
Texto y foto: EFE
Washington, DC, 29 de julio de 2018. La Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) celebra hoy su 60 aniversario, un hito que marca el momento en el que el Gobierno de Estados Unidos comenzó a mirar a las estrellas con tanta curiosidad científica como recelo militar.
Tal día como hoy, hace justo sesenta años, el entonces presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, firmó la legislación que dio origen a la emblemática agencia espacial, aunque su puesta en marcha no se produjo hasta el uno de octubre de ese mismo año.
Sin embargo, la historia de la NASA se remonta más de medio siglo atrás, en el albor de la aviación, cuando en 1915 Washington creó el Comité Asesor Nacional para la Aeronáutica (NACA), cuya misión principal era buscar soluciones prácticas a los retos que presentaban esos primeros vuelos.
“No se limitaba a estudiar vuelos en la atmósfera, por lo que con el paso del tiempo, sus ingenieros y científicos empezaron a estudiar cohetes y vuelos espaciales”, explicó a la agencia noticiosa Efe el historiador y asesor del Pentágono para asuntos aéreos y espaciales, Richard Hallion.
En 1926, el físico e inventor estadounidense Robert Goddard captó la atención del mundo entero al lanzar con éxito el primer cohete propulsado con fuel líquido.
Este hito supuso un logro científico de enorme valor, pero también una oportunidad militar evidente.
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Alemania dio un gran paso al frente al desarrollar misiles balísticos que podían viajar más de 300 kilómetros, con los que aterrorizó a los ciudadanos de Londres.
“Al final de la guerra, el desarrollo de cohetes se convirtió en un asunto de gran interés para Estados Unidos y la Unión Soviética”, apuntó Hallion, quien agregó que, en definitiva, “ese fue básicamente la génesis de lo que después se acabaría denominando la carrera espacial”.
Por aquel entonces, la investigación espacial tenía ya dos claras vertientes: Una militar, que aspiraba a desarrollar cohetes capaces de transportar una cabeza nuclear, y otra científica, que buscaba poner un satélite en órbita.
Nuevamente los estadounidenses volvieron a ir a remolque y tuvieron que observar cómo el 4 de octubre de 1957 eran los soviéticos los que coronaban el espacio con un satélite: el Sputnik 1.
Este nuevo desengaño llevó al Gobierno estadounidense a replantearse cuál debía ser el camino a seguir en la investigación espacial. El Congreso decidió entonces crear una nueva agencia que fusionaría la NACA y la Agencia de Misiles Balísticos del Ejército (ABMA).
“Fruto de este matrimonio nació lo que acabó convirtiéndose en la NASA”, dijo el historiador, quien añadió que, si bien es cierto que las Fuerzas Armadas mantuvieron “sus propios intereses en el espacio”, esta decisión permitió a la NASA “centrarse en los aspectos civiles y en la exploración”.
A partir de ese momento, los logros históricos de la agencia aeroespacial se empezaron a acumular, como la llegada del hombre a la Luna, el 20 de julio de 1969; aunque también ha sufrido reveses como la explosión del transbordador Challenger, en 1986, en la que fallecieron sus siete tripulantes.
Estos accidentes y el elevado coste de la carrera especial, llevaron a Washington en los últimos años a apostar por poner los pies en la tierra y mirar menos a las estrellas.
Sin embargo, la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump ha vuelto a poner la conquista del espacio en primera línea. Una conquista, que, eso sí, apunta a ser tanto científica como militar.
Su promesa de que Estados Unidos será el primer país en poner a un hombre en Marte parece a día de hoy más lejana que su compromiso de crear unas Fuerzas Espaciales, cuya misión será proteger los intereses patrios en la estratosfera.
“Para garantizar que nuestros militares están preparados para luchar y vencer en este disputado escenario, hemos trabajado con ahínco para aumentar nuestra letalidad y nuestra fuerza, y garantizar que mantenemos nuestro liderazgo y libertad de acción en el espacio”, aseguró a Efe el major de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos William Russell.
Lejos, por lo tanto, parecen quedar esos años dorados en los que las autoridades comenzaron a mirar a las estrellas con tanta curiosidad como aprensión.
“El espacio ya no puede ser considerado un entorno benigno”, sentenció Russell.
“Hacer posible lo imposible”: la agencia espacial NASA cumple 60 años
La llegada a la Luna se produjo pronto en la historia de la NASA. El 29 de julio de 1958 el entonces presidente Dwight D. Eisenhower firmó la ley “National Aeronautics and Space” con la que fundó la agencia, que pocas semanas después comenzó a funcionar. Actualmente la institución con sede en Washington y un presupuesto millonario tiene más de 17.000 trabajadores en todo el país.
Además de la llegada a la Luna, la NASA ya ha explorado con numerosas sondas el Sistema Solar, incluido nuestro planeta; ha oteado más allá de nuestro sistema con telescopios espaciales y ha construido junto a otros países la Estación Espacial Internacional (ISS).
Además, la NASA informa a los ciudadanos de todo el mundo sobre el espacio, ya sea con museos, clases magistrales o con una reconocida estrategia de difusión en Internet. La emisión en directo del final de la sonda “Cassini”, que se estrelló de forma controlada contra Saturno el pasado septiembre, ha sido incluso nominada a un Emmy, el premio más importante de la televisión estadounidense. Con motivo del 60 aniversario de la NASA están organizados numerosos eventos y celebraciones, según indicó la agencia.
“La NASA sigue siendo una agencia maravillosa con trabajadores maravillosos con capacidades maravillosas, pero ha perdido un poco de impulso y se ha alejado de su objetivo de hacer posible lo imposible”, dice el científico O’Meara. “En muchos aspectos esto no es culpa de la NASA, sino de que su presupuesto debe ser fijado año a año en el Congreso”.
Ello hace que a menudo tengan que decidir al respecto nuevos políticos y que nadie se comprometa a largo plazo. “Que aún no hayamos enviado a ninguna persona a Marte se debe a que es algo muy caro y que se tarda mucho tiempo. Nadie en política quiere apoyarlo porque es muy poco probable que ocurra dentro de su legislatura y que después se pueda colgar la medalla”.
La llegada al poder del presidente Donald Trump no ha cambiado demasiado en la NASA, a excepción de la investigación de la Tierra y el clima, muy fomentada por su antecesor Barack Obama. Por este asunto sí que hay que preocuparse, dice O’Meara. “Por lo demás tengo la sensación de que a Trump la NASA le da bastante igual”.
Al igual que antes, la agencia debe luchar por su presupuesto. Al menos el administrador de la NASA, Jim Bridenstine, nombrado por Trump y muy criticado por los demócratas por considerarlo inexperto, aún no ha hecho nada desastroso, apunta O’Meara. “Al principio era muy escéptico con Bridenstine, pero en el poco tiempo que lleva en el puesto lo ha hecho bastante bien”.
Hace ya casi 50 años de la llegada a la Luna, el mayor “momento clave” de la NASA, y la institución necesita urgentemente más momentos así’, asegura O’Meara. Para conseguirlos debe superar grandes retos.
En primer lugar se debe enviar urgentemente a astronautas al espacio a bordo de cohetes estadounidenses para acabar con la actual dependencia de las cápsulas rusas Soyuz. Aunque la NASA ya ha anunciado que lo hará, hasta ahora no ha ocurrido.
Además, la agencia espacial necesita una nueva misión emocionante, por ejemplo, enviar personas a Marte o a la luna de Júpiter Europa, comenta el experto. “Podemos conseguirlo si la NASA quisiera emprender ese camino, que es muy complicado”.
La NASA también está relativamente cerca de solucionar uno de los mayores misterios de la humanidad. “Está dentro de nuestras posibilidades, si la NASA quiere, descubrir definitivamente en los próximos 20 años si hay más vida en el Universo. Si la NASA afronta los complicados desafíos tecnológicos, podríamos aclararlo de una vez por todas”.


