
Ciudad de México, 10 de noviembre de 2017. La ceremonia es de protocolo estricto, tan fiel como es posible a su origen, en el medioevo tardío, en los albores de la Universidad en el mundo. Al término de las formalidades, no obstante, tan pronto puede, el escritor Leonardo Padura se enciende un cigarro en una esquina del Patio de la Autonomía del Palacio de Minería.
Lleva puestos todavía el birrete, la muceta y la toga que impone la tradición de siglos. Entre dos dedos de la mano izquierda, el recién investido doctor honoris causa de la UNAM trae consigo un pedacito de su Cuba natal: un cigarrillo marca Populares.
“Para una persona como yo, que no he hecho una carrera académica, que he hecho una carrera como escritor, fundamentalmente, aunque he escrito ensayos, en fin, es de muy especial significación, porque esto quiere decir que hay un grupo de personas que se han fijado en mi trabajo creativo y lo han considerado con suficiente valor como para recibir una distinción junto con estas otras 10 personalidades enormes”, reflexiona.
Recién se ha tomado la fotografía oficial, en la que se le ve sonriente, habanero, entre científicos y académicos como el neurofisiólogo Ranulfo Romo, la astrónoma Silvia Torres Castilleja y el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, condecorados como él con el más alto honor que ofrece la UNAM.
Su obra como novelista, periodista y guionista es amplia –con un pie siempre en La Habana–, pero Leonardo Padura sabe que en el mundo se le quiere, principalmente, por el detective Mario Conde, el ex policía melancólico que protagoniza una serie de ocho novelas negras.
“Novelas policiacas sociales con un alto vuelo estético”, como él las ha definido.
“Yo sé que Conde tiene muchos seguidores acá en México y eso me satisface muchísimo, porque dio sus primeros pasos, en letra impresa, justamente en este país”, recuerda, y suelta una bocanada de humo.
El vínculo de Padura con México, que su doctorado honoris causa acaba de sellar para siempre, comenzó con Pasado perfecto, la primera novela de Conde, publicada en 1991 por la Universidad de Guadalajara. Su primer premio internacional lo recibió también aquí, de la mexicana revista Plural.
“Y bueno, amistades, conocimientos, e historias que he desarrollado acá, (como) el exilio de Heredia, el exilio y la muerte de Trotsky, en fin”, celebra el autor.
Mientras atiende a la entrevista, una lectora lo espera con un ejemplar de La novela de mi vida en las manos, el libro donde Padura, precisamente, narra tramos de la historia del poeta romántico José María Heredia y su destierro a México.
Entre los 11 condecorados, Padura y el filólogo español Víctor García de la Concha, director honorario de la Real Academia Española (RAE), son los únicos que no son de México. Poco importa, sin embargo, como expuso el académico en el discurso que dio en nombre de ambos, porque aquí el español es la patria.
“Escribir en español, para una comunidad tan variada, como es la iberoamericana, desde España hasta países de África y Asia donde se habla español, y todos nosotros los iberoamericanos, es un privilegio, es un reto; es una lengua tremenda, una lengua que cuando crees que empiezas a entenderla, a dominarla, a poder trabajar con ella, siempre te sorprende y te da más posibilidades”, celebra.
Por ello, cuestionó qué tan válido es que en Estados Unidos, donde esta lengua es hablada en tres cuartas partes de su territorio, se le considere un idioma extranjero y se quieran levantar muros: “¿Cómo es posible levantar soberbios muros que nos separen de unas tierras cuya toponimia está marcada de modo indeleble con el sello y la sangre de lo hispano?”.
En el podio, García de la Concha y la historiadora Josefina Vázquez Vera, encargados de los discursos, invocaron valores universitarios como la búsqueda del conocimiento y la libertad de pensamiento. Se habló también de sus enemigos.
“En los tiempos que corren, la política norteamericana actual no es para nada la más deseable para Cuba y para México”, lamenta Padura. “En el caso cubano, en específico, se había logrado un momento de distensión que se ha perdido otra vez. Fue como si hubiéramos vivido con Obama un sueño y hubiéramos regresado a la pesadilla”.
Nada, sin embargo, desanima al escritor ahora mismo, cuando recibe, por fin, a su lectora paciente.
“Quiero decirle que éste es el primer libro que firmo como doctor honoris causa”, le sonríe, antes de ir a reunirse con sus nuevos colegas. En una esquina del Patio de la Autonomía queda, como recuerdo de Leonardo Padura, una colilla de cigarro marca Populares todavía humeante.
Reconocemos “el amor por la libertad”: Graue
En una sociedad global en la que permea la intolerancia y la incomprensión, las universidades son fuente de saber, difusoras de la cultura y defensoras irrestrictas de la libertad y la diversidad, afirmó el rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers, al presidir la entrega de doctorados honoris causa a 11 personalidades nacionales y del extranjero.
Las universidades tienen una larga tradición, un riquísimo presente y un futuro de posibilidades incalculables, dijo.
Y destacó que con símbolos como el honoris causa “reconocemos la importancia histórica de la excelencia académica, del respeto por el saber, de la difusión del conocimiento y del amor por la libertad”.
En el Palacio de Minería, afirmó que el acto rebasa los muros de una universidad: se trata de un aliento de esperanza al reconocer el estudio, la búsqueda incesante de la verdad, la defensa de la libertad y la diversidad como valores que deben regir cualquier sociedad.
Por sus méritos excepcionales en áreas como pedagogía, artes, letras y ciencias, el máximo reconocimiento que otorga la UNAM fue entregado este jueves a: María Francisca Atlántida Coll Oliva, María de las Mercedes Guadalupe de la Garza y Camino, Luis Esteva Maraboto, Víctor García de la Concha, Enrique González Pedrero, Jaime Mario Labastida Ochoa, Eduardo Matos Moctezuma, Leonardo Padura Fuentes, Ranulfo Romo Trujillo, Silvia Torres Castilleja y Josefina Zoraida Vázquez y Vera.
En representación de los doctores honoris causa nacionales, Josefina Zoraida Vázquez y Vera sostuvo que hoy tenemos que combatir la frustración que sentimos y empeñarnos en poner orden en nuestra casa y en aspectos que requieren reforma y corrección.
“Tenemos que crear un ambiente de esperanza y confianza en nosotros mismos, y para ello es bueno recordar la hazaña de la Universidad, hoy presente en todo el territorio nacional”, sostuvo.
Nota: Francisco Morales V.-Reforma- Apro/ Foto: Reforma.


