con Tina Modotti hacia Veracruz 42, su “nuevo hogar”, tal como el fotógrafo narró en su diario el 16 de mayo de 1924.
Esa casa en la colonia Condesa es la única que se mantiene en pie entre los distintos lugares que Modotti habitó en México, país al que llegó hace 100 años.
La pareja de fotógrafos llamaba a esa casona El barco, por su forma de triángulo que termina en una punta aguda y del que el estudio era la proa, según describió Weston en su diario, recogido en The daybooks of Edward Weston, bajo edición de Nancy Newhall.
Su primera impresión era que la nueva casa era mucho más ruidosa en comparación con los demás lugares donde habían vivido, debido al paso continuo de los camiones, pero, a cambio, ganaron luz y aire.
En la azotea de Veracruz 42 Weston tomó la icónica fotografía de Modotti (1896-1942) tendida en el piso.
Una imagen que el propietario de la casa, el galerista Andrés Siegel, reprodujo en 6 por 4.5 metros para montarla en en el mismo sitio el 16 de agosto de 1996 con motivo del centenario de la fotógrafa. Hubo entonces pastel con una gran T y mariachi.
Sobre uno de los muros de la casa, hoy jueves, a las 17:00 horas, el embajador de Italia en México, Luigi de Chiara, colocará una placa conmemorativa del centenario de la llegada de Tina Modotti a México en 1922, país donde se hizo fotógrafa.
Aquí realizó el cuerpo fundamental de su obra entre 1923 y 1930, cuando fue expulsada del país por presuntamente participar en un complot para asesinar al presidente Pascual Ortiz Rubio.
“Aquí vivió la icónica fotógrafa italiana Tina Modotti. En el primer centenario de su llegada a México, país que fue su inspiración y refugio, la Embajada de Italia honra su legado con esta placa”, se leerá en la descripción.
No es con Weston en 1923 cuando Modotti llegó a México, como se ha creído, sino en 1922 –ataja en entrevista De Chiara–, cuando estaba casada con el artista Roubaix de l’Abrie Richey, conocido como Robo, quien promovía su obra en el país, pero que murió al contagiarse de viruela.
“Empieza el gran drama que ha caracterizado la vida de Tina: llega a México para encontrar a su esposo muerto y enterrarlo. Este primer impacto con México es suficiente para despertar su curiosidad y hacerla volver un año después con Weston”, expone el Embajador italiano, promotor de la iniciativa.
Al colocar la placa conmemorativa, su deseo es que Modotti “sea una memoria viva y reconocible”, y que el inmueble “se reconozca como parte de la historia de la fotografía mundial”.
Dueño del inmueble desde hace 30 años, Siegel supo de manera fortuita que en esa casa vivió Modotti al tener en sus manos el primer libro en español sobre la fotógrafa italiana, escrito por Antonio Saborit, Cartas a una mujer sin país.
A su puerta tocan con frecuencia personas interesadas en la figura de la artista italiana. La más notable de todas, quizá, la Premio Cervantes Elena Poniatowska, autora de la novela Tinísima, quien aprovechó la visita para fotografiar la casa.
Marcucetti Pascoli indaga su muerte
Justo donde termina Tinísima, con la muerte de Tina Modotti a bordo de un taxi en 1942 en la Ciudad de México, al parecer por un paro cardiaco, arranca ahora otra historia: Fuego que no muere, de Claudia Marcucetti Pascoli (Planeta), donde se entrelazan el thriller y una rigurosa investigación histórica.
El retrato de la azotea, con la italiana tendida sobre un petate, es un elemento clave de esta historia, pues despierta la obsesión de un joven aspirante a fotógrafo y aficionado al género negro, Armando Zárate, quien se empeña en despejar el misterio que rodea la muerte de la artista.
La novela arranca con el cuerpo de Modotti en la morgue para la primera de tres autopsias para esclarecer su fallecimiento.
“Siempre quise saber qué pasó después”, comenta en entrevista Marcucetti Pascoli, escritora italo-mexicana.
“Primero que nada, había mucha controversia alrededor de su muerte. Me puse en los zapatos de un jovencito que además está en la flor de su imaginación, quiere ser novelista, lee novela negra; todos esos ingredientes me permitieron construir un thriller que me permitió contar el resto de la historia de Tina”.
Incluso Poniatowska es personaje de la novela de Marcucetti, y escuchó en voz de la autora las partes donde aparece. Aunque le pidió presentar el libro, la Premio Cervantes rechazó la petición debido a los problemas de su ojo izquierdo, que le dificultan la lectura, y Fuego que no muere alcanza las 500 páginas.
“Por Tinísima me enamoré del personaje”, confiesa Marcucetti Pascoli.
El título de la novela fue tomado del último verso dedicado por el poeta Pablo Neruda a Modotti, leído en su funeral en el Panteón de Dolores.
El misterioso Vidali
Alrededor de la muerte de la fotógrafa Tina Modotti han cundido las sospechas tanto hacia el Partido Comunista como a Vittorio Vidali (1900-1983), su última pareja. Y por esa rendija es que Claudia Marcucetti Pascoli empezó a hilar la trama de Fuego que no muere.
Como le sugirió el historiador Hugh Thomas, su personaje no era Modotti sino Vidali, y a través suyo, podría contar la historia del comunismo en el siglo XX.
“La muerte de Tina es una excusa para poder hablar de él (Vidali) y llegar a entender hasta dónde era capaz de llegar para hacer qué. Es un personaje controversial”, asegura la autora. “Vidali era un político nato; Tina, no. Era una mujer extremadamente sensible al dolor, la injusticia y al arte, pero no tenía, como él, una mente política”.
Sobre Vidali pesaba una leyenda negra, y se le achacaban varios crímenes. Conocido en México como Comandante Carlos, enemistado con Diego Rivera y amigo íntimo de Siqueiros, fue diputado y senador por el Partido Comunista italiano y falleció en 1983, en su cama, rodeado de sus cuatro mujeres. Sobre él, el director Giampaolo Penco rodó el documental No soy el que era.
Marcucetti Pascoli pudo acceder a materiales inéditos proporcionados por la familia de Vidali en México, en particular su hijo, Carlos Vidali.
Fuego que no muere invita a seguir el rastro de este personaje a través del misterio de la muerte de Modotti.
Texto: Erika P. Bucio / Agencia Reforma


