
A cinco años del fallecimiento del artista, la muestra en el Centro Vlady reúne 35 pinturas de la colección Pago en Especie de la SHCP y un centenar de publicaciones editoriales. La exhibición explora el constante cruce creativo entre el diseño gráfico, la pintura y la edición que caracterizó su obra
Ciudad de México, 28 de mayo de 2026. Las tijeras de Vicente Rojo no sólo cortaban papel: abrían paso entre disciplinas. Con ellas recortaba, montaba y componía collages, portadas, libros y revistas, en un trabajo donde pintura, diseño y edición nunca estuvieron del todo separados.
A 5 años de la muerte del diseñador gráfico, pintor, escultor, editor y ceramista, el Centro Vlady revisa estos cruces en la exposición Pintar y diseñar el universo, curada por Fernando Gálvez, director del recinto.
Rojo estaba obsesionado con las tijeras, recuerda Gálvez: eran sus cómplices en el trabajo artesanal, junto con el papel y el lápiz, herramientas que prefería a la computadora.
Con ellas producía, entre muchas otras cosas, recortes de papel o de cartón para collages que integraba en sus obras, como la pieza que preside la exposición.
Se trata de un cuadro que remite a la Ciudad de México y a su retícula urbana e incluye trozos de papel corrugado y descartes de su trabajo como diseñador. Es la primera de las 35 pinturas distribuidas en tres salas del Centro Vlady, recinto de la Autónoma de la Ciudad de México (UACM) ubicado en Goya 63, Insurgentes Mixcoac.
Todas las piezas presentadas proceden de la colección Pago en Especie de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), programa que Rojo promovió y ayudó a consolidar.
“Pusimos este cuadro al inicio”, explica Gálvez, “para que vieran a lo largo de la exposición ciertos destellos o reflejos de este salto de una profesión a otra, porque siempre hubo en Rojo un trabajo paralelo. De hecho, él aprende pintura casi al mismo tiempo que empieza a ser diseñador”.
Gálvez, quien durante su juventud trabajó como reportero y entrevistó a Rojo en su estudio de Coyoacán, recuerda que el artista se desplazaba creativamente –y de manera física– entre diversas disciplinas.
“Tenía seis o siete caballetes alineados. En uno de ellos, por ejemplo, trabajaba un cuadro muy minucioso, con pinceles muy delgados, gises y lápices muy bien ordenados por gamas cromáticas. En otro trabajaba más la materia y enfrente, en un restirador, estaba trabajando una revista, un suplemento cultural o un libro.
“Había momentos en los que lo llamaba más el primer cuadro y, de pronto, cambiaba de ánimo y se ocupaba del matérico, o tenía que entregar la portada de un libro; entonces iba saltando en este espacio creativo”.
La vena rupturista de Rojo recorre la exposición, que se inaugura hoy y permanecerá abierta hasta agosto.
La muestra integra piezas de series como México bajo la lluvia, Volcanes, Pirámides y Negaciones, esta última iniciada como respuesta a la masacre de Tlatelolco y transformada después, entre otras cosas, en una exploración del vínculo con la tipografía, apunta el curador.
La exhibición permite un recorrido, también, por su afición a conos, puntos, círculos y triángulos –sus abstracciones– y por su experimentación con las texturas a partir, por ejemplo, de arenas.
“Es una gama de sugestiones plásticas mucho más amplia que la mera pintura sola. Por ejemplo, en una obra sobre el volcán en erupción usa materias mezcladas con pintura y un texturizado que le permite casi carbonizar el cuadro o darle inclusive una cercanía a los tonos de la piedra volcánica posteriores a la erupción”, apunta Gálvez.
Ese tránsito entre el cuadro y la página atraviesa también la faceta editorial de Rojo. La forma en que concebía las portadas y el diseño de libros y publicaciones en la legendaria Imprenta Madero, el Fondo de Cultura Económica, Joaquín Mortiz e instituciones como el INBA, hoy INBAL, o la UNAM estaba influida por sus resoluciones en el campo pictórico.
La exposición incluye alrededor de un centenar de libros, revistas y publicaciones diseñadas por Rojo, entre ellas Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, para Editorial Sudamericana.
También se exhiben piezas de Era, sello del cual fue socio y donde se publicaron, entre muchos otros libros, La noche de Tlatelolco, de Elena Poniatowska; Aura, de Carlos Fuentes, y libros de artista realizados con Octavio Paz.
Pero la muestra no se agota en el diseñador ni en el pintor. Gálvez define a Rojo como el “gran árbol de la cultura mexicana”, ligado a una generación que dominó intelectualmente a partir de la segunda mitad del siglo XX.
Yanireth Israde / Agencia Reforma


