
José Gómez Sandoval
POZOLE VERDE
Vuelve el único Pozole Verde que se lee los miércoles
Hace dos años, estimulado por la rememoración que escritores, investigadores, actores y músicos hacían de don Miguel de Cervantes Saavedra a 400 años de su muerte en el Festival Internacional Cervantino; decepcionado, a la vez, por las semblanzas idílicas de El Quijote que distribuyeron la prensa y la televisión, me dio por releer El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. La biografía de Cervantes de Jordi García me entrometió en los subibajas de la vida de don Miguel que, se dice, es muy parecida a la de España. Pero Cervantes no llegó solo. Entre los libros musgosos que no se llevaron los ciclones encontré jirones de la historia de la España renacentista, imperial y religiosa que le tocó a Cervantes Saavedra y a sus contemporáneos. La crisis renacentista es general y abarca a todos, pero pellizcando la historia social de la Península, intentaremos desembocar en su expresión literaria. Un estudio de José Pascual Buxó servirá para ilustrar cómo cambió el modelo del mundo en la pluma de poetas representativos del siglo XVII. Ruda y gustosa manera de reempezar esta columna. Atribúyaseme sólo el afán reconjuntador y divulgativo. En fila india, los subrayados de los libros de oro, como si fueran fichas de recuerdos escolares, sobre la página de este Pozole Verde, el único Pozole Verde que se lee los miércoles…
Síntesis de hitos, invenciones y desengaños
Una síntesis apretada y ligera arroja al Renacimiento como la época en que se redescubrió la cultura clásica. La revolución copernicana, que planteó la hipótesis heliocéntrica del universo, procreó una concepción antropocéntrica de la realidad. Otro hito histórico es el descubrimiento del “Nuevo Mundo”. Se inventa la imprenta, la brújula y la pólvora. Se cree que “el hombre es la medida de todas las cosas” y que, apoyado en la ciencia y la tecnología, podrá explotar racionalmente la naturaleza. Con la burguesía aparece el individualismo, y la “dignidad del hombre” se sacude el dogma religioso medieval, acepta el relativismo y se encamina hacia la secularización de la sociedad y la cultura.
Fuera de las iglesias, y aun en ellas, nace el intelectual humanista. Unas veces, desengañado del absolutismo imperial de Carlos V, al que sirvió, entró en rebeldía; otras se refugió en su torre de marfil. Al agudizar la división del trabajo, el sistema burgués volatiza las aspiraciones de totalidad cultural y de integración humana y fragmenta a los individuos en su relación con el mundo y con los individuos. Poetas y narradores exaltan la vida campirana como para desvirtuar la progresiva deshumanización de la vida humana.
La crisis imperial
En España –gobernada por los Reyes Católicos y tutelada por la Inquisición– la aristocracia conserva privilegios. La industria es escueta y con la plata que llega del Nuevo Mundo se financian guerras exteriores, se importan cereales y se pagan productos manufacturados en Italia y otros países. Se dice que los Reyes Católicos, considerados los “creadores del Estado moderno hispánico”, fueron simultáneamente los autores de su destrucción al desconfiar de la burguesía, expulsar a los judíos y menospreciar su industrialización…
Y es que “los judíos eran los doctores y cirujanos de España…”, explica Carlos Fuentes. “Los judíos eran los únicos recaudadores de impuestos y los principales contribuyentes del reino. Eran los banqueros, los comerciantes, los prestamistas, la cabeza de lanza de la naciente clase capitalista de España. Durante la Edad Media, habían sido los intermediarios entre los reinos cristianos y moros, los almojarifes o recaudadores de hacienda de los múltiples reinos cristianos que, incesantemente, repetían que sin su burocracia judía, sus finanzas se derrumbarían. Los judíos sirvieron de embajadores, funcionarios públicos y administradores del patrimonio real. De hecho, asumieron las obligaciones que la nobleza española siempre desdeñó, considerándolas indignas de su calidad de hidalgos”…
Para que no olvidemos que los musulmanes fueron “los grandes trabajadores manuales de España”, Fuentes recuerda que Américo Castro observó que la mayor parte de las palabras españolas relativas a los hechos de contar, medir, comer, irrigar y construir son de origen árabe. De ahí vienen: albañil, alcázar, alcoba, azotea. Y azúcar, arroz, naranjas, limones y alcachofas… El ¡Olé! de una corrida de toros proviene del ¡Wallah! árabe.
Erasmo y la Contrarreforma
En 1508 se crea la Universidad de Alcalá. Antonio de Nebrija (1441-1522) empieza a buscarle un orden a la lengua española. Carlos I es el nuevo rey de España y, enseguida, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. En 1520, Cortés encabeza la conquista de México, Magallanes y Elcano dan la primera vuelta al mundo y en Castilla revienta la violenta sublevación de las Comunidades “contra el cesarismo imperialista” que muchos califican como la “primera revolución moderna”…
El Estado es pobre y fiscal, y a los aspirantes sociales no les quedaba más que tres posibilidades de realización: Iglesia, mar o casa real, como sabían Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo. O se hacían curas, o se iban a buscar fortuna a “las Indias”, como intentó Mateo Alemán, autor de Guzmán de Alfarache, y el propio Miguel de Cervantes Saavedra, como muchos otros que hacían fila para adquirir un puesto en el aparato imperial.
Tras la traducción de Erasmo al castellano, en 1511, la doctrina erasmista enseñoreó ideológicamente la religión y la cultura española, con su versión de un imperio humanista, con su crítica social, política y religiosa, con su filantropía tolerante y racionalista y sus ensoñaciones de un Estado universal cristiano y al mismo tiempo laico. De combatir la poderosa influencia del erasmismo se encargaron los tradicionalistas y los católicos que se sentían amenazados por sus congéneres protestantes. Lo hicieron frontal y fieramente. La religión se exaltó bajo el precepto de que, con la limpieza de sangre, en el plano ideológico aseguraba la cohesión de la sociedad y de la nación.
La reacción se endurece con la fundación de la Compañía de Jesús (1534), el Concilio de Trento (1945) y la aparición del Índice de libros prohibidos (1551). En 1531, Carlos V conquista Perú y Túnez, pero años después, atrapado en sus empresas guerreras y en una economía inmanejable, cambiará a sus asesores erasmistas por un grupo de banqueros insaciables.
El oro de “las Indias” enriquece a los países de Europa, pero en la despoblada Castilla perdura el hambre. Se exacerba el rechazo a descendientes de moriscos, protestantes y judíos, apretando la urdimbre del orgullo casticista y ajustando en un término medio a teólogos, políticos y guerreros (recuérdese al cronista Bernal Díaz del Castillo afirmando que la conquista del Nuevo Mundo se hace “por servir a Dios y a su Majestad, por iluminar las tinieblas y también por haber riquezas”…
Las idealistas novelas de caballerías, y las escapistas novelas pastoriles, no dejan de estar de moda. El mundo de la picaresca aparece en 1554, con el Lazarillo de Tormes.
La vida del Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas y adversidades es la primera novela moderna escrita en español. La Inquisición prohibió su lectura en 1559. Su agresividad contra la sociedad, su sañuda revisión de los valores establecidos, sus irreverencias y su anticlericalismo han hecho suponer que su autor fue un individuo converso poderosamente contaminado de erasmismo.
Desde 1511, el erasmismo encabezó reuniones de religiosos y humanistas hasta que los grupos católicos y tradicionalistas los confrontaron con la fundación de la Compañía de Jesús (1534), el Concilio de Trento (1545) y el citado Índice de libros prohibidos. España está quebrada pero Carlos V no abandona sus empresas guerreras. En 1554, los banqueros le prestan el dinero que les pidió y por el cual deberá de pagar el cuarenta y tres por ciento de interés…
Poderoso caballero…
El dinero como fetiche corruptor (del Papa para abajo) ya se había encargado, en el penúltimo tramo de la Edad Media, Juan Ruiz, el arcipreste de Hita, en muchísimas estrofas del Libro de Buen Amor. En muchas “coplas” fustiga a los clérigos “dinereros” y en varias satiriza a los administradores de justicia y al otorgamiento, por dinero, de títulos de nobleza. “Traducidas” del castellano “medio tieso” y en proceso de sazón al que hablamos ahora, algunas dicen así:
Mucho hace el dinero, mucho es de amar: / al torpe hace bueno y hombre de respetar, / hace correr al cojo y al mudo hace hablar, / el que no tiene manos, dinero ha de tomar.
Sea un hombre necio y rudo labrador, / los dineros lo hacen hidalgo y sabedor, / cuanto más algo tiene, tanto es de más valor; / el que no tiene dinero no es de sí señor.
Si tuvieras dineros, tendrás consolación, / placer y alegría y del papa ración, / comprarás paraísos, ganarás salvación; / si son muchos dineros, es mucha bendición.
Yo vi allá en Roma, do es la santidad, / que todos al dinero demuestran humildad, / gran honra le hacían con gran solemnidad: / todos ante él se humillan como a la majestad.
Hace muchos priores, obispos y abades, / arzobispos, doctores, patriarcas, potestades, / a muchos clérigos necios dábales dignidades, / hace verdad mentiras y mentiras hace verdades.
Hace muchos clérigos y muchos ordenados, / muchos monjes y monjas religiosos sagrados: / el dinero los daba por bien examinados; / a los pobres decían que no eran letrados.
…
El dinero quebranta las cadenas dañosas, / tira cepos y grillos, prisiones peligrosas; / al que no da dinero, échale las esposas: / por todo el mundo hace cosas maravillosas.
…
Él hace caballeros de necios aldeanos, / condes y ricos hombres de algunos villanos; / con el dinero andan todos hombres lozanos, / cuantos son en el mundo les besan hoy las manos.
…
Yo vi a muchos monjes en sus predicaciones / denostar el dinero y a sus tentaciones; / en cabo, por dineros otorgan los perdones, / absuelven los ayunos y hacen oraciones.
…
Monjes, clérigos y fariles que aman a Dios servir, / si barruntan que el rico está para morir, / cuando oyen sus dineros, que empieza a reteñir, / cuál se lo llevará, y comienzan a reñir.
En fin,
El dinero es alcalde y juez muy loado, / éste es consejero y sutil abogado, / alguacil y merino, bien ardid, esforzado: / de todos los oficios es muy apoderado.
…
En suma te lo digo, tómalo tú mejor: / el dinero, del mundo es gran agitador, / señor hace del siervo y del siervo señor; / toda cosa del siglo se hace por su amor.
Hasta el próximo miércoles de Pozole.

